Javier Fernández Arribas

El 11 de septiembre de 2001 cambió el mundo por los atentados perpetrados por los terroristas de Al Qaeda en Estados Unidos. Las Torres Gemelas, el Pentágono y el avión estrellado en Pensilvania fueron los escenarios donde más de 3.000 personas fueron asesinadas por un terrorismo fanático que perseguía desestabilizar a Occidente para hacerse con el poder en algunos de los países del Golfo Pérsico, la joya ambicionada era Arabia Saudí, patria del líder terrorista Osama Bin Laden, o países como Egipto, origen del número 2 entonces y actual líder, el doctor Ayman Al Zawahiri e incluso Túnez o Marruecos.

En Argelia no fueron capaces y en Irak o Siria lo han intentado, pero se han encontrado con otra organización más terrorista todavía como es el Daesh que tuvo durante un par de años el control de su pretendido Califato en zonas importantes como Mosul o Raqa. Afortunadamente, se reconquistó ese terreno, se liberó a millones de personas explotadas a impuestos y asesinadas por no obedecer y se intenta restablecer un cierto orden y convivencia donde al calvario terrorista se pueda superar y donde el enfrentamiento entra chiíes y sunníes no condene a nuevos sufrimientos a la población civil que intenta reconstruir sus vidas, sus familias, sus pueblos y su país.

Ahora, buena parte de la amenaza terrorista radica en países con estados fallidos como Libia y en la región del Sahel, desde Mauritania a Somalia, pasando por Malí, Chad, Níger o Burkina Faso, sin olvidar la captación de jóvenes saharauis en los campos de Tinduf por la falta de horizontes, futuro y esperanza de lograr una vida digna por el eterno conflicto del Sáhara Occidental entre Marruecos y Argelia. La lucha contra el terrorismo continúa y no se puede bajar la guardia como se demuestra en Europa, pero, sobre todo, en países árabes y musulmanes que sufren diariamente el azote del terrorismo. Ciudades como Kabul, Bagdad, Mogadiscio, etc... sufren constantemente atentados que siegan la vida de centenares de personas sin que sea primera página en Occidente.

Con este panorama, la nueva guerra fría entre Occidente y Rusia, con China a la expectativa, complica y mucho la escena internacional con un agravante muy preocupante como es la guerra comercial iniciada por los planteamientos proteccionistas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. La respuesta rusa es hacer un alarde más de fuerza militar con unas maniobras espectaculares por el número de soldados y los nuevos sistemas de armas.