Anwar Zibaoui/economiadigital.es

 

Todavía no se sabe si la tragedia que provocó la caída del avión de la compañía EgyptAir en el Mediterráneo, mientras volaba desde París a El Cairo fue accidental o atentado terrorista, pero independientemente de las razones, lo cierto es que va a afectar en el proceso de recuperación económica. 

Este es el tercer accidente aéreo sufrido por Egipto en menos de un año, es casi seguro que disminuya el interés internacional en un momento que el país necesita desesperadamente más turistas y más ingresos en un sector que representa el 11,3% del PIB, el 14,4% de ingresos en moneda extranjera y el 12%  del empleo registrado. Es la primera gran industria del país.

El terrorismo es el enemigo más peligroso para el turismo. Al golpear este sector se daña la estabilidad política y económica, los ataques de grupos terroristas, ahuyentan la inversión, aumentan las tasas de desempleo, el malestar y el caos y allanan el camino a estos grupos para reclutar.

La dependencia del turismo no es sostenible durante períodos tan volátiles. Desde mediados de los 90, el turismo ha apuntalado la economía egipcia durante tiempos difíciles, un hecho que ha ayudado a que se mantenga a flote. Los ingresos turísticos favorecen la distribución nacional de la riqueza, constituyen un elemento de estabilidad económica, juegan un papel esencial a la hora de corregir los desequilibrios de la balanza de pagos y desempeñan un papel dinamizador de la economía local a través de la venta directa de productos del país.

El sector, después del atentado del Metrojet ruso, ya viene sufriendo unas consecuencias graves que han  impactado en una caída del 99% de turistas rusos, un 35% de Europa Occidental ,un 29% de Oriente Medio. 

Egipto proyecta recibir 10 millones de turistas en 2017, que generarían  12 mil millones de dólares en ingresos. Unos 9 millones de turistas visitaron el país el 2014, pero todavía se está por debajo de los 14,7 millones en 2010.

Desde el levantamiento de enero 2011 que derrocó al ex presidente Mubarak, Egipto ha sufrido una inestabilidad política sin precedentes, atrapada entre la autocracia, la teocracia y el radicalismo. 

Egipto vive un periodo difícil con problemas internos, y rodeado por el terrorismo en el Sinaí, la guerra en Libia, la secesión  del sur de Sudán , la crisis del agua del Nilo con Etiopía y, por último pero no menos importante, el conflicto  de Yemen. 

Sin embargo, Egipto ha permanecido hasta ahora inmune al caos, los conflictos destructivos y las guerras sectarias. Como ocurrió en Irak, Siria, Yemen y Libia, parece que se busca por otros medios golpear los tímidos intentos de restaurar la estabilidad del país.

Con un PIB de 270 mil millones de dólares y una población de 85 millones, la economía egipcia se basa en tres pilares sensibles: los ingresos del Canal de Suez, las remesas y el turismo, combinados con el apoyo internacional.

Para la estabilidad de Egipto y la región, el éxito de un modelo democrático sigue siendo la mejor solución siempre que se consiga a través de acuerdos políticos en un entorno pacífico donde participan todos. La exclusión de un partido político y su amplia base popular dará lugar a la aparición de una generación de radicales, porque han perdido la confianza en el cambio democrático y en un futuro mejor.

Las llamas que intentan encender los extremistas aprovechando estas debilidades y la brecha entre los componentes de la población egipcia, si avanza, podría afectar toda la región y la vecina Europa, se bebe actuar de forma rápida. Egipto es el mayor país árabe y el más poblado, es la referencia para el cambio en Medio Oriente.

Aparte de la situación política, Egipto necesita crear 10 millones de puestos de trabajo hasta el 2020. Los planes para aumentar el gasto público, la inversión en el canal de Suez y las industrias clave de creación de empleo podrían ayudar pero son insuficientes.

El desafío será conseguir la transformación radical. En particular, fortalecer el sistema judicial, la protección del derecho de propiedad, la corrupción, la burocracia, el papel del sector privado y simplificar los procedimientos para la inversión. El país tiene todos los componentes necesarios para consolidar una economía y ser una  gran potencia regional: Recursos, Personas, Dinamismo, Espíritu empresarial, Ubicación y vínculos globales y regionales.

El país del Nilo se encuentra en medio de una etapa abierta a todos los escenarios y deberá enfrentarse a retos importantes como acelerar la reforma política y ganar la carta económica donde se juega el futuro, pero se necesita el apoyo internacional. Millones de egipcios esperaban que el cambio les abriera el camino a una vida mejor, pero ahora la mayoría están cansados de 5 años de vaivenes.