Anwar Zibaoui

Hace 30 años, Djibouti era un pequeño país sin ningún recurso destacable, excepto arena, sal, y camellos. Ahora se ha convertido en un lugar codiciado por las grandes potencias e inversores, que compiten por sus 22.300 quilometros cuadrados situados geoestratégicamente en el Cuerno de África, cerca del Golfo de Adén y el Mar Rojo, y próximo al estrecho de Bab el-Mandeb, por el que transita el 40% del tráfico marítimo mundial. Es el punto de acceso al Canal de Suez para el mercado europeo y americano de petróleo y gas desde el Golfo Pérsico.

Djibouti se esfuerza para convertirse en el "nuevo Dubái": ser un centro comercial para África Oriental, y ocupar un puesto avanzado para su poderoso vecino Etiopía, y su principal inversor, China. Las actividades portuarias representan el 70% del PIB. El país depende de Etiopía para satisfacer las necesidades básicas de agua potable y energía, de forma que hay una fuerte interdependencia económica entre Djibouti y Etiopía, cuya ubicación sin litoral ha sido un obstáculo para su desarrollo. El uso de Etiopía de los puertos de Djibouti se ha triplicado desde 1993.

China es el primer prestamista del país. Con una inversión de 3.400 millones de dólares, ha construido la línea de ferrocarril entre Addis Abeba y Yibuti Ciudad, las dos capitales. Esta nueva ruta dará un gran impulso a las dos economías en cada extremo de la línea, y, además, China ha construido su primera base militar, que servirá para posicionar al gigante y asegurar sus intereses económicos.

La cuestión de la sostenibilidad de la deuda es muy preocupante, ya que representa el 65,7% del PIB. Esto es porque la mayoría de los proyectos de infraestructuras financiados por China están profundamente entrelazados con la economía etíope. Etiopia vive tiempos agitados y se enfrenta a una crisis cuyo resultado es impredecible por la monopolización del poder del Frente Popular de Liberación. La incertidumbre en Etiopía podría tener graves consecuencias para la economía de Djibouti .

La transformación de Djibouti está en marcha, impulsada por un ambicioso plan de inversión, Pero el crecimiento debe ser más inclusivo con el fin de reducir la pobreza generalizada, ya que esta tasa se sitúa en un 79%, y cuenta con un desempleo del 50%, Además la capacidad pública para evaluar y monitorear los proyectos de inversión debe ser reforzada. La ubicación geoestratégica puede ser una bendición o fuente de incertidumbre, y la forma en que el gobierno se encargue de la nueva etapa será determinante. La clave es reducir la brecha en los componentes básicos para el desarrollo humano como son la educación, la salud y el trabajo.

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