Carlos Penedo. Columna de opinión publicada también en Estrella Digital.

Tres criterios universales para analizar un asunto complicado: tomar perspectiva, distancia; compararlo con casos similares; y el tercero es aplicar el mismo sistema en el análisis que normalmente utilizamos con otros de la familia.

Ahora empleemos la plantilla al aparente compromiso de duplicar el gasto en defensa en España, aparente compromiso porque se dice que es una imposición de la OTAN -de la que formamos parte y donde se aprueban las cosas por unanimidad; algo parecido a destinar un 2% del PIB se acordó en una cumbre de 2014, porcentaje que nadie cumple excepto Reino Unido y la Grecia de las cuentas quebradas- y aparente porque aparentemente el Gobierno Rajoy ha asumido el objetivo.

Perspectiva: tomemos en esta ocasión distancia temporal. Dice la ministra del ramo que el objetivo es duplicar el presupuesto en siete años (estaremos entonces en 2025), pero será menor el crecimiento en los primeros años y más acelerado en el arranque de la próxima década, con lo que aplaza el cumplimiento a la legislatura 2020-24, hoy se vende el compromiso (caso similar a lo que parece estarse fraguando con la equiparación salarial de las fuerzas policiales con el que más gane) y el que venga que aplique.

El horizonte temporal es aún más amplio que el sugerido por De Cospedal. Resulta que los grandes programas de armamento con el sistema seguido en los últimos años se comienzan financiando a coste cero para las empresas con ayudas de I+D que concede el Ministerio de Industria y se cargan con fuerza en el Ministerio de Defensa cuando éste recibe el grueso del material pasadas dos décadas, por tanto las decisiones que hoy se tomaran de adquisición serán un problema financiero serio para Defensa en 2038.

Comparación: se cuenta con la experiencia acumulada en los grandes programas que hoy asfixian los presupuestos del Ministerio de Defensa, cuya decisión político-industrial se tomó... pues allá por las dos legislaturas de José María Aznar como presidente del Gobierno, entre 1996 y 2004. Tanto interés hubo en poner en marcha aquellos programas que incluso el consejo de ministros tomó no pocas decisiones y se firmaron contratos con el Gobierno en funciones, entre las elecciones y la toma de posesión de Zapatero.

La comparación de ciclos inversores nos aclara que al larguísimo plazo de financiación de los programas de armamento se añade el larguísimo plazo de desarrollo de esos materiales, con lo que fácilmente puede pasar entre ambos medio siglo, de donde se deduce que tenemos unos ejércitos equipados con criterios anteriores a la caída del muro de Berlín.

La comparación con otros países nos lleva a un método homogéneo de medir el gasto militar, que puede ser el de la OTAN o el del sueco SIPRI, y en ambos casos calculan el gasto de todo el Estado, aquí de nada sirve distribuir o camuflar el presupuesto entre varios ministerios. Y otra consideración de importancia es que se habla de porcentaje del PIB, por lo que en una década si la economía crece a un 2% anual sumará un 20% añadido a lo que se anuncia que va a crecer el presupuesto de Defensa, que debería ser entonces del 120%.

A todo esto, es importante añadir la dimensión militar, de defensa y seguridad de la Unión Europea, que parece avanzar por el impulso político de los últimos meses, y según se dice lideramos en compañía de otros. Si se amplía una política común o coordinada en asuntos militares tendrá una repercusión en el presupuesto, quizá hasta un ahorro, dependiendo de lo que cada uno haga y lo que decidan los aliados comunitarios a 27 ó 28.

Perspectiva temporal y comparación europea, requieren los dineros de la defensa.

Mismo sistema de análisis: si cualquier ministerio o área de la Administración pública pide que se duplique su presupuesto la pregunta que surge en automático es para qué. Las cuentas de Defensa o la desinformación de Putin no pueden tener un apartado propio para juzgarlos, habrá que aplicar la lógica racional que utilizamos en todos los casos de recursos públicos y en la comunicación impulsada por jefes de Estado (o de Gobierno).

El presupuesto del Estado español en asuntos militares y de seguridad principalmente exterior dependerá de las necesidades que se tengan, hoy y en 2038, a su vez una consecuencia directa de las amenazas que se quieran cubrir o enfrentar. La reciente Estrategia de Seguridad Nacional no aclara el asunto. Habrá que estar atento a las explicaciones que ofrezcan luz sobre si la ciberdefensa es más costosa que las fragatas antisubmarinos nucleares de la URSS, por ejemplo. Si nos logran convencer de que la desinformación es una amenaza militar, con el coste de un caza de combate se podrían contratar 150 periodistas barra profesionales de la comunicación durante 25 años.

Nada de lo anterior se dirige contra la decisión de duplicar el gasto en Defensa, es imposible juzgarlo, se critica aquí el procedimiento. Si no hay explicaciones será porque no se tienen argumentos o no se desea compartirlos, y entonces la lógica general dice que las decisiones serán fruto de la inercia de lo que ya se ha hecho en el pasado, de la fuerza de los intereses industriales y del corporativismo dentro de cada uno de los tres ejércitos y de las Fuerzas Armadas que los agrupa, en proporción distinta entre los tres factores que para calibrar con decimales y porcentajes requeriría darle otra pensada.