Antonio Regalado

El presidente de la República Francesa, Enmanuel Macron, es el principal impulsor de la reconstrucción y ha asegurado que en cinco años podrá admirarse de nuevo en toda su grandeza

Hay días en que el silencio es más elocuente que todas las palabras. Ver en directo la quema de la catedral de Notre-Dame, sin poder hacer nada desde la distancia, crea una angustia y una impotencia que producen un dolor infinito. No hace falta ser católico o ateo para comprender que este fuego eterno nos condena a todos por igual. Aunque a los creyentes nos quede siempre un halo de esperanza.

Esta iglesia catedral es la historia viva de Francia y de Europa. La gran nación francesa, como todo occidente, debe mucho al cristianismo. Y ha reaccionado solidariamente como si la casa de cada francés fuera devorada por las llamas. La iglesia de Nuestra Señora, más allá del laicismo oficial, es la casa de todos.

La historia de Francia

Toda la agonía de este santuario inundó las redes sociales. El mundo entero ardía desde París. La tele permite ser testigo de este pavoroso suceso. Construida entre 1163 y 1245 en la Isla de la Ciudad, la catedral de Notre-Dame es una de las catedrales góticas más antiguas del mundo. El nombre de la catedral está dedicado a la Virgen María. En su interior hay paz y belleza a raudales.

En sus ocho siglos largos de historia, la catedral de Notre-Dame ha sido reformada en varias ocasiones, sufrió un incendio provocado a mediados del siglo XIX. A lo largo de estos años se sustituyeron los arbotantes, se insertó el rosetón sur, se reformaron las capillas y se añadieron estatuas. En Notre-Dame, leo con urgencia en Internet, se han celebrado importantes acontecimientos, entre los que cabría destacar la coronación de Napoleón Bonaparte, la beatificación de Juana de Arco y la coronación de Enrique VI de Inglaterra.

387 escalones

Notre Dame tiene dos torres de 69 metros en su fachada. Accediendo a la parte superior de las mismas, además de apreciar las fantásticas vistas, se podía visitar hasta ayer, el campanario en el que vivió el mítico Jorobado de Notre-Dame, inmortalizado por Víctor Hugo, y ver de cerca las múltiples gárgolas. Para visitar las torres se accedía a través de la entrada del lateral izquierdo de la catedral y había que subir 387 escalones a pie, ya que Notre-Dame no dispone de ascensor.

Costará cinco años al menos ha dicho el presidente Enmanuel Macron para la rehabilitación y “para verla aún más bella”. Los expertos han decidido esperar a que se enfríe el edificio y comprobar que la estructura no ha sufrido daños antes de comenzar la reconstrucción, con materiales metálicos, ligeros y resistentes como el titanio, que reemplacen a la madera. Por eso ha ardido como una tea.

El llamamiento a la colecta mundial para rescatarla de las cenizas, ha comenzado por los propios franceses. Quince horas después de extinguirse las llamas, ya se han recibido más de 600 millones de euros de seis familias acaudaladas. Admirable. La solidaridad internacional - es monumento es Patrimonio de la Humanidad- no faltará porque este monumento es una herencia de todos los europeos y el lugar más visitado por los turistas que arriban a Paris. Doce millones de visitas recibió en 2018.

Situada en el subsuelo de la plaza de Notre Dame, la cripta contiene las ruinas descubiertas durante las excavaciones de 1965. Falta un inventario de urgencia para conocer qué se ha salvado de este infierno y que se ha recuperado para la posteridad. Hay que pensar en positivo.

El gallo cantó

La aguja de la catedral de Notre Dame, que quedó destruida por el fuego en la tarde-noche del 14 al 15 abril, estaba coronada por la figura de un célebre gallo en cuyo interior se guardaban tres reliquias. Se trata de una espina de la corona de Cristo y sendas reliquias de san Dionisio y santa Genoveva. Se han perdido para siempre.

Tras perderse en medio del incendio, un miembro de un grupo de restauradores de monumentos ha logrado dar con la figura, según anunció a través de su cuenta en Twitter el presidente de la Federación Inmobiliaria Francesa, Jacques Chanut.

Este 14 de abril hemos comprobado la vulnerabilidad de nuestro pasado. Un pasado construido por maestros canteros, arquitectos, católicos y masones. Todos, hombres de bien, engrandeciendo una religión y una cultura de tolerancia. Ha sido un día tan duro como el 11-S de 2001 cuando Al-Qaeda destruyeron las Torres Gemelas de Nueva York. Aquí, no hay indicios de que se trate de un atentado, pero el daño material y moral es enorme.

El incendio puede calificarse de muy grave. Si los bomberos hubieran tardado seis horas más en apagarlo, habría peligrado toda la estructura a pesar de la excelente cimentación que tiene junto al río Sena.  Las primeras imágenes del interior del templo han mostrado que parte de las bóvedas góticas se han desplomado, pero que muchos de los tesoros por los que en un primer momento se temía finalmente se han salvado, al igual que la torre norte de la fachada, de la que se temía que se hundiese tras afectar el fuego a la estructura de madera que sostiene las grandes campanas.

Habrá que reconstruirla con mucha paciencia y con mucha fe. Francia ha respondido como en los grandes momentos históricos: como una nación de ciudadanos libres amantes de su país y de su tradición. Todos unidos apoyando al presidente de la República. Un ejemplo de unidad en el corazón de una ciudad demasiado castigada últimamente por el dolor, el fuego, el odio y el terror yihadista y populista.

Visité por vez primera Notre-Dame en 1968. Era agosto. Creo que el 18. Aún se podían visibilizar los ecos del mayo revolucionario. Ese mismo día las tropas de la URSS invadían Checoslovaquia. No lo he olvidado. Años después volví con mis hijos para descubrirles una ciudad abierta al mundo. La Torre Eiffel y Nuestra Señora son los dos símbolos del Paris inmortal.

Abrazo eterno

Hoy nos unimos con oraciones a la vigilia de los parisinos y visitantes que comprobaron durante la larga noche la agonía de una iglesia que se resistía a ser calcinada por el jinete del fuego eterno. Con donativos y plegarias volverá a reverdecer este templo construido con piedras que aguantarán, al menos, otros 850 años. Como decía, hoy sobran las palabras. Que hablen el corazón y la esperanza. Volveremos a la Ciudad de la Luz para comprobar lo que ya quedó escrito: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi iglesia”. (Mateo, 16, 13:20).

Esta Semana Santa será recordada por las siguientes generaciones como la del año en que de nuevo ardió París. El destino es casi siempre cruel con el pasado. Pero Notrê Dame renacerá con nuevas alas de futuro. La fe es más fuerte que todos los fuegos. Y la contemplaremos en todo su esplendor antes de 2025. Todos los creyentes necesitamos un abrazo fraternal, solidario y eterno.