Javier Fernández Arribas

Estas líneas son las que nunca quieres escribir. La cruda realidad se te echa encima y, sin tiempo para reaccionar, comentas lo que hubiera sido justo y necesario hacerlo en vida del protagonista. Paco Soto, periodista, escritor y mejor persona y amigo, nos ha dejado anoche después de luchar con todas sus fuerzas contra un cáncer. Sus últimas palabras a través del móvil hace pocos días resuenan en mis tímpanos: “me llevan de Petrer a Alicante, pero no me voy a morir”. “Pues claro, porque yo no te voy a dejar y tienes muchas cosas que contar todavía”, le contesté. No se cumplió mi deseo, aunque lo expresé con toda la fuerza de mi corazón, alarmado por su voz cortada, exhausta, y con todo el ánimo del que era capaz de transmitirle a través del móvil. 

Paco Soto era el alma de www.atalayar.com. Sus crónicas transmitían la realidad de la situación en los países del norte de África, sobre todo de Marruecos donde vivió varios años. Con rigor, con argumentos, con datos contrastados, con conocimiento profundo y con una contextualización pedagógica, sus trabajos son una referencia para quienes quieren estar bien informados de la actualidad de una zona estratégica para todos los españoles. No regalaba, ni malgastaba adjetivo alguno, pero era valiente a la hora de presentar las claves de los acontecimientos al conocer sus antecedentes y poder presentar sus posibles consecuencias. 

Además, Paco Soto era una gran persona, un buen amigo, un crítico leal y una referencia ineludible cuando necesitabas formar una buena opinión sobre algunos de los temas candentes. En la COPE, en COLPISA, en ATALAYAR, trabajar con Paco era una experiencia profesional diaria por su exigencia y esfuerzo, con la satisfacción de contar bien las cosas, sin estridencias ni amarillismo, sin falsas apariencias ni componendas, con un claro espíritu de servir a los lectores, por encima de otros intereses. 

El trabajo de Paco era el mejor valorado, el más demandado, el más leído en un mundo donde no es fácil el reconocimiento profesional. Se adentró en el proceloso mundo de la novela y llegó a ser finalista del premio Atlantis. Y se atrevió con libros periodísticos sobre temas de calado en la región del Magreb.

Llevábamos muchos meses trabajando para relanzar ATALAYAR, era su sueño y el mío. Conseguir poner en valor una información, una comunicación sobre España y sus relaciones exteriores, sobre la vida en países mediterráneos y atlánticos, en los países árabes y africanos, en todo un entorno global que afecta cada día más a nuestros destinos. 

Me siento huérfano, con un vacío abismal, con un vértigo difícil de combatir, pero con un reto aún mayor: hacer realidad el sueño de Paco para honrar su memoria, sus esfuerzos titánicos ante la adversidad, su profesionalidad ampliamente demostrada. Seguro que Paco seguirá apoyando, animando, criticando y escribiendo allá donde se encuentre.