ethic.es/Federico Buyolo, director general del Alto Comisionado para la Agenda 2030.

Necesitamos una sociedad comprometida que, desde los valores del humanismo, avance y lidere los cambios necesarios para hacer de nuestro mundo un lugar sostenible.

Pie de foto: Agenda 2030: un contrato social global. 

En muchas ocasiones, me pregunto si estamos viviendo la última oportunidad de cambiar el mundo en que vivimos, o simplemente, transitamos a otro estadio que nos llevará a la insostenibilidad de nuestro modelo de vida humana. Sin embargo, me cuesta pensar que seamos tan estúpidos, para no darnos cuenta de que estamos viviendo uno de los momentos más apasionantes de la época moderna.

La globalización ha incrementado las desigualdades no solo entre los países sino, además, entre las personas. Hoy la desigualdad, además de territorial, es social, económica e incluso generacional. Me cuesta aceptar que nuestros hijos e hijas piensen que van a vivir, no solo peor que nosotros, sino incluso peor que sus abuelos.

El mundo global, hiperconectado y en marcha 24 horas al día y 365 días al año, donde el cambio se configura como la única constante que vamos a vivir, nos obliga a adaptarnos permanentemente a una realidad en movimiento que en muchas ocasiones va en dirección contraria a los deseos de las personas. Pero no podemos renunciar tan fácilmente a ser los dueños de nuestro presente. Queremos liderar la construcción de un futuro prometedor. Somos parte del problema, pero sin duda alguna, el todo de la solución.

Las personas configuramos el entramado social donde se desarrollan las innovaciones que han de propiciar la mejora de nuestra calidad de vida. Una sociedad comprometida quedesde los valores del humanismo, avance y lidere los cambios necesarios para hacer de nuestro mundo un lugar sostenible, de nuestra economía un instrumento para el progreso inclusivo y de nuestra sociedad un espacio de convivencia donde nadie quede atrás.

Convivir es mucho más que compartir un espacio o un momento temporal. Es, ante todo, construir un presente de prosperidad desde el diálogo y el consenso. Establecer una alianza de ganancias compartidas gracias a la creación de nuevos espacios donde avancemos todos gracias a la solidaridad. Nuestro compromiso ético con el desarrollo colectivo constituye la base de una sociedad inclusiva basada en los valores humanistas de la solidaridad y la igualdad de oportunidades.

Hoy no podemos aducir que no sabemos qué pasará en el futuro. Ni tan siquiera podemos negar que nuestra actuación egoísta está acabando con el planeta y con su sostenibilidad. A nadie se le escapa que necesitamos establecer un marco de referencia que establezca las nuevas normas del sistema multilateral. La globalización ha ampliado la brecha en el acceso a los bienes públicos globales, donde la ciudadanía todavía no ha encontrado su espacio en la mundialización de las relaciones económicas y geopolíticas. Necesitamos establecer un nuevo lenguaje universal a través del que las personas conecte sus aspiraciones, dudas y retos.

Al igual que tras la II Guerra Mundial el contrato social llevó al mayor avance de la libertades, derechos y deberes, ahora es el momento de convertir la Agenda 2030 no solo en la contemporización de los valores de la Ilustración sino, además, en nuestro nuevo contrato social global que ponga a las personas y el planeta en el centro de las decisiones.

Los 17 objetivos y las 169 metas de esa Agenda 2030 son más que un compendio de buenas ideas o logros a alcanzar: suponen la consecución de los valores de una ciudadanía global que fija los derechos humanos como universales. Un nuevo contrato social global que establece la certidumbre en un mundo en permanente cambio, y donde el avance de este solo será posible a través de una ciudadanía comprometida desde lo individual a lo colectivo en un desarrollo sostenible, económico, social y medioambiental. Tenemos el conocimiento, los recursos y la voluntad de liderar un futuro distinto desde un presente inclusivo hacia un humanismo global.