José María Peredo Pombo. Catedrático de Comunicación y Política Internacional de la Universidad Europea de Madrid

Pie de foto: Kamala Harris, senadora demócrata.

El 5 de enero la senadora Elizabeth Warren convocó a varios miles de compromisarios y simpatizantes demócratas en Des Moines, Iowa, en un estratégico y prematuro inicio de precampaña a la Presidencia de Estados Unidos en 2020. Para explorar, desde el simbólico estado donde se convoca tradicionalmente el primer caucus en las campañas electorales, la posibilidad de presentarse como candidata. Quince días después la también senadora demócrata Kamala Harris, de padre jamaicano y madre india, multicultural y diversa como Obama, ha anunciado en Washington su precandidatura a la Presidencia para suceder a Donald Trump. Los demócratas y las demócratas, al unísono y sin importar sexo ni creencia, se han lanzado a la arena electoral, antes incluso de que se abran los colegios, las primarias y los museos, cerrados por falta de acuerdo entre el republicano en minoría de la Casa Blanca y la mayoría de la Cámara de Representantes.

Algunas otras y otros políticos demócratas han iniciado también la carrera para relevar a Trump y devolver al pueblo americano, sin conflicto de género, a la senda del internacionalismo, la globalización y la igualdad de oportunidades. Para añadir al América First un sustantivo que defina mejor el concepto para lo que resta del siglo: la democracia, primero.

La democracia es la esencia perdida de este mandato. Las instituciones, la ley, los pareceres, las opiniones, los intereses transparentes, los aliados democráticos, la prensa, las elecciones libres, la expresión libre, la libertad. Y en las elecciones de 2020, la mujer. La gran protagonista sin quererlo de la campaña de 2016. La asignatura pendiente en los regímenes iliberales. La perseguida en territorios autocráticos. La gran ausente en algunas democracias consolidadas y llenas de Casados y Sánchez; de Riveras e Iglesias; de Errejones y Abascales; de Morenos y Bonillas. La gran derrotada del Brexit en el Parlamento inglés.

Los demócratas y las demócratas en Estados Unidos se han vuelto a subir a los tiempos que corren y van a proponer que las mujeres que se dedican a la política en el mundo asuman que no hay género para las ideas en democracia. Y mucho me temo que en esta ocasión nadie lo va a parar.