F. Javier Blasco

Llevo muchos años dedicando gran parte de mi tiempo al estudio, enseñanza y puesta en práctica de lo que se entiende y define como Estrategia. Palabra mágica que hoy en día se emplea y expone en todos los ámbitos de la vida y que podríamos definir como “El conjunto de acciones planificadas en el tiempo que se llevan a cabo para lograr un determinado fin en función de una necesidad y de la realidad existente”. El origen de esta palabra proviene del griego; Stratos = Ejército y Agein = Conductor, guía.

Es por tanto un concepto que nació hace muchos siglos en el seno de los ejércitos que llevaban a cabo las acciones necesarias de los reinos e imperios para los que trabajaban, pero que como ya he dicho, hoy se ha extendido y aplicado también a todos los ámbitos de la vida social, comercial y política.

Los pilares en los que se debe basar toda estrategia para la consecución del objetivo marcado son tres: Voluntad de Vencer, Acción de Conjunto y la Sorpresa. Este último se plasma de muy diversas maneras entre las que destaca la simulación, el engaño o añagaza, los acercamientos y retraimientos sucesivos de posturas o amenazas, la aparente inoperatividad o no intención de realizar cualquier tipo de acción y la sucesiva oferta de pactos irrealizables por contener demasiadas o inalcanzables exigencias. Sin el logro y afianzamiento de dichos pilares, es muy difícil que se logre lo previsto y con mucho grado de probabilidad, nos lleve al fracaso.

Al contrario de lo que podría pensarse, la estrategia NO es una Doctrina única, sino un Método de Pensamiento que nos permite: identificar y clasificar los posibles acontecimientos y objetivos perseguidos; jerarquizarlos y, elegir los procedimientos más eficaces para lograrlos en el menor tiempo y al menor coste posible para el que la ejecuta y, lo contrario para el oponente.

Toda estrategia está afectada hoy por una serie de factores, en mayor o menor medida, de tipo político, diplomático, económico, ecológico, demográfico, étnico, religioso y social. Alguno o varios de ellos pueden ser motivo de limitaciones para el desarrollo de la misma. La estrategia definida debe ser capaz de jugar un papel suficiente para que las decisiones que se adopten sean capaces de paliar las exigencias derivadas de los factores que la definen o actúan de forma favorable o desfavorable sobre ella.

Normalmente, toda estrategia se plasma implícita o explícitamente en lo que se conoce y define como “Plan Estratégico” que, debe valorar y prever las reacciones adversas (derivadas de los mencionados factores) y definir las acciones necesarias para combatirlas si aquellas nos perjudican o, al contrario, provocarlas si es que nos favorecen. Reacciones, que pueden ser de orden o ámbito: local, nacional, internacional, político, diplomático, social, demográfico, económico, jurídico, moral, medioambiental, policial e incluso militar. Aunque, no todos ellos pueden aparecer identificados.

Todo plan estratégico debe marcar un PUNTO DECISIVO [1], cuya elección se realiza en función del estudio de las características del objetivo a lograr, de su capacidad de conquista, defensa o la posibilidad de ataque del mismo (los que se denominan como vulnerabilidades). Punto, que decide la maniobra general más eficaz para lograr nuestros propósitos y favorece alcanzar lo que se conoce como LA SITUACIÓN FINAL a alcanzar. El éxito del plan mantiene una estrecha relación con la flexibilidad, el tiempo suficiente para planearlo y ejecutarlo y la libertad de acción.

Con respecto al tiempo, una vez más conviene recordar las palabras metafóricas o no tanto de Sun Tzu, plasmadas en su famoso libro El Arte de la Guerra (hace 25 siglos), del que a la muerte de Emilio Botín se supo que era su libro de cabecera. “Emplea no menos de tres meses en preparar tus artefactos y otros tres para coordinar los recursos para el asedio. Nunca se debe atacar por cólera o con prisas. Es aconsejable tomarse el tiempo suficiente para la planificación y la coordinación del plan”.

Pues bien, tras este repaso de conceptos y preceptos, no resulta difícil apreciar que el independentismo catalán ha seguido, y muy bien, paso a paso todos y cada uno de ellos. No ha surgido por generación espontánea; es fruto de un plan trazado a muchos años vista con acercamientos y alejamientos temporales y todo tipo de engaños que le han proporcionado gran parte de los elementos necesarios de orden económico, social, político y cultural.

Han conseguido lograr millones de adeptos internos a base de engaños, mentiras y promesas irrealizables, pero fácilmente vendibles. A pesar de las grandes dificultades para ello y a base de grandes inversiones y determinado tipo de favores han logrado un importante apoyo social y de opinión tanto interna como externamente. Se han sabido rodear de asesores de la peor calaña; auténticos expertos en encontrar las grietas necesarias en la infracción a la Ley y en la facilidad de escapar de la Justicia para no solo delinquir con premeditación y conocimiento de causa, sino con la necesaria medida que les facilite lugares y momentos de escape y un cierto grado de comprensión y simpatía que le ponga muy difícil la legal acción del Estado en cualquiera de sus pilares.

Tras conseguir los preceptivos apoyos internos mediante el adoctrinamiento, se lanzaron a desestabilizar la unidad política en España y a poner en serios apuros a su Gobierno (Punto Decisivo); han conseguido poco a poco y mediante el engaño a todos los gobiernos y partidos políticos, la fuerza y representación suficiente para desestabilizar su región, sumir a España en una situación de difícil solución al dividir claramente las posturas y opiniones de los partidos políticos y, de paso, trasladar su “caso” allende de nuestras fronteras para que, por simpatía, en breve se levanten otros focos similares allá donde existan circunstancias iguales o similares, de momento, dormidas o latentes. Situación ésta que les facilite el acomodo, apoyo o la comprensión internacional. Esta es su Situación Final deseada.

Nada es fruto de la incongruencia o la improvisación como muchos se empeñan en denunciar y denostar. Todo, absolutamente todo, estaba previsto, calculado y trazado en su plan. Hasta la huida del ex president y parte de su troupe a Bélgica para ponerse en manos de la Justicia de un pueblo totalmente dividido, tremendamente garantista con todo tipo de delincuentes hasta la hilaridad como todos sabemos [2], irrelevante en Europa y en el mundo, que vive principalmente de las instituciones internacionales (OTAN y EU) instaladas en varias zonas de su territorio además de en su capital y, no solo contentos con ello, lo hacen de la mano de un abogado famoso por escurrirse de la justicia y defender con éxito a las mayores y mejores “causas nobles” contra la propia y adecuada aplicación de aquella. Un país, que hasta nos ha denegado varias veces la extradición de varios asesinos y terroristas de ETA y que desde los tiempos del Duque de Alba mantiene un odio acérrimo a España y a los españoles; donde casi todos, incluido su gobierno, no se cortan en definirnos como injustos, ilegales y franquistas. Ellos, los mayores colaboracionistas del nazismo en sus momentos más álgidos, nos definen así. Sin comentarios.

Los independentistas, bien coordinados y apoyados por los adeptos y comprados medios de comunicación, han sabido jugar y muy bien el papel del victimismo y el martirologio a pesar de haber actuado de forma palmaria contra la Ley y la propia Constitución. Situación ésta que sigue calando dentro y fuera de España y que será casi imposible de contrarrestar al menos a corto y medio plazo.

No entiendo como ante una estrategia tan clara y bien definida nadie haya podido apreciarla y adoptar medidas para contrarrestarla. La sorpresa, consecuencia del engaño continuado ha sido patente ya que, hasta pocos días antes de todo este embrollo, muchos, incluido gran parte del Gobierno y. al parecer, los propios Servicios de Inteligencia (menudo papelón el de ambos) confiaban en que esto no iba a ocurrir y hasta se identificaba a personas como potenciales colaboradores o proclives a la colaboración, cuando ahora casi todos ellos, están entre rejas o defenestrados. Creo, que esto es el resultado de un claro desconocimiento de lo que significa la palabra Estrategia, sus Factores y los Pilares en los que se apoya.     

Por último, y según las más recientes encuestas, han sabido llevar a Cataluña a una clara división de opiniones y sentimientos en donde, por la parte separatista existe una verdadera voluntad de vencer y una consensuada acción de conjunto que, por cierto, se echa mucho de menos en la parte contraria a dichos preceptos.

Soy consciente de que últimamente las encuestas no son muy certeras en ninguna parte del mundo; han venido fallando hasta de forma estrepitosa en los grandes eventos electorales, incluso entre los más importantes o trascendentales. También es cierto, que hacer previsiones y encuestas fiables en un lugar y momento actual como en Cataluña, llena de ilusiones, desengaños, odios, miedos y rencores todos muy volátiles y cambiantes, hasta en cuestión de minutos, no es nada fácil. Pero, a pesar de todo ello, sigo estando muy intranquilo sobre el posible resultado de los comicios del próximo 21 de diciembre.

Mucho me temo, que la fuerza de los recalcitrantes separatistas, la situación de sus “mártires”, la aparición de nuevos jugadores en esta complicada partida como los podemitas y sus aliados -mucho más decantados al separatismo que al constitucionalismo-, la transversalidad y sangrante equidistancia de un errático PSOE y aún más de su rama catalana el PSC, las pocas expectativas, ganadas a pulso, del PPC y las extralimitadas ansias y prisas de poder -aunque muy poco fundadas- de Ciudadanos puede que no lleven a buen puerto dicho proceso.

A pesar de las grandes lecciones que hemos recibido últimamente sobre el Código Penal, la Constitución, los altos tribunales, el Estado y la división de poderes, muchos aún siguen insistiendo en la oportunidad, relevancia e implicaciones que tienen las actuaciones y decisiones judiciales de estos últimos días. Estos políticos, sus partidos, medios de comunicación y personas implicadas en la opinión publicada insisten en dichos factores y claman por actuaciones más edulcoradas, dilatadas en el tiempo e incluso, algunos, por la abolición de las mismas. Da pena ver que en España y entre los españoles, aún siga habiendo personas, a las que se les llena la boca de la palabra democracia, que sigan errando en conceptos tan básicos.

Todos hemos sido testigos de la perpetración de delitos flagrantes penados con duras penas como las clamorosas desobediencias a los tribunales, la toma de decisiones que ni legal ni moralmente se pueden hacer (la DUI) y la abolición de leyes como la propia Constitución para su territorio. Ante toda esta ignominia, aún quedan muchos -por desgracia- descerebrados e irreflexivos y yo diría que anti españoles políticos y personas de cierta influencia que siguen exigiendo al Gobierno y al Poder Judicial hacer la vista gorda y proponen un claro y patético borrón y cuenta nueva. Otros, en su deriva equidistante y poco reflexiva, siguen clamando por “fórmulas magistrales” y el dialogo con el delincuente, ambas cosas, con las que, aunque no las definen con claridad, pretenden vendernos que todo se encaje con unos simples o no tan simples (y ahí está el peligro) cambios de maquillaje en nuestra Constitución. De auténtica pena.

Los separatistas, muy probablemente no concurran con una lista única, hay muchos intereses partidistas y personales que fundamentan el afán de protagonismo para erigirse en el Capitán de esta nueva singladura; pero, sin embargo, y a diferencia de los otros, si hablan un mismo lenguaje y tienen un plan común. Su unión hace la fuerza, al igual, que la desunión de la parte contraria les llevará al fracaso, salvo, que todos esos millones de personas conocidas como los “silenciados” demuestren que son tantos como dicen, dejen de serlo por propia iniciativa, tomen conciencia de la situación económica y social en la que ya se encuentra Cataluña y de la deriva aún peor que puede tomar y se decidan, de una vez por todas, a ejercer su voto contra el independentismo.

En eso están solos, porque nadie les puede ayudar, es su obligación y responsabilidad. Deben tener presente, que de no hacerlo, jamás podrán volverse a quejar. Cada uno tiene su parte de responsabilidad y es la hora de dejar atrás viejas rehencillas o agravios personales. Es más, es el momento de incluso ponerse la pinza en la nariz y votar a aquel que nos dé más garantías de que este problema lo quiere resolver de verdad, dejarse de medias tintas, caminos y atajos de muy difícil o imposible definición y mucha peor ejecución, nostalgias y predisposiciones para luego lamentarse como plañideras en busca de apoyos de quienes no se los pueden dar. Es la hora de los catalanes. No hay otra. En este acto tan libre y democrático como es el votar individualmente, nadie de fuera de vuestro territorio os puede acompañar, salvo moralmente y eso, seguro que está garantizado.

[1] Es algo así como el Centro de Gravedad donde se apoya todo el plan. Su consecución o caída produce la pérdida del Equilibrio y la Armonía del contrario o la propia según sea el caso.

[2] Baste recordar la imposibilidad de registros y detenciones policiales por la noche conocidos cuando los pasados atentados terroristas yihadistas en Bruselas.