José María Peredo Pombo. Catedrático de Comunicación y Política Internacional de la Universidad Europea de Madrid 

“La guerra no es simplemente un acto político, sino un verdadero instrumento político, una continuación de las relaciones políticas, una gestión de las mismas con otros medios”, escribía Carl von Clausewitz en su archiconocido tratado de la guerra al comienzo de la edad contemporánea. La guerra comercial, en cuanto tal, debería de ser algo parecido a un conjunto de estrategias y tácticas para debilitar al enemigo y forzar su rendición. Si la política arancelaria y proteccionista de Donald Trump no encontrase explicación, pongámosle una frase simple para comprenderla: la economía en el siglo XXI es la continuación de la política global por otros medios.

La llamada al proteccionismo de Trump en la toma de posesión que alarmó tanto a los globalistas, ha cobrado ahora vida y sentido con la consecución de la presión comercial hacia China mediante la subida de aranceles y con la misma presión hacia México para que active las medidas anti – inmigración, que el presidente Trump lleva demandando desde su llegada a la Casa Blanca. Si el enfrentamiento abierto de Estados Unidos con el gobierno chino no hubiera tenido un trasfondo geopolítico y estratégico, además de económico, no habría provocado la reacción de su Ministro de Defensa Nacional, el general Wei Fanghe en la cumbre de seguridad de Singapur en la que estaban presentes los dos rivales: “ningún país debería esperar jamás que China permita que se infrinjan su soberanía, seguridad e intereses. En cuanto a la fricción comercial reciente iniciada por Estados Unidos, si Estados Unidos quiere dialogar mantendremos la puerta abierta, si quieren combatir, combatiremos hasta el final".

Así pues, el proteccionismo, que se asocia históricamente con la actitud política de favorecer los productos nacionales frente a la entrada de la competencia extranjera; enemigo del liberalismo y de la expansión económica; propio de los antiguos monarcas absolutistas; identificado con las autarquías y los monopolios estatales, aquel proteccionismo, es hoy una estrategia de defensa y seguridad frente a las tensiones geopolíticas en Asia, América y también en Europa. La cuestión es más grave de lo que se preveía porque supera y desborda a la presidencia de Trump, y pone de manifiesto que existe en las relaciones internacionales de esta sociedad abierta, la voluntad de utilizar la economía y a los acuerdos comerciales como instrumentos de acción política, y por consiguiente, revela de manera evidente, que las grandes empresas chinas que multiplican sus inversiones en todo el mundo, algunas pertenecientes a sectores tecnológicos y de seguridad, deben ser consideradas como instrumentos de la política china, igual que los aranceles en México, lo son de la americana.