Anwar Zibaoui

La ciudad debe aprovechar las armas que ya tiene para rentabilizar su marca y atraer y retener talento, empresas, centros académicos e instituciones internacionales

Las ciudades se enfrentan a múltiples retos y se convierten en espejo amplificador de las dificultades con las que se encuentran los países. Y Barcelona es un reflejo de esta situación. Una ciudad es atractiva mientras sea diferente. Varios procesos forman su identidad como la calidad del entorno urbano, las infraestructuras, la lucha contra el cambio climático, los servicios públicos, la accesibilidad y la movilidad, el desempeño de la economía, la satisfacción de los residentes, la identificación de su comunidad y la cohesión. Factores fuertemente relacionados con el éxito.

Las ciudades impulsan la creación de riqueza

Las ciudades están en constante competencia por el talento, la inversión y los visitantes. El talento sin fronteras crea valor, y la diversidad es un revulsivo para la economía. Las ciudades son cunas de innovación y emprendimiento. Por ello, deben salvaguardar su imagen y la construcción de una reputación se ha convertido en un tema crucial. En un mundo impulsado por el flujo transnacional de personas, capitales e ideas, la carrera por captarlos es difícil. Ganarán las que apuestan por crear entornos competitivos, innovar convirtiendo sus atractivos en productos. Generar actividades de valor, buscar mayores niveles de satisfacción, facilitar redes y servicios logísticos eficientes.

Barcelona dispone de infraestructuras; una gran oferta hotelera; distritos de innovación que son herramientas útiles para la promoción internacional, y puede desarrollar una oferta que sea a la vez cuantitativa y de calidad. Pero debe consolidar y rentabilizar su marca y reputación y facilitar la atracción, llegada y retención de talento, empresas, centros académicos e instituciones internacionales para beneficiar a la ciudad y sus ciudadanos.

Desde su posición estratégica y decisiva en el Mediterráneo, puede ser referencia para el intercambio, el dialogo y la integración, pero tiene que seguir el camino para consolidarse como ciudad global, líder en el comercio, las artes y  el conocimiento. Tiene el alcance y la ambición para dar forma, no solo al mundo de la economía sino también ser su modelo, promover sus ideas, su cultura, sus políticas y su futuro. Y apostar por la habitabilidad, no solo para la rentabilidad. Para ello, debe emprender un proceso integral y continuo. Es preciso aunar voluntades y recursos, coordinar la participación. Tener una estrategia clara, un discurso sólido y conocimiento profundo.

Las ciudades, y no los países, impulsan la creación de riqueza. Cada vez son más grandes y están interconectadas. Trascienden las fronteras y perturban las agendas internacionales. Son imanes para los negocios, la gente y la innovación. Conducen la economía mundial. Las 600 ciudades más grandes representan más del 60% del PIB mundial. Se habla mucho de cómo el "siglo de China" está reemplazando al "sueño americano". Pero este es el siglo de las ciudades. El verdadero poder no es de las naciones sino de sus centros urbanos. Barcelona tiene poder.