Pedro Canales

El Gobierno argelino no reconoce, ni reconocerá la autoproclamada República catalana. Acaba de anunciarlo el Ministerio de Exteriores del Gobierno de Ahmed Ouyahia. Era de esperar. Nadie en su sano juicio esperaba otra cosa. El reino de Mohamed VI fue desde un primer momento claro: apoyo al gobierno español y rechazo de cualquier entidad separatista, en Cataluña o en cualquier otra región de España. Ningún Estado serio, pero tampoco los menos serios, darán cobijo ni apoyo al independentismo catalán.

Pero, ¿y el Frente Polisario? ¿Y los cubanos? ¿Y los venezolanos de Maduro? Pues tampoco. El Frente Polisario, no sólo aconsejado por Argel sino por decisión propia, sabe que tiene mucho que perder si apoya a esa “República independiente de Cataluña”. Es cierto que el movimiento independentista saharaui tiene mucho que reprochar al gobierno español, y lo hace. También es cierto que los independentistas catalanes les han apoyado mucho en estos años, les han permitido actuar a sus anchas en Cataluña. Pero no reconocerán esa “República” improvisada. Sus relaciones son con el gobierno español, que hoy no son buenas, dicen, pero que mañana pueden mejorar, esperan.

En cuanto a Cuba, tampoco reconocerán a las instituciones autoproclamadas por el independentismo. Ni siquiera teniendo en cuenta que los primeros movimientos independentistas catalanas surgieron en la Cuba de la primera mitad del siglo XX. La Habana tiene estrechas relaciones con Madrid, y cuenta con el gobierno español, cuales quiera sea su color político, para despegar en esta etapa de transición que trata de iniciar. Es posible que algún emisario de Raúl Castro envíe mensajes amistosos al ex Govern de Cataluña, pero nada más. Ni Cuba, ni Irán, ni Siria, ni Argelia, ni ninguno de los países que se sitúan en el campo llamado anti-imperialista, van a reconocer la república de Puigdemont.

En cuanto a Osetia del Sