Jorge Mestre/Okdiario.com

Lo que era válido hace poco más de un mes para anunciar que no se iba a entregar armamento español a Arabia Saudí, no lo es ahora para condenar al régimen saudí por estar detrás de la muerte del periodista Jamal Khashoggi. Hace mes y medio no había ninguna crisis internacional que justificara acabar con el suministro de armas a los saudíes. Sin embargo, ahora cuando países como Alemania han anunciado que ponen fin a la exportación de material armamentístico, y junto a Reino Unido y Francia han emitido este pasado fin de semana un comunicado bastante duro contra el país arábigo, el gobierno de Sánchez ha vuelto a sumergir a España en el mar de la nada, del no estar y que no nos esperen, de aquel que en definitiva critica, pero con la boca pequeña.

Alemania no es el primer proveedor de armas de los saudíes, ni está entre sus mejores clientes. Los grandes clientes de dudoso desempeño democrático para los germanos son Qatar, Argelia y Egipto. A buen seguro los qataríes se estarán frotando las manos por la iniciativa de Merkel y Al-Jazeera ya ha elevado a los cielos a la presidenta alemana para el resto de su mandato. Porque con el caso Khashoggi hay países ganadores y perdedores más allá de la lamentable muerte del periodista. Entre los estados que tratan de aprovecharse del momento, habría que situar a Qatar, Turquía y el propio Irán. Sin olvidar al presidente sirio, Bashar al-Asad que debe estar encantado de que los errores estratégicos de sus enemigos alarguen el horizonte de su mandato. La muerte del periodista saudí podría contribuir igualmente al rediseño del equilibrio de fuerzas y alianzas en Oriente Medio.

Ante los ojos de la opinión pública occidental ahora parece que Arabia Saudí es peor que Irán, lo cual será aprovechado por los europeos para hacerle ver a EEUU que no hay motivos para nuevas sanciones al país de los ayatolás. El asesinato de Khasoggi ha echado también más gasolina a las rencillas existentes en el mundo suní. Al enfrentamiento de los últimos dos años de los saudíes con Qatar se suma ahora un nuevo actor, Turquía, que está manejando con gran destreza la investigación implicando al propio presidente Erdoganque necesita elevar sus índices de popularidad en Occidente tras una cadena sucesiva de errores acaecidos tras el fallido golpe de estado de hace dos años. Turquía debe responder aún muchos interrogantes sobre todo el que se refiere a la posesión de grabaciones de la tortura y muerte del periodista, pero no deja de ser llamativo que un país muy criticado por sus ataques a los medios de comunicación se presente ahora como el país defensor de la libertad de prensa e información.

Con el caso del tristemente asesinado Khashoggi ha vuelto a salir a relucir la doble moral y doble rasero con que Occidente visiona y reacciona ante muchos acontecimientos internacionales. Ha transcurrido casi un mes desde que el periodista saudí desapareciera en Turquía y pese al reconocimiento oficial saudí de que fue asesinado, no ha habido más exabruptos que los de Alemania y de EEUU, porque todo lo demás han sido reacciones de los principales partidos de la oposición como la de los laboristas en Reino Unido, que han solicitado a Theresa May que corte el suministro de armamento. Pero el Foreign Office ha descartado cualquier tipo de sanción a Arabia Saudí. Los dirigentes europeos anteponen claramente los intereses económicos y comerciales a los cacareados valores y principios europeos sobre los que se construyó la UE y que solamente son rememorados cuando se trata de meter el dedo en el ojo a Rusia, por ejemplo.