Antonio Regalado

Pie de foto: En el Panteón de Hombres Ilustres sobra espacio para que descansen en paz los restos de Francisco Franco. 

Lo ha dicho el presidente del Gobierno, minutos antes de irse de vacaciones. “Si hemos esperado 40 años podemos esperar unos días o unas semanas más, pero la decisión política está tomada”. Se refería a exhumar los restos de Francisco Franco del Valle de los Caídos, antes que dinamiten la basílica y la cruz.  El Real Decreto está preparado y, presumiblemente, se apruebe a finales de mes. 

El país soporta temperaturas extremas –e incendios provocados, como siempre; las invasiones masivas de inmigrantes llegan por el Estrecho agrediendo con cal viva a las Fuerza de Seguridad de Estado, los golpistas catalanes siguen adelante con la secesión y este hombre providencial (don Pedro Sánchez Pérez-Castejón) nos transporta a los ideales de la Revolución Francesa (igualdad, solidaridad y  fraternidad)  porque, en su opinión, la moción de censura es “un cambio de época” (feminista, ecologista, progresista y europeísta) que refleja como nunca a toda la sociedad española. Es lo que llama la Agenda del Cambio Transformadora.  ¿Y qué hay detrás? Nada. Absolutamente nada. 

Es decir, que sus 84 diputados, con los de Podemos y sus Mareas, los separatistas de ERC y PdCat, y los del PNV, van a escribir el futuro y a reescribir el pasado. Terminarán decretando que ganaron la Guerra Civil. Las causas presidenciales son puro marketing, regado con dinero público para los amigos. Eso sí, se agotará la Legislatura porque hay margen para dialogar en todas direcciones. Es mentira, pero si cuela, cuela.  

Resulta escandaloso cuando menos que, tras dos meses en La Moncloa, se tome unas vacaciones de tres semanas, sin Reformar el Estatuto de los Trabajadores. A costa del contribuyente, naturalmente, porque entre todos “tocamos a poco”.

Un digno lugar

Escuchando al presidente Sánchez parece que lo más urgente para su Gobierno (y para España) es desenterrar los restos del general Franco. Dado que la familia se opone, que el Ayuntamiento de El Ferrol quiere dinamitar el panteón familiar, que dos centenares de militares retirados han pedido públicamente que se  trate con respeto al hombre que condujo los destinos de nuestro país durante cuatro décadas y con la decisión irreversible ya tomada,  sugiero que sus restos descansen en el Panteón de Hombres Ilustres de Madrid donde se encuentran personajes como don José Canalejas, don Manuel Gutiérrez de la Concha, marqués del Duero, don Práxedes Mateo Sagasta, don Eduardo Dato, don Antonio de los Ríos Rosas y don Antonio Cánovas del Castillo.

Nadie puede argumentar que no hay espacio suficiente porque el ala sur está tapiada, vacía y abandonada. Ni hay por qué condenarlo a compartir el Mausoleo Conjunto, trasladado al jardín desde 1912, donde se encuentran los sarcófagos de Juan Alvárez MendizábalAgustín de Argüelles, José María CalatravaDiego Muñoz-TorreroFrancisco Martínez de la Rosa Salustiano Olózoga

Olvidar a sus hijos

A pesar de haber protagonizado algunas de las mejores páginas de la Historia, España siempre ha sido poco generosa con sus hombres ilustres. Inglaterra y Francia han tratado con honores y distinciones a sus políticos, generales o ciudadanos que dieron lo mejor de sus vidas por sus imperios.  Panteón es una palabra griega que significa (“dioses”). El de Paris es el más famoso, pero Londres ha dado cobijo eterno en las mejores catedrales a sus hijos predilectos. 

El 6 de noviembre de l837 las Cortes Generales votaron el proyecto para convertir la Iglesia de San Francisco el Grande en Panteón Nacional de Políticos ilustres. Se reservaba la elección a la Academia de la Historia con la única condición de que hubieran pasado cincuenta años desde su fallecimiento. No sería hasta 1869 cuando se nombró una comisión integrada, entre otros, por SilvelaRuiz AguileraEstanislao FiguerasFermín Caballero y Hartzembusch. En aquel entonces ya se dieron por perdidos, los restos de CervantesLope de VegaLuis VivesAntonio PérezJuan de HerreraVelázquez, Guzmán el BuenoDon Pelayoel CidMurilloJuan de JuanesJovellanos, los condes de Campomanes, y Floridablanca y los de Francisco de Goya y Lucientes

El 20 de junio de ese mismo año, se inauguró el Panteón en una capilla de la Iglesia de San Francisco el Grande. Los restos que acogió este santuario fueron los de los poetas, Juan de MenaGarcilaso de la Vega y Alonso de Ercilla; el militar Francisco Gravina (Trafalgar), el humanista Ambrosio de Morales; los escritores Francisco de Quevedo, y Pedro Calderón de la Barca; el político Zenón de Somedevilla (marqués de la Ensenada) y los arquitectos Ventura Rodriguez y Juan de Villanueva. Años después, los restos fueron devueltos a sus lugares de origen. España y el olvido. Siempre el olvido. 

Nuevo proyecto

En 1891, a iniciativa de la reina regente María Cristina, viuda de Alfonso XII, se comenzó a construir el nuevo Panteón junto al convento de Nuestra Señora de Atocha, donde estaban enterrados José de PalafoxFrancisco Castaños y Juan Prim. El concurso público convocado el año antes fue ganado por el arquitecto Fernando Arbox y Tremanti, Se trata de un edificio de estilo neobizantino enclavado en el distrito de Retiro-Pacífico entre las calles Julián Gayarre y el Paseo de la Reina Cristina, próximo a la Estación de Atocha. Está catalogado como Bien de Interés Cultural. Tras varias paralizaciones por problemas presupuestarios, en 1901 se trasladaron al Panteón los restos de Palafox, Castaños, Concha, Prim y Ríos Rosas. En 1958, los restos del general Palafox, capitán general durante el sitio de Zaragoza y héroe de la Guerra de la Independencia fueron trasladados a la Basílica del Pilar y los del general Castaños –héroe de Bailén-, a la iglesia parroquial de la Encarnación en esa ciudad jienense. En los años posteriores, recibieron sepultura los actuales moradores. 

A finales de los años ochenta, Patrimonio Nacional abrió las puertas al público y en 2003, ya en este siglo se restauraron los mosaicos interiores. 

La soledad del mármol

Siguiendo las huellas de don José Canalejas, me acerqué hace unos días hasta el Panteón de Hombres Ilustres, para ver cómo descansaba un hombre tan excepcional y por el que siento especial admiración. La obra de Mariano Benlliure, como las de Sagasta y Dato, también del mismo escultor, confirma que los inmortales también se sienten solos –tremendamente solos-, en un lugar tan amplio y tan inmensamente vacío y desangelado. 

Un amable conserje y la señora que cuida diligentemente del jardín interior, eran los únicos acompañantes. Durante el recorrido, de una media hora, fui el único visitante. A la salida vi entrar a otras dos personas. A la entrada constaté la presencia de dos damas otoñales. 

Le pregunto al empleado cuántas personas visitan diariamente (de martes a domingo) en el Panteón a estos doce españoles ilustres… Solo sonríe. –“Ya lo ve usted”, me dice con resignación. Calculo que no más de veinte al día, quizás unos 200 a la semana. Y con entrada libre y gratuita.

Impresiona ver los monumentos funerarios de unos personajes que alumbraron nuestra historia y que hoy, prácticamente, viven entre la indiferencia y el olvido. Resulta curioso que tres de los ilustres huéspedes (Cánovas Canalejas y Dato) perdieran la vida asesinados vilmente. Tres magnicidios como los de Prim o Carrero Blanco. Canalejas, curiosamente, el presidente del Consejo de Ministros que más política reformista llevó a cabo durante sus 30 meses de gobierno, era partidario de abolir la pena de muerte. 

Una propuesta indecente

Escribo esta crónica de urgencia desde la distancia que me produce haber llegado a los 70, sin haber cantado jamás el “Cara al Sol” ni “Montañas Nevadas”, con el orgullo de haberme formado en un Colegio de Trinitarios gracias a las becas del PIO y de haber pagado mis estudios universitarios trabajado y estudiando a la vez. Al cabo–como escribió el poeta Antonio Machadonada os debo; / me debéis cuanto escribo/ a mi trabajo acudo/ con mi dinero pago el traje que me cubre y la mansión que habito/ el pan que me alimenta y el lecho en donde yago/.  

Hace unas semanas lancé la propuesta a través de Facebook. El Panteón de Hambres Ilustres podría ser un buen lugar para que descansara el dictador Franco, como le denomina la izquierda. Podría ser la última morada de muchos otros ilustres españoles. Empezando por don Antonio Machado. La propuesta, calificada de indecente por esos republicanos que apoyan incondicionalmente los regímenes dictatoriales de Irán, Cuba, Venezuela y Nicaragua, obtuvo más rechazo que adhesiones. Es cierto. Pero yo creo que es una buena idea para que se entierre de una vez y para siempre el odio de una guerra civil que sucedió hace miles de años.

Sugiero, además, que no haya un monumento en mármol blanco ni suscripción popular, sino la propia losa negra de 1500 kilos que hoy lo cobija y lo cubre en el Valle de los Caídos. Sería una forma de rehabilitar un Panteón que está muerto y huérfano de cariño. Leemos en Lucas 9.60 lo que dijo Jesús“Dejad que los muertos entierren a sus muertos”. HágaseTras visitar el Panteón, nos preguntamos con Gustavo Adolfo Becker ¿Vuelve el polvo al polvo?, ¡Dios mío, qué solos se quedan los muertos!