Pedro Canales

Siempre queda ese interrogante por resolver en cualquier catástrofe que se lleva por delante vidas humanas, deja familias destrozadas y convulsiona la sociedad. Las víctimas se lo plantean en el fondo de ellas mismas, pero nadie dará respuestas convincentes. El dolor sólo se mitigará con el tiempo. Pero, ¿se pudo evitar?

La colaboración de los servicios secretos marroquíes – también los argelinos, todo hay que decirlo – ha sido ejemplar en estos dos últimos años, con los países europeos. Bélgica, Francia, Italia, España, han recibido numerosos informes de los espías marroquíes sobre las células terroristas implantadas en estos países, y “listas para actuar”. Las autoridades de Bruselas, Paris, Roma y Madrid, han podido desarticular numerosos grupos, y lo han agradecido públicamente. Sólo agentes infiltrados, muy bien preparados y corriendo grandes riesgos, pueden entrar en esas redes yihadistas y detectar los peligros inminentes.

Pero para ello, los gobiernos europeos, deben dar su placet. Algo que no está escrito, ni forma parte de convenios firmados, pero que existe en la práctica de las relaciones entre los servicios antiterroristas. Bruselas, Paris, Madrid saben que los espías marroquíes actúan en sus territorios para identificar a los presuntos terroristas.

La cuestión que algunos comienzan a plantearse es la siguiente: las autoridades de la Generalitat catalana, ¿han colaborado lealmente con los servicios antiterroristas marroquíes? ¿O les han ninguneado, diciendo que lo que los marroquíes quieren es sólo identificar a los opositores, a los rifeños rebeldes, a los islamistas políticos?

Esta duda aumenta al saber que uno de los principales sospechosos de la masacre de Las Ramblas, Driss Oukabir, llamaba diez días antes “a tomar las armas” a los manifestantes rifeños, según constaba en su cuenta Facebook antes de ser bloqueada el mismo día en que apareció su foto como “sospechoso terrorista buscado”.

Rabat ha mostrado su descontento ante las autoridades de la Generalitat – la suspensión del viaje del presidente Puigdemont a Marruecos, es una prueba -, por el apoyo explícito y público que los sectores más radicales del independentismo catalán, Esquerra Republicana y la CUP, dan a los independentistas rifeños, a los independentistas saharauis y a los supuestos opositores políticos islamistas.

El tal Driss Oukabir estaba en el punto de mira de la seguridad marroquí, al menos desde principios de agosto, aunque posiblemente mucho antes. La Generalitat ¿ha facilitado la tarea de los servicios marroquíes o les ha puesto trabas? ¿Rabat intentó informar de sus pesquisas en los medios radicales marroquíes en Cataluña? Si así fuera, ¿le hicieron caso?

Las víctimas y sus familiares tienen derecho a saber qué pasó. Y las Autoridades tienen la obligación de explicarlo.