Roberto Mateos

Esta semana, en un discurso ante el Consejo de Seguridad en Nueva York, el representante especial de la ONU en Yemen, Ismail Uld Sheij Ahmed, pidió un cese de la guerra en Yemen, afirmando estar trabajando en "medidas" encaminadas a facilitar las negociaciones de paz.

Estas peticiones del cese del conflicto por parte de la ONU, no parecen ser escuchadas por los actores (locales e internacionales) involucrados en el mismo. La falta de interés de unos y otros por encontrar una solución pacífica, no hace más que propiciar el aumento de la violencia, que ya se ha cobrado la vida de más de 15000 personas con varios millones de desplazados que han tenido que abandonar sus hogares.

Con un futuro incierto, tras 2 años de conflicto entre el Gobierno del presidente Hadi, apoyado por Arabia Saudí, y los huties, que cuentan con el respaldo de Irán y las tropas leales al ex presidente Saleh, Yemen se ha convertido en un estado fallido en el que reina el caos, la desolación, la pobreza, el terrorismo y la muerte.

La situación geográfica de Yemen, es considerada desde hace muchos siglos como un punto estratégico, hoy en día esta situación crea un conflicto de intereses para los países productores de petróleo de su entorno, pues es paso obligado para su distribución y de estar gestionado por los rebeldes podría repercutir negativamente en las relaciones económicas con los países receptores.

Pese a esta ventajosa situación, Yemen es el país más pobre de los países árabes y uno de los más pobres del mundo, según la ONU cada 10 minutos muere un niño de inanición, por otra parte con el 55% de los centros de salud in-operativos , la falta de agua corriente en la mayoría del país ,causada por la caída del sistema eléctrico, y el casi nulo acceso a los medicamentos básicos, ha propiciado un terrible brote de cólera, diseminado por todo el país, que de no solucionarse, cuenta con varios miles de fallecidos hasta la fecha y una previsión de un millón de afectados a finales del presente año.

Sumado a este desolador escenario, la población yemení sufre constantes ataques aéreos, que se han intensificado en los últimos tiempos, según varias fuentes, estos ataques son perpetrados por parte de las Fuerzas Aéreas sauditas y por parte de estados Unidos con la utilización de drones. En cuanto a la polémica sobre el armamento distribuido en la zona, Amnistía internacional informa que pese a las numerosas noticias sobre comportamientos temerarios en Yemen y sobre las devastadoras repercusiones que las violaciones graves del derecho internacional están teniendo sobre la población civil, muchos países han continuado vendiendo y transfiriendo armas a Arabia Saudí y a otros países miembros de la coalición para su uso en el conflicto, además se han desviado armas que han acabado en manos de las fuerzas hutíes y de otros grupos armados que luchan en Yemen.

También las mafias y la piratería tienen su participación en la desolación del país, miles de inmigrantes, en su mayoría africanos, atraviesan Yemen cada año con el objetivo de alcanzar alguno de los países del golfo Pérsico, mientras otros son abandonados a su suerte, arrojados al mar cerca de sus costas debido al miedo de los traficantes a ser detenidos por las autoridades. Se estima que alrededor de 55.000 inmigrantes han realizado la travesía marítima entre África y Yemen en lo que va de año.

El terrorismo también ha supuesto un azote para este devastado país, Al Qaeda y sus filiales por un lado y Daesh por otro, parece que compiten por la titularidad del territorio. La precaria situación del país ha influido en la proliferación de estos grupos, ambos ven Yemen como la cuna del califato, la situación geográfica del país, la capacidad de reclutamiento y la posibilidad de recursos hacen de Yemen un país ideal para sus fines, esta situación se traduce en múltiples atentados por partes de ambos grupos que desestabilizan aún más el país y aumentan la inseguridad de la población. Es de destacar, según fuentes gubernamentales americanas, que, entre estos grupos, rivales entre sí, existen colaboraciones puntuales cuando se trata de luchar contra el gobierno del país.