Carlos Miranda. Embajador de España/merca2 

La Unión Europea se complicó la vida al ampliarle el plazo al Reino Unido al 31 de octubre para marcharse de la UE. Como Londres, al igual que el gato de Nathalie Loiseau (1), no se va de casa a pesar de estar la puerta bien abierta, tuvo el Reino Unido que celebrar unas absurdas elecciones europeas para elegir a 73 europarlamentarios. ¿Gente discreta y presta a facilitar las cosas? No lo crean.

Los brexiteros duros quieren poner la Cámara europea patas arriba (como los indepes catalanes). Lo que parecía, hace tres años una salida de la UE de guante blanco se ha vuelto una partida en la que a algunos isleños les está saliendo su mal carácter y sus malas intenciones. ¿Mala baba imperial?

El problema está en realidad en su propio Parlamento, en la incapacidad de sus políticos en ponerse de acuerdo para irse de Europa salvando sus intereses y respetando los de los países que se quedan en la Unión. Theresa May, acorralada por propios y extraños, pretendía llevar “su” acuerdo por enésima vez (la cuarta …) al Parlamento añadiendo la posibilidad de un segundo referéndum y de una unión aduanera.

Enseguida se le revolvieron su partido Conservador, muchos de sus ministros y el portavoz parlamentario. “Exit”, pues, pero de May, sin pena ni gloria. Echar a sus primeras ministras es, además, un vicio propio de los conservadores británicosPor otro lado, los recientes comicios municipales británicos ya adelantaron una censura a conservadores y laboristas por su actual inutilidad, lo que parece alejar unas elecciones generales, ahora peligrosas para ambos partidos.

El problema está, sobre todo, en la frontera entre las dos Irlandas. Al marcharse el RU de la UE, volverá a partirse la isla irlandesa en dos y eso podría destrozar los acuerdos del Viernes Santo de 1998. Estos lograron la paz al conseguir, entre otras cosas, que la isla esté unida en la práctica, aunque el sur sea un país independiente y el norte británico. Un abracadabra solo posible al estar Dublín y Londres en la UE.

A los “brexiters” de pata negra no les importa que la situación vuelva a degradarse. Los muertos ya han llegado con los violentos de la “Nueva IRA”. Tony Blair, bajo cuyo mandato como primer ministro se lograron esos santos acuerdos, lo recordó recientemente con preocupación en un artículo junto a su excolega irlandés de entonces, Bertie Ahern.

May cometió, convocando unas innecesarias elecciones generales en 2017, el error de echar por la borda la mayoría absoluta que heredó de David Cameron. Ahora no controlaba ni el Parlamento ni su propio partido. Tampoco supo explicar convincentemente el acuerdo del Brexit que firmó ni sacarlo adelante mediante tardías conversaciones con los laboristas.

Su sucesora o sucesor, probablemente un “brexiter”, no tomará posesión antes de julio para lidiar los mismos toros. Si no hay un pacto con la UE antes del 31 de octubre nos encontraremos con el Brexit salvaje salvo que Londres borre lo sucedido y reintegre plenamente la UE, una posibilidad corrosiva a estas alturas y que llevaría a un segundo referéndum. Algunos en el Reino Unido sueñan, incluso, con otra ampliación del plazo para intentar ese referéndum que nadie sabe quién ganaría. La UE deberá mantener la cabeza fría, así como unidad y firmeza.

Otras tres cosas pueden ser, asimismo, fundamentales para considerar las futuras relaciones de la UE con el Reino Unido si los británicos se van sin acuerdo. En primer lugar, el Reino Unido debiera abonar lo que debe. Las deudas se pagan. Conceder, también, un trato favorable a los ciudadanos comunitarios en el RU. A la familia europea deben tratarla bien. Finalmente, Londres debiera enfocar la cuestión fronteriza en Irlanda de tal modo que puedan mantenerse los acuerdos del Viernes Santo. En ello va la paz en toda la isla, e Irlanda (Eire) es un miembro de la Unión. Parece ser que la Comisión está en ello.

 (1) antes ministra francesa para Europa y ahora cabeza de la lista macroniana en el Parlamento Europeo