Anwar Zibaoui

Pie de foto: La región no puede vivir al borde de la guerra de manera permanente, con sus gobiernoS usando a sus ciudadanos como rehenes

Aunque el mundo todavía sufre las consecuencias de la guerra del golfo en Irak, Donald Trump, que se ha retirado del acuerdo sobre el programa nuclear iraní, endurece la posición de EEUU. Se espera que una segunda ola de duras sanciones contra Irán empeoren aún más la situación.

La crisis actual en el Golfo no es un acto pasajero, ni un problema solo entre Washington y Teherán, o Israel e Irán. Refleja la profunda crisis entre Irán y Arabia Saudí. Y la cambiante e ineficaz posición política europea en las negociaciones con Irán. Lo local y lo regional se superponen con lo internacional.

La lucha regional entre Teherán y Riad se complica. Está en juego el control del estratégico estrecho de Bab Al-Mandeb, el paso hacia el canal de Suez, por donde pasa la mayor parte del petróleo del mundo. Y en esta batalla, Yemen, un estado ya empobrecido, es empujado hacia un colapso de su economía, se ensancha la división sectaria, aumenta la inseguridad y el vacío político, mientras su gente muere.

Irán vive una grave crisis interna y una complicada situación externa. La tensión con Occidente es clara. El desempleo y el coste de la vida crecen. La economía se ha visto perjudicada por las políticas exteriores, los persistentes problemas estructurales, y el acceso a la financiación internacional y la corrupción. Además, con el acuerdo nuclear constantemente bajo amenaza de revocación, los bancos y empresas internacionales no se establecen en Irán. Todos estos problemas han persistido desde que el modelo implantado por la república islámica llegó al poder.

Inestabilidad

Al salir del acuerdo nuclear y vincular a Teherán con grupos terroristas, EEUU desencadena inestabilidad y cuestiona la intervención iraní en Siria, Yemen e Irak. Por su propio interés, Irán no puede abandonar el acuerdo nuclear, independientemente de lo que ofrezca la UE o de las sanciones que impone EEUU.

Para reducir la presión actual, hay que impulsar un diálogo regional. Restablecer la confianza y el respeto mutuos podría resolver los problemas regionales. Con la riqueza que existe en esta región, con su historia, la gente merece una vida mejor y pacífica.

La región no puede vivir al borde de la guerra de manera permanente, invadiendo fronteras con misiles, milicias o aviones voladores, y usando a sus ciudadanos como rehenes. Es preciso abrir canales, regresar a la mesa de negociaciones y dejar de cambiar mapas y agotar la riqueza.

El enfrentamiento entre EEUU, Israel y Arabia Saudí con Irán parece el preludio de una guerra, que será costosa para toda la región. Es necesario encontrar una solución pragmática, restablecer las relaciones de vecindad y gestionar los enormes recursos de la región para mejorar la vida de sus ciudadanos.

No parece que a Trump o al régimen iraní les convenga una guerra. Pero la situación se podría deslizar hacia otro conflicto sangriento por casualidad, o quizás fabricado, si los partidarios de la línea dura en EEUU, Irán, Israel y Arabia Saudí ganan la partida.