F. Javier Blasco. Coronel (retirado)

Pie de foto: Pedro Sanchez con su jefe de gabiente, Iván Redondo

Tengo la certeza de que todo el mundo conoce el significado de esta palabra; pero por si hubiera alguna duda o por sí busca en el diccionario su significado, se encontrarán con dos acepciones que definen este vocablo y que paso a copiar literalmente: “Cosa que se considera buena y que se consigue por poco dinero o con poco esfuerzo” o “Situación ventajosa o favorable”.

De la observación de ambas definiciones se desprende que este coloquial palabro se refiere exclusivamente a las cosas o a determinadas situaciones; pero el acervo popular, que es el mayor y el más hábil y completo de todos también lo hace extensivo a las personas que por su naturaleza, capacidades o predisposición suelen ser facilonas y complacientes; que siempre están dispuestas a favorecer a todos los que le rodean para congraciarse con ellos sin entrar detalles de los costes o desgastes individuales o colectivos que ello suponga y que siempre encentran una justificación a los pasos que dan en dichos extraños vericuetos aunque pudieran ser en falso.

Todos tenemos o conocemos a una persona o varias a las que les podemos calificar de chollo esa que nos facilita todo, ampara, esconde y alegra nuestros anhelos encontrando fáciles soluciones, atajos y apaños aun en situaciones de cierta dificultad o difíciles de explicar. Aquellos que nos suelen perdonar todo en aras de que sigamos cercanos a ellos en busca de su falsa vanagloria y que en realidad tiene más de egocéntrica y narcisista que de mecenas, concordia y conciliadora.

En España, hay muchos que han encontrado en Sánchez su chollo oficial o particular; principalmente, aquellos partidos políticos y medradores que si no fuera por él y sus poco sopesadas y demasiado graciables componendas, jamás verían cumplidos sus deseos nada serios, nefastos, antipatrióticos o deleznables por perseguir objetivos espurios que, insisto, sólo se consiguen dando cierto apoyo a aquel que siendo un incapaz, poco formado y muy alejado de la realidad; necesita ser halagado, manoseado y baboseado para así poder seguir ocupando el lugar y el sitio desde donde pueda forzar situaciones de privilegio para sí, u otorgar prebendas para los más cercanos y allegados.   

Un hombre que no dudó en buscarse componendas y falsos argumentos para presentar una moción de censura apoyada en forzados e interesados comentarios personales de un juez de su cuerda -por cierto, ya compensado- a los que no se dudó en darles todo viso de oficialidad para transformarlos en situación de emergencia, vergüenza y hasta de urgencia nacional.

Para hacerlo más patente y claro buscó el apoyo de lo más granado del elenco político (populistas, separatistas, golpistas y filo terroristas) acogiéndolos bajo su mantoa cambio de ignominiosas prebendas, acuerdos y tratos bajo mano sin inmutarse un pelo y en contra de lo que había movido a su partido a hacerle una moción particular para echarle por la gatera de la cochera solo unos meses antes de que de forma engañosa volviera a recuperar la posición perdida, haciéndose el ofendido, mal entendido y prometiendo ser bueno hasta la próxima ocasión.  

Han pasado nueve meses de gobierno rodeado de los necesarios ministros y ministras para hacerle su caldo gordo, sin que para ello reparara en sus historiales legales y problemas con hacienda, la declaración de sus propiedades u ostentando la dirección o con participaciones en extrañas empresas para pagar menos impuestos en negocios nada claros o bastante oscuros dentro de la mínima e intrincada legalidad.

Una persona en la que todo es un Fake en sí mismo y en su entorno personal, universitario y laboral; al que le hicieron una tesis doctoral llena de plagios, le regalaron un Cum Laude como al que le dan un premio en una tómbola ferial y le han escrito dos libros en los que aparece su nombre como autor sin serlo de verdad (en el ultimo, reconocido en la contraportada).

Dominado por sus colegas de moción, muñeco de paja y trapo a su entera disposición y dispuesto a tragar con todo aquello que se le demande o exija para poder seguir un día más disfrutando de un nuevo colchón, del personal, locales, palacios y medios aéreos del Estado a título oficial o personal y con las posaderas asentadas en el sillón monclovita figurando ser un hombre de Estado dentro y fuera de España aunque, a pesar de sus grandes, costosos  e inútiles viajes sin agenda -en busca de fotos de álbum personal- nadie le toma en serio ni cuentan con él para algo de peso y enjundia dentro y fuera de la OTAN, en el Continente americano y la misma Unión Europea.  

Sus trampas, dimes y diretes con todos sus saprofitas amigos y partidos “coaligados” -por mucho que lo niegue- al contar con tan pocos diputados propios han dado de sí, lo que han dado. Por ello, a los nueve meses y al verse pillado, sin presupuesto y más que retratado en varios pérfidos frentes y patrañas por aquellos mismos que le venían apoyando a cambio de vergonzosas cesiones y oscuros benéficos, no ha tenido más remedio que convocar elecciones.

Ha intentado pasar de puntillas por una campaña electoral pretendida por sus asesores como de perfil bajo, más bien plano y poco arriesgada por ser todos ellos conscientes de su poca capacidad, mala formación, grandes problemas personales, de su irrefrenable y abrupto carácter, poca memoria y mínima contención verbal y gestual. 

Así, han intentado de todo para no tener que asistir a debates colectivos y menos cara a cara, yendo incluso contra su propia teoría cuando jugaba de líder en la otra división, la oposición. Al final, no han tenido “más remedio” (Sánchez dixit) que ir a dos debates seguidos y eso que ambos lo han sido en terrenos conquistados o propicios y con moderadores muy acomodados con la causa socialista o, al menos, bastante contrarios al centro-derecha.   

En ambos, no hemos vista nada nuevo, solo un pobre hombre que se confirma que sigue siendo el mismo magullado, sudoroso, trabado; sin hilo ni batalla, salvo para negarlo todo, empeñado en no contestar a nada comprometido, repetitivo, mal leyendo sus “desatinos”, descartando temas importantes y de futuro, mintiendo sin cesar y para colmo, mostrando unos hechos falsos cual pruebas irrefutables como la fotocopia de la carta de un particular, mostrándola como la “prueba de la persecución” de genero de la Junta andaluza gobernada por el PP y C’s desde hace cien días.

En definitiva, al seguir con su negativa a hablar ni a negar con claridad, dejó manifiesto testigo por omisión, que, tras las elecciones del próximo domingo, está dispuesto a seguir siendo el urdidor de apoyos y acuerdos oscuros, sin luz ni taquígrafos con los mismos que le han permitido estar en la Moncloa hasta el día de hoy.

Sólo faltaba verle apoyado y agradecido en el urdidor de sus planes y dictador de los presupuestos, correa de enlace con delincuentes y presidiarios, Iglesias; quien se nos presentó muy comedido, semi investido de "curilla arrepentido" por sus aparentes graves y malos pasos dados en sus años juveniles, reconvertido en un fiel defensor y buen interprete de la Constitución. Si, de la misma Constitución a la que tantas veces ha pisoteado, ofendido y quiere cambiar totalmente aun hoy. 

Quien como colofón a su despropósito y la impostura colectiva de ambos congéneres se nos presentó, igual de mal vestido para la ocasión, cómo el adalid de la mesura, la prudencia y la educación. El mismo hombre ni más ni menos, del que como todos sabemos, ha sido el inductor y director de numerosos escraches, ofensas y ataques a las fuerzas del orden y el protagonista de un beso entre hombres en la cámara de las Cortes de esta nación. Hay que ver lo que parece que le pesan las broncas en casa y el pago de las letras de su casoplón.

Para colmo de estulticia y del puro cinismo puso la guinda a sus dos paupérrimos días, corrigiendo el error del primero, saliendo personalmente a los micrófonos de la prensa tras pasar el mal trago, luciendo su impostada cara de satisfacción por lo bien que le había ido todo (aun habiendo perdido por goleada), agradeciendo “a la cadena” la ¿mano prestada? y poniendo de manifiesto que estos eventos, de los que él tanto renegaba, no eran tan malos –tras no salir en camilla del mismo- y los encontraba beneficiosos para todo aquel que quisiera aguantar tal bodrio y ladrillo durante más de dos horas y hasta entrada la madrugada en un día laboral. La mayoría, a esas horas, ya estábamos en los brazos de Morfeo, cuando pronunció tales palabras.

Veremos, si Dios no lo remedia y los números le dan para ello, cuantos disgustos y gastos nos cuesta el que Sánchez siga ostentando ese título tan poco nobiliario de ser el Chollo nacional o el tonto útil para todos aquellos que quieren romper España y llevárselo al talego a costa de nuestros esfuerzos y ahorros para, además dejar el solar patrio roto y a trozos cual frágil melón. Y todo ello por el mero agradecimiento de un poco más de gloria individual -aunque sea totalmente vacía- y a costa de la segura ruina colectiva para España un día que muy pronto llegará. Al menos, si él sigue en la Moncloa, tendremos el chollo de ahorrarnos comprar un nuevo colchón.