Ignacio Ortiz Palacio. Licenciado en Ciencias Políticas y vicepresidente del Fórum Canario Saharaui.

Hace escasas fechas tuve la ocasión de leer publicado en algún medio local, la hermosa y esperanzadora noticia en la cual niños de Dajla participaron en competiciones deportivas en Gran Canaria, y que su presencia forma parte de programas de intercambios deportivos con niños canarios. Esos pequeños saharauis volaron en Binter.

Igualmente, el pasado fin de semana tuve el placer de acudir invitado por el Sr. Decano de la Facultad de Letras de la Universidad de Rabat, al II Coloquio Internacional "Entre dos orillas", celebrado en El Aaiún con la temática de las fronteras en la región sahelo-sahariana de trasfondo. En el mismo participaron, además de expertos de universidades de todo el mundo, distintos académicos de universidades canarias. Ellos también volaron desde Canarias.

El anfitrión y coorganizador, uno de los pioneros del Polisario, Bachir Edkhil, politólogo, uno de tantos que se cansó de lo que vio al otro lado de la frontera, donde las cuotas tribales convierten a los refugiados saharauis en categorías. Allí los hay de primera o segunda, a diferencia de las ciudades como El Aaiún o Dajla, donde son ciudadanos con los mismos derechos. Por cierto, el evento fue todo un éxito y Canarias estuvo muy bien representada por sus académicos.

No hace mucho más tiempo, el que suscribe publicaba en estas páginas un artículo dedicado a la gerontocracia dentro de los órganos de gobierno del Polisario. Sí, esa oligarquía de ancianos. No tan lejos, aquí en Gran Canaria, algunos de sus coetáneos cabilderos, parece que viven en similar tesitura gerontocrática. Tras tantos años en distintos cargos —políticos cuasi profesionales ellos—parece ser que en lo relativo a estas cuestiones aún viven en tiempos pretéritos, en modo bunkerizado, vía publicaciones con tono amenazante y repetitivas apelaciones a diversas resoluciones más cercanas a un pasado romántico que ya no volverá, que a una realidad presente y futura que quieren destruir.

Los intereses de las empresas canarias deben ser asimismo los intereses de los canarios, no tiene vuelta de hoja. Lo contrario es relegar a un segundo plano a tus electores. Y decir que se defiende que las empresas canarias tengan una expansión hacia el continente africano, al mismo tiempo que se condenan públicamente y se pretende limitar las actuaciones de las mismas, por una cuestión meramente militante e incluso ideológica resulta, como poco, una obscenidad. Esos mismos intereses son los intereses de las personas que a uno le han votado, y en los tiempos que corren ya estamos viendo cómo se pagan ese tipo de afrentas en las urnas.

Y no, no veo por ninguna parte en las islas ningún lobby en esta cuestión, otra leyenda urbana. Créanme, el lobby pro marroquí no existe, son los padres. A lo sumo vislumbro una suerte de lobby pro argelino Polisario que perjudica a los canarios —pescadores o de cualquier índole—a través de la correspondiente retórica del relato épico, con un tufo más propio de otros tiempos. 

A todo esto, falleció Ahmed Bujari, y con él un eternamente esperado perdón a ACAVITE y los familiares de las víctimas canarias de atentados en décadas pasadas. De hecho, tuvo una última ocasión de hacerlo in situ, en junio pasado, invitado por el propio Cabildo. Que descanse en paz, al igual que las víctimas de la tragedia aérea de Argelia.

Mientras tanto, los niños saharauis que sigan haciendo deporte con los niños canarios, eso si sus “papás” políticos no les impiden volar en Binter. Al igual que los profesores universitarios y sus conferencias. Así debe ser la hermandad entre pueblos amigos y buenos vecinos. No olvidemos el dicho tradicional de los pescadores locales: “De Fuerteventura a la Berbería, se va y se viene en el día”. Esperemos que lo puedan seguir diciendo… especialmente ellos, los pescadores.