Anwar Zibaoui. Experto en economía y relaciones internacionales.

Pie de foto: El presidente de Turquía Recep Tayyip Erdogan habla en un mitin en Estambul. Erdogan tiene que rectificar algunas estrategias y consolidar una unidad con la oposición y la sociedad./ REUTERS / MURAD SEZER

 

La noche del 15 de julio del pasado verano, y por primera vez en la historia turca, el pueblo venció a un golpe militar. La gente eligió estar en el lado de la democracia y dejó claro que cualquier cambio tiene que ser a través de las urnas y no los tanques. La sociedad ha cambiado. La era de los golpes había llegado a su fin trascurridos 36 años desde la asonada de los generales de 1980, que dejó el país hundido y la economía colapsada.

La gestión del posgolpe es compleja. El presidente tiene que recuperar un país mirando al futuro. Es necesario rectificar algunas de sus políticas y consolidar una unidad con la oposición y la sociedad, que fueron factores claves para derrotar a los golpistas.

Otros fines

Pero, en algunos aspectos se ha utiliza el golpe para otros fines y es que Erdogan no perdona, se ha movido rápidamente para purgar a miles de soldados y generales y sobre todo a los seguidores de su exaliado Fethullah Gülen a quien Erdogan acusa de ser el principal instigador del golpe. A Gülen le siguen cientos de miles de devotos y tenía gran poder entre la policía y los jueces, las finanzas, la educación y la prensa. Esta purga está creando divisiones en la sociedad y con la oposición democrática .

La represión preventiva no es la opción inteligente para mantener la unidad. Turquía necesita reflexionar sobre las causas de la situación actual. No se debe excusar de ninguna forma a los instigadores del golpe, pero hay que juzgarlos de acuerdo a la ley. El presidente debería considerar las grietas que el golpe ha provocado. Erdogan es posiblemente el presidente más popular de Turquía. Pero su estilo ha servido para polarizar el país. Y lo mismo pasa en el exterior.

Turquía revela una serie de profundas contradicciones. La historia no es solo una elección entre velo o no. Entre Ataturk, Erdogan o Gülen. Entre secular o islámico. Entre kurdos y turcos. Demasiados enfoques contradictorios y conflictivos. Aunque se logró imponer una forma de estabilidad y desarrollo, todavía falta mucho por hacer para conseguir la igualdad entre todos los componentes.

El país se enfrente a muchos peligros: la campaña de terror de Daesh, la situación económica, la insurgencia kurda del PKK, la intervención en la guerra en Siria y los millones de refugiados, las relaciones con Rusia, EEUU y la UE.

Un actor importante

La situación estratégica convierte al país en un actor importante para la estabilidad mundial en una región que está sobre un barril de pólvora, las tensiones políticas y el terrorismo están en niveles insostenibles y ninguna gran potencia se ha comprometido a apagar el fuego y alejar las llamas. EEUU, el gran actor durante décadas, ha abandonado su responsabilidad mientras se extiende el fuego hacia otras regiones vecinas como Europa.

El golpe en Turquía ha unido a la gran mayoría de los turcos a corto plazo. Pero para el largo plazo, hay que reconocer la realidad: el país está dividido.

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