Antonio Sánchez-Gijón/CapitalMadrid.com

Pie de foto: Occidente reconoce por fin que la crisis necesita atención urgente. Imagen de Trípoli.

A principios de semana se reunieron en Londres, bajo el patrocinio del secretario del Foreign Office y con asistencia del ministro italiano de Exteriores y del secretario de Estado John Kerry, más representantes de gobiernos europeos y autoridades libias, para afrontar la agudización de la crisis libia, pero esta vez no sólo bajo el punto de vista de la seguridad, sino también del de la economía, que se halla a punto de derrumbarse.

La ur­gencia de la reunión viene ilus­trada por los tér­minos en que se pro­nuncia el in­forme del Banco Mundial sobre Libia, pu­bli­cado el pa­sado oc­tu­bre, el cual ad­vierte que la eco­nomía del país nor­te­afri­cano “está al borde del co­lapso, de­bido al blo­queo po­lí­tico y el con­flicto ci­vil, que im­piden la plena ex­plo­ta­ción de su único re­curso na­tu­ral: el pe­tró­leo”. Los in­gresos por hi­dro­car­bu­ros, ad­vierte el BM, ca­yeron en los siete pri­meros meses de 2016 hasta 3.200 mi­llones de di­nares li­bios (D 1/$ 0,72), una dé­cima parte de los del mismo pe­riodo de 2015.

El co­lapso de la eco­nomía libia es el re­sul­tado de la in­ter­ac­ción anár­quica de un con­junto de fac­to­res, que com­prende el en­fren­ta­miento entre mi­li­cias tri­bales o con­fe­sio­na­les; la re­sis­tencia del go­bierno es­ta­ble­cido en la parte oriental del país, con ca­pital en Bengazi, a so­me­terse al lla­mado Gobierno del Acuerdo Nacional (GAN) for­mado bajo el pa­tro­cinio de las Naciones Unidas, el cual opera desde la ca­pital ofi­cial del país, Tripoli; la ac­ti­vidad pa­ra­lela de dos ejér­ci­tos, cada uno con obe­diencia a los go­biernos en com­pe­ti­ción, y la ac­ti­vidad te­rro­rista del lla­mado Estado Islámico (EI) en la re­gión cos­tera de Sirte, aunque ahora a la de­fen­siva de­bido a los ata­ques de las mi­li­cias de la ciudad ma­rí­tima de Misrata con el apoyo de la avia­ción oc­ci­den­tal.

Los reunidos en Londres dis­cu­tieron cómo allegar re­cursos ur­gentes para reac­tivar la eco­nomía y hacer po­sible el au­mento de la ex­por­ta­ción de hi­dro­car­bu­ros. Sin em­bargo, no hay acuerdo entre di­fe­rentes au­to­ri­dades li­bias del más alto ni­vel. El re­pre­sen­tante del GAN pro­puso la su­pre­sión de sub­si­dios al con­sumo y la pro­tec­ción del valor de la mo­neda, mien­tras que el di­rector del Banco Central habló de la ne­ce­sidad de de­va­luarla. El pro­blema es cómo ase­gurar que el go­bierno ase­gura in­gresos por $38.000 mi­llones para cua­drar el pre­su­puesto de 2017. Una gran parte de la po­bla­ción de­pende de los sub­si­dios del es­tado, pero éstos minan las fi­nanzas pú­bli­cas.

No todos los asis­tentes eu­ro­peos a la reunión de Londres están en la misma onda res­pecto de qué hacer en Libia. Entre ellos es­taba el di­rector ge­neral de Asuntos Políticos y de Seguridad de Francia; su go­bierno ayuda mi­li­tar­mente al ins­ta­lado en Bengazi, mien­tras que la ma­yoría de los otros países pre­sentes en la reunión están fir­me­mente de­trás del GAN, en Trípoli. Presente en la reunión es­tuvo un re­pre­sen­tante de Emiratos Árabes, cuyo go­bierno tam­bién apoya al de Bengazi y co­la­bora con Francia en la cons­truc­ción de una base aé­rea.

Un in­forme de­vas­tador

La ad­ver­tencia del BM sobre el co­lapso de Libia se basa en el rá­pido de­te­rioro de su eco­no­mía. La pro­duc­ción pe­tro­lí­fera del primer se­mes­tre, afirma, es 20% in­fe­rior a la del mismo pe­riodo de 2015, y queda en 335.000 b/d. El PIB se ha re­du­cido en 8,3% en 2016, lo que su­pone una caída de dos ter­cios res­pecto a su nivel antes de la re­vo­lu­ción.

Desde oc­tubre se han cor­tado los sub­si­dios a los ali­men­tos, que re­pre­sen­taban el 18,4% del PIB, lo que hizo flo­recer el mer­cado ne­gro. Los sa­la­rios han caído un 8,7% de me­dia. Los in­gresos por pe­tróleo se ha­brán en­co­gido en este año hasta los 8.000 mi­llo­ne­s/­di­na­res, y las ex­por­ta­ciones se si­túan hoy en 200.000 b/d, to­tal­mente in­su­fi­cientes para frenar la caída de las re­ser­vas, que pa­saron de $107.000 mi­llones en 2013 a $43.000 mi­llones en la ac­tua­li­dad. El BM no cree que el au­mento de las ex­por­ta­ciones en 2017 sub­sane el dé­ficit del es­tado y cubra las im­por­ta­ciones de bienes de con­sumo, con lo que prevé un dé­ficit fiscal del 35% del PIB y otro por cuenta co­rriente del 28%.

