Antonio Regalado

Desde 1977 hemos votado casi medio centenar de veces. Esa es la fuerza de la democracia. España, desde entonces, se ha radicalizado por tres hechos indiscutibles: la violencia de ETA, el atentado del 11-M y los egoísmos nacionalistas    

Un segundo después de abrirse las urnas este 26-M, los sondeos adelantaban el vuelco electoral de la izquierda. En las europeas, en las autonómicas y en las municipales. Nos espera una década prodigiosa donde veremos cosas nunca vistas ni soñadas. Sube el PSOE de Pedro Sánchez, el verdadero ganador de estos comicios, a costa de Podemos; se mantiene el PP de Pablo Casado y permanece como jefe de la oposición; Ciudadanos puede tocar mucho poder y Vox se instala como un partido con el techo de cristal muy lejos de sus expectativas. 

Una década roja

Lo más preocupante – lo más grave – es el aumento de los secesionistas en Cataluña, País Vasco y Navarra. La clave del futuro sigue en el tejado del PSOE si se inclina por el constitucionalismo o cede ante los extremistas de Podemos y los amigos, a veces socios, de los que quieren romper España. El inicio de la XIII Legislatura ha sido solo un aviso para intuir que la estabilidad que exige el presidente del Gobierno en funciones solo puede alcanzarse con “chantajes” de los socios que le auparon a La Moncloa ahora hace casi un año. 

El “efecto Valls” en Barcelona ha anulado prácticamente el “efecto Arrimadas” y ha hundido casi al Partido Popular. Según avanzaba la noche, los datos del recuento confirmaban el imparable ascenso de los socialistas. Pero el alcalde barcelonés puede ser separatista complicando la situación.

Tras el 28-A, el tirón del doctor Sánchez ha ilusionado a muchos ciudadanos mientras que los votantes populares han acusado la depresión de las generales. Y “los naranjas” han evidencio su falta de estructura territorial. Los votos rurales también cuentan.

Los datos que recibíamos de los cinturones rojo y azul madrileños, corroboraban que la década roja ha comenzado. Cierto que ganar no es gobernar, pero la izquierda tiene claro desde siempre que lo único importante es el poder. Llegarán a acuerdos a cualquier precio para neutralizar la alternativa del centro derecha, ni siquiera valdrá la aportación de Vox. 

La capital del reino pendió de un hilo durante dos interminables horas. Un escaño arriba, un escaño abajo. Martínez Almeida recuperaba su concejal 13+1 a costa de la lista de Carmena e inclinaba la balanza. ¡Qué noche más larga! PP, Cs (11) y Vox (4) recuperan la joya de la corona con mayoría absoluta. Y la Comunidad no se rindió a las izquierdas, aunque fueron por delante hasta las doce y media de la noche con casi el 70% del recuento. Era la salvación – el milagro – del líder popular y de la caída en picado de los conservadores.

Europa en socialista

A las once y tres minutos de la noche, Celaá y Grande Marlasca hacían públicos los resultados al Parlamento Europeo. Los 6,3 millones de votos al PSOE, con más del 30% y los 20 escaños consagran a Ferraz como el partido más sólido en este final de década. Los populares facturaban 3,8 millones de votos y 12 europarlamentarios y aguantaban el zarpazo de Ciudadanos (2,3 millones y 7 plazas para Bruselas). Por su parte, Unidas Podemos se desinflaba cinco años después de su ascensión europeísta. Pablo Iglesias solo tiene un camino: integrarse en el PSOE tras tocar coche oficial y moqueta ministerial. 

Radicalidad

Desde 1977 hemos votado casi medio centenar de veces. Esa es la fuerza de la democracia. España, desde entonces, se ha radicalizado por tres hechos indiscutibles: la violencia de ETA, el atentado del 11-M y los egoísmos nacionalistas que han terminado en golpismo. A ello hay que añadir la dejación de los Gobiernos de la nación que no han querido parar los chantajes de Vitoria, Pamplona y Barcelona (del PNV, Bildu, GeroaBAI, ERC, la antigua CiU, Comùn-Podem, y la CUP), y la actitud bipolar del PSC que han mantenido los titulares del Congreso y del Senado, apostando por ser generosos con los golpistas catalanes procesados en el Tribunal Supremo. 

Pactómetro

El centro derecha ha reconquistado Madrid-capital, pero la hegemonía del PSOE en toda España le convierte en el novio ideal para pactar a diestro y siniestro. Sánchez salió a escena con un discurso moderado felicitándose por ser el partido más votado y presentándose como la única alternativa progresista. Estuvo hábil al acusar al PP y a Ciudadanos de alcanzar el poder con VOX, pero calló sus pactos con la izquierda y los separatistas y no dedicó ni una línea a su diálogo permanente con Torra y con Puigdemont. “No te preocupes, hablamos”, le dijo en el Congreso.

Los españoles – dijo el doctor en Económicas – comparten el análisis, el diagnóstico y las recetas para avanzar en políticas que beneficien a todos; ni los conservadores ni los liberales europeos entenderían que PP y Cs se repartan el poder con la extrema derecha, es decir, Vox). Ni una palabra de los 26.000 millones de impuestos ocultados también en las generales para ampliar su justicia social – siempre pagamos los mismos – ni sobre sus acuerdos para formar un Gobierno con Unidas Podemos. 

En resumen, la ola roja se ha extendido por una buena parte de nuestros territorios hasta el 2023. El sanchismo ha consagrado su marketing con la fuerza de las urnas e Iglesias y sus mareas se han evaporado porque el cabreo del 15-M se agotó cuando quedó al desnudo su impostura bolivariana y comunista.  

El PP salva los muebles y se agarrará al partido naranja para mantener y compartir el poder en varias comunidades autónomas (CCAA) y en bastantes capitales de provincias y en ciudades de hasta 5.000 habitantes. Los de Rivera – clave en CyL, Aragón, Murcia, Zaragoza, Salamanca, Málaga y Almería – pueden apoyar paralelamente a Gobiernos socialistas en CCAA y en ayuntamientos importantes siempre y cuando los candidatos del PSOE se hayan posicionado del lado constitucionalista. 

Porque el dilema, a estas alturas de la contienda electoral, no va de derechas e izquierdas sino de constitucionalistas o rupturistas; es decir, los que apoyamos la Constitución, la Monarquía Parlamentaria y la unidad de la Patria. Y los que quieren llevarnos al Frente Popular republicano del 36 con un federalismo asimétrico y desigualdad.

El PSOE, una vez más, tiene la llave de nuestras vidas y de nuestras haciendas. Felicitamos a los socialistas por sus triunfos en todas las contiendas, pero le pedimos una sola cosa: que no se rinda ni proteja a los partidos de extrema izquierda que no juran ni prometen defender la Carta Magna. Y apuestan, sin piedad, por la República. 

La ola roja, este nuevo ciclo amplio de izquierdas, no puede traducirse en una década dilapidada. Las seis elecciones de los últimos tres años nos han retratado a todos. Pedro Sánchez ha sido del más aplicado y el más listo. Es la hora de abandonar la demagogia, de remar juntos en la misma dirección y de recuperar tanto tiempo perdido.