Anwar Zibaoui

Ahora Sudán necesita extraer lecciones de los sucesivos golpes y revueltas: es importante escuchar a la gente, fortalecer las instituciones, y que los partidos, los sindicatos y los militares aprendan las lecciones del pasado.

"Nunca esperé que mi imagen se extendiera tanto, pero me alegra que el mundo haya podido ver que hay una revolución en Sudán". Así se expresa la joven Alaa Saleh, estudiante de ingeniería, que personifica el espíritu de la revuelta liderada por los jóvenes y las mujeres y que provocaron la caída del general. 

Desde su independencia, Sudán ha perdido 63 años con regímenes militaresdos guerras civiles, diferentes intentos de autonomía y graves conflictos étnicos, religiosos y económicos. Además, el régimen de El-Bashir ha desperdiciado tres décadas, y se mantuvo en el poder a pesar de Darfur, de las acusaciones de genocidio y crímenes contra la humanidad, de las acusaciones de colaborar con el terrorismo y la galopante corrupción.

Esta situación y la persistencia de la crisis económica, el deterioro de las condiciones de vida, y la propagación de la corrupción, la impunidad y los privilegios, convencieron a la población de rebelarse porque no había esperanza de reforma, por falta de voluntad del poder. 

Ahora, Sudán necesita extraer lecciones de los sucesivos golpes y revueltas. Es importante escuchar a la gente, fortalecer las instituciones, y que los partidos, los sindicatos y los militares aprendan las lecciones del pasado. Sudán necesita una estabilidad refrendada por la voluntad de sus ciudadanos y un gobierno que busque compensar lo que se ha perdido, un gobierno que se preocupe por los problemas de la pobreza, el desempleo y la educación.

Los acontecimientos en Sudán desde el derrocamiento del Al-Bashir y la asunción del poder por parte de un Consejo militar, contrastan con lo que ha pasado en algunos países de la primavera árabe debido a la ausencia de organizaciones civiles con capacidad de compensar el vacío que dejan los dictadores.

Sueños y esperanza

El Consejo militar tiene el apoyo de los principales países de la región pero debe evitar perder la confianza de los sudaneses, que mantienen la sentada ante el cuartel general del ejército hasta conseguir reducir los tiempos de transición para elegir un Parlamento, reestructurar el Tribunal Constitucional y entregar el poder al nuevo Gobierno elegido. El movimiento popular que participó en las protestas es amplio, variado pero con un objetivo común, aunque difieren en la estrategia del día siguiente.

El camino hacia la libertad no va a ser fácil. Choca con las tradiciones de los gobiernos autoritarios y el radicalismo que intentan permanecer a cualquier precio. Pero una nueva generación, con un rol principal de mujeres que quieren asumir su propio destino. El gran error sería devolver a Sudán a la pesadilla de la tiranía después del sueño de la revolución. Urge ayudar a Sudán para deshacerse de la herencia del pasado y la confusión del presente para construir un futuro mejor. A pesar de la deriva de la primera ola de revoluciones de la primavera árabe, las movilizaciones en Argelia y Sudán están abriendo una nueva etapa y restaurando la esperanza de un cambio democrático.