La dra­má­tica si­tua­ción eco­nó­mica ac­tual con­trasta con las pre­vi­siones que sería po­sible hacer si el país es­tu­viese pa­ci­fi­cado. Si la pro­duc­ción de pe­tróleo cre­ciese hasta los 600.000 b/d a fi­nales de 2017, es­pe­cula el in­forme del BM, eso ase­gu­raría un cre­ci­miento del PIB del 28%. Esta pre­vi­sión, sin em­bargo, no coin­cide con la del pre­si­dente del GAN, Fayez Sarraj, quien cree que ese vo­lumen ya se ha al­can­zado. Según dijo el pa­sado do­mingo, la pro­duc­ción ac­tual se sitúa entre 580.000 y 600.000 b/d, y Serraj aún es­pera que las re­giones del oc­ci­dente del país, que se ha­llan en la es­fera del go­bierno le­gí­timo, puedan añadir otros 380.000 b/d.

Del lado de la se­gu­ri­dad, como no­vedad de­fi­ni­ti­va­mente po­si­tiva está el éxito de la ac­tual cam­paña contra el EI, que ha de­jado a esa fuerza te­rro­rista re­du­cida a de­fender un bas­tión de no más de un km cua­drado. Dos bu­ques an­fi­bios de la ma­rina de los Estados Unidos lanzan ata­ques contra el EI, en apoyo de las mi­li­cias leales al GAN.

El pre­si­dente del GAN se muestra muy crí­tico con el en­foque que los países oc­ci­den­tales dan a la crisis li­bia. Todo lo ven bajo el prisma del com­bate contra el te­rro­rismo y los des­em­barcos de re­fu­giados y emi­grantes en las costas eu­ro­peas. Los re­pre­sen­tantes oc­ci­den­ta­les, dice Serraj en una larga en­tre­vista pu­bli­cada el miér­coles día 2, “siempre nos pre­guntan qué hemos hecho en esas dos cues­tio­nes. Y no me canso de re­petir que hay otros pro­blemas que preo­cupan a los ciu­da­danos li­bios más que esos dos, como hacer colas du­rante tres días para ob­tener cambio en los ban­cos, o los cortes de elec­tri­cidad de ca­torce ho­ras. Vds. no se preo­cupan de que no haya va­cunas en los hos­pi­ta­les, y de que las es­cuelas se uti­licen como al­ber­gues para la gente y no para la en­señanza. Esas son las preo­cu­pa­ciones de los ciu­da­danos li­bios”.

El pre­si­dente Serraj ex­plica que una de sus preo­cu­pa­ciones ur­gentes es in­te­grar a las mi­li­cias en algún tipo de fuerza pú­blica del es­tado, para cuyo en­tre­na­miento el go­bierno ne­ce­sita di­nero. “Pero no lo te­ne­mos, y el que se nos ha dado para emer­gen­cias… está con­di­cio­nado a cómo y cuándo lo gas­ta­mos”. La ayuda para la ad­qui­si­ción de ar­ma­mento está su­jeta a em­bargo, y el que llega debe so­me­terse a la su­per­vi­sión y apro­ba­ción de las Naciones Unidas. En con­traste, “la otra parte des­cuelga el te­lé­fono y re­cibe 200 vehículos y 300 lan­za­mi­si­les”.

El jefe del go­bierno señala a los res­pon­sa­bles

Serraj señala cuatro res­pon­sa­bles del blo­queo po­lí­tico del país: uno de ellos es Saddiq Elkaber, pre­si­dente del Banco Central Libio, al que acusa de opo­nerse a la de­va­lua­ción del di­nar. Otro es el pre­si­dente de la Compañía Nacional del Petróleo, al que atri­buye inac­ción ante la in­ter­ven­ción del ge­neral Hafter, leal al go­bierno pa­ra­lelo de Bengazi, en las prin­ci­pales ins­ta­la­ciones pe­tro­lí­fe­ras. El líder de este go­bierno ‘alternativo’, Ageela Salah, ha exi­gido que el GAN se re­com­ponga con per­so­na­li­dades de su agrado. En fin, Hafter eje­cuta sus ope­ra­ciones mi­li­tares contra yiha­distas y mi­li­cias con­tra­rias sin au­to­ri­za­ción del go­bierno de Trípoli. Es sa­bido que Hafter cuenta con el apoyo po­lí­tico y mi­litar de El Cairo, así como el de Emiratos.

Por úl­timo, Serraj señala otro obs­táculo a la es­ta­bi­li­za­ción de Libia y su go­bierno le­gal: el líder re­li­gioso ex­tre­mista, Saddiq Ghariani, quien lanza fre­cuentes ‘fatuas’ contra el go­bierno y cuenta con un am­plio se­gui­miento de los de­votos más ex­tremos y sus mi­li­cias.

Parece, pues, evi­dente que el en­foque que Occidente está dando a la crisis libia - que de una forma o u otra ame­naza sus costas - está muy lejos de ser com­par­tido por el go­bierno que ese mismo Occidente ayudó a for­mar, a través de pe­nosas y largas ne­go­cia­ciones bajo el pa­ra­guas de las Naciones Unidas. El nuevo go­bierno pa­rece mirar a los pro­blemas es­truc­tu­rales del país, pero Occidente se in­teresa tan solo por pro­blemas co­yun­tu­ra­les. Como el de la in­mi­nente ban­ca­rrota del es­tado li­bio, pro­nos­ti­cada por el Banco Mundial si no se hace nada por evi­tarlo.