Javier Fernández Arribas

Pie de foto: Imagen del emir de Qatar,  Hamad Ben Jalifa Al Thani

El estupor y la sorpresa que produjo en los qataríes el anuncio de la ruptura de relaciones realizado por varios países árabes: Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Yemen y Egipto se ha convertido al día siguiente en preocupación y ansiedad por su abastecimiento. Miles de personas han acaparado en las tiendas alimentos y medicinas ante el temor de quedarse sin provisiones por el cierre decretado por sus países vecinos, de los que depende la mayoría de los productos que necesitan para su consumo. Mientras tanto, las autoridades de Qatar califican como calumnias las acusaciones que les relacionan con el terrorismo para justificar una decisión tan tajante y drástica, sin avisar y sin dar oportunidad de refutar las causas.

El embajador de Qatar en España, Mohamed Al Kuwari, explica que es absurdo afirmar que Qatar respalda al terrorismo porque “los aviones que atacan al Daesh desde el primer momento en que la coalición internacional se puso en marcha contra ellos, salen de la gran base aérea que tiene Estados Unidos en su suelo”. El representante diplomático qatarí explica que coinciden en un 80% en los planteamientos de Arabia Saudí sobre los problemas de la región, pero reivindica un margen de soberanía para tener una posición propia que puede diferir en alguno de los temas candentes como es la relación con Irán. Los intereses de este pequeño, pero activo y muy productivo país del Golfo, pasan por mantener el diálogo en las relaciones con el régimen de los ayatolas.

Sobre el papel de los Estados Unidos, hay versiones diferentes entre lo expresado en twitter por el presidente Donald Trump que afirma que los países árabes apuntaban a Qatar como responsable de financiar grupos terroristas, y lo expresado por un comunicado del Pentágono que agradece a Qatar el apoyo que presta a la presencia militar estadounidense y su compromiso duradero con la seguridad regional. Hay que recordar que la base aérea de Al Udeid, al suroeste de Doha, en la mayor de Estados Unidos en Oriente Próximo. Incluso, hay informaciones que apuntan a que buena parte de su financiación corre a cargo de los propios qataríes. En el texto, los norteamericanos animan a sus socios en la región a buscar soluciones comunes que contribuyan a la seguridad regional. Las gestiones que realiza el emir de Kuwait entre saudíes y qataríes pueden dar sus frutos como ocurrió en 2014. Mientras tanto, Qatar rechaza las acusaciones de sus vecinos.