Anwar Zibaoui 

El mundo apenas ha salido de la grave crisis del 2007-2008 cuando numerosas amenazas nublan el horizonte. Aumentan las desigualdades, las crisis migratorias, el ultranacionalismo y el populismo, como en EEUU con Trump o en Francia con los chalecos amarillos. Es preciso desarrollar un nuevo contrato social para restablecer la confianza entre el Estado y los ciudadanos.

Se discute sobre los beneficios y desventajas del libre comercio y la globalización, y las tensiones nos pueden llevar a guerras comerciales, siendo EEUU, la economía más grande del mundo, quien más critica el orden económico que ayudó a establecer.

Pero la globalización es un fenómeno que se puede gestionar, combatir sus efectos perversos y sus desigualdades.

El mundo ha alcanzado un punto de no retorno. Somos testigos de la globalización de los datos, de la educación, del conocimiento, del talento y de las ideas. Aparecen nuevas oportunidades, y han surgido compañías como Apple, Amazon y otras que comparten su conocimiento a nivel global, y generan billones de dólares.

Desde 1990, el comercio mundial se ha cuadruplicado, y el PIB mundial se ha duplicado. Como resultado, el número de personas que viven en la pobreza extrema se había reducido al 10%. El volumen total del comercio en 2017 fue de 17.700 billones de dólares de los cuales 6.300 billones de intercambios entre Norte-Norte, el mismo volumen que entre Norte-Sur. La internacionalización conduce a una globalización, pero también a una regionalización de sectores que se benefician de la ventaja de la proximidad geográfica y la complementariedad económica.

El comercio y la inversión son motores para el crecimiento, la innovación, y el empleo. Está reconocida la contribución que una economía global prospera hace al sistema multilateral. Pero, incluso los más grandes defensores del libre comercio saben que para que el sistema internacional fomente la cooperación y la competencia, y evite guerras comerciales o militares, es necesario que las instituciones creen mecanismos para fomentar la cooperación, coordinación e incluso integración, así como en la resolución pacífica de disputas. Es evidente que el sistema actualmente no cumple con sus objetivos. La OMC es inadecuada, su reforma es necesaria para mejorar su funcionamiento e impulsar el progreso.

No hay mejor comercio que el de la acción correcta. Él comercio, no es un arma sino una fuerza para un crecimiento inclusivo que erradique la pobreza porqué la actividad económica debe ser un verdadero instrumento de paz y prosperidad.