Jamal Mandri. Profesor y secretario general del Partido Unión Marroquí para la Democracia

Lo que está sucediendo en el norte de España enfatiza la necesidad de rexaminar el orden mundial predominante para poder establecer puentes entre los países, y hacer que la soberanía del estado sea capaz de garantizar la seguridad regional e internacional a fin de proteger el equilibrio y el bienestar social de las personas, y conseguir la descentralización poniendo fin al centralismo, para establecer el regionalismo y el autogobierno, todo esto con el fin de fomentar los derechos humanos, lograr la justicia social y reducir el individualismo y la fuga de capitales.

La independencia proclamada por el Gobierno de Cataluña no es de extrañar, puesto que encarna el conflicto entre los republicanos y los monárquicos, el primero conducido por el etnicismo, mientras que el segundo por el humanismo. Es un conflicto que se encuentra arraigado en la sociedad española a través de una tendencia religiosa que se remonta a los siglos XIV y XV bajo el lema de las Cruzadas contra los judíos y musulmanes, todos hijos de la nación española y portuguesa, un conflicto que tuvo repercusiones de carácter social y económico que llevaron a la expansión del fenómeno migratorio tanto al sur como al norte; los flujos migratorios hacia sur han sido inducidos por miedo a la inquisición, y las del norte estimulados por las investigaciones y los descubrimientos geográficos durante los siglos XVI y XVII.

En los siglos XVIII y XIX estalló la Guerra Civil en España entre los republicanos y los monárquicos que duró más de 50 años, en realidad, era un reflejo de la guerra de las cruzadas y de la migración que se promulgó desde el siglo XIV hasta el siglo XVII. Una situación que originó una fractura y disolución de los vínculos sociales que unían la nación española y portuguesa. Las circunstancias históricas, el extremismo religioso y el nacionalismo han sido los principales factores que favorecieron el estallido de la Guerra Civil en España. Mientras que en Marruecos y en Latinoamérica, los moriscos jugaron un papel importante tanto en la transmisión de la civilización como en la convivencia de los musulmanes con los judíos de la misma nación, conservando cada uno de ellos sus propias señas de identidad religiosa y su estatus social.

No obstante, lo que actualmente está sucediendo en el norte de España viola los principios de democracia, debido a la tendencia extremista capitalista que dio lugar a una violación de la Carta Constitucional que une las comunidades autónomas con las competencias de la descentralización. No sirvieron de nada las concesiones y privilegios de los cuales disfrutaba la comunidad catalana y los lazos sociales que unían a toda la sociedad española, bajo la unidad económica y social de la nación española.

Ni el desarrollo económico ni las peculiaridades lingüísticas, en un sistema democrático, han de ser considerados como razones concluyentes para la desintegración y la separación, dado que el objetivo ha de ser la prosperidad. A través de la unidad y la solidaridad entre las personas del mismo entorno se define lo particular en relación con lo general (la comunidad autónoma por y para el gobierno nacional). Lo que está pasando en el norte no es una llamada a la proclamación de la independencia de Cataluña como se cree en la dicha comunidad, sino más bien, una llamada del sistema humanitario a establecer vínculos entre el continente europeo y el continente africano.

Las monarquías inglesa, española y marroquí, en este momento tan histórico y crucial, han de imponer el cumplimiento de la virtud humanista del ser humano, y así adelantar a Turquía quien, sin contar con ninguna colaboración de los demás países, consiguió servirse de puente entre el continente asiático y el continente europeo. Hemos de unir el norte con el sur para trabajar codo a codo y superar la visión binaria, y por consiguiente, garantizar la cooperación conjunta entre el hombre europeo y el hombre africano, al establecer infraestructuras más sofisticadas, y crear un puente continental sobre las tierras de Gibraltar para facilitar el intercambio de personas y la transferencia de capitales, y así, la historia recordará como la Monarquía ha sido el garante para lograr el humanismo, la tolerancia religiosa y la convivencia de las diferentes costumbres a través de un nuevo mercado económico capaz de consagrar la virtud humanista del ser humano para hacer valer el capital humano y no el material.

La construcción del puente continental abrirá la frontera y proyectará un mercado económico entre el continente europeo y el continente africano, se incluirá Inglaterra, que se separó del mercado económico europeo, en este nuevo mercado económico, y acabará con el colonialismo tanto en Ceuta como en Melilla y en el resto de las islas, de igual modo se eliminarán las fronteras a través de la soberanía nacional, y se acabará con las diferencias sociales a la luz de la unidad y la humanidad en el mercado económico euroafricano.