Javier Fernández Arribas

Con la globalización, todo lo que ocurre en cualquier lugar del mundo, nos afecta y nos debe interesar. Conocemos en directo casi todo lo que ocurre, sabemos al segundo lo que pasa e inmediatamente podemos tomar decisiones y formarnos una opinión. Pues conocido buena parte de lo que más interesa, aunque no siempre lo que realmente es trascendente y relevante gracias a las nuevas tecnologías y a las redes sociales, es más que deseable que apostemos porque nuestra lengua, el español, tenga más hablantes en el mundo.

La lengua y la comunicación son esenciales para el conocimiento, la convivencia, los negocios y el bienestar, entre otras muchas cosas; por eso iniciativas como la del Instituto Cervantes y de la Fundación Mujeres por África de extender el aprendizaje del español en África es algo imprescindible para el más inmediato presente y futuro de España y del continente africano. Juan Manuel Bonet, director del Cervantes, y María Teresa Fernández de la Vega presidenta de la ONG Mujeres por África tienen razón: África ofrece múltiples oportunidades, si le añadimos el empuje de las mujeres y el poder de la lengua nos encontramos con fórmulas contundentes para mejorar la situación de países africanos con sociedades ávidas de subirse al tren de la educación y del desarrollo.

Nos sorprende un dato que se conoce poco: “en el África subsahariana hay millón y medio de personas que estudian el español”. No estamos hablando del norte del Magreb, del Sáhara, de Guinea Ecuatorial, nos referimos a uno de los lugares del mundo que pugna por salir de la miseria, por encontrar oportunidades que eviten tener que enviar al más fuerte y capacitado de la familia en busca de El dorado europeo de la mano de las indeseables mafias de trata de seres humanos, esa región de África que necesita que le enseñen para progresar más que le den de comer por caridad mal entendida.

Los recursos del continente africano han sido redescubiertos por las superpotencias como China y Estados Unidos, sustituyendo en múltiples casos a los antiguos colonizadores franceses y británicos. Pero el resultado es el mismo: se explotan sus recursos, pero no se les permite una industrialización que signifique un desarrollo económico clave para la creación de empleo y riqueza. España tiene mucho que hacer en África. Hay iniciativas que así lo atestiguan y que invitan a intensificar la inversión, los recursos, la atención y la colaboración con África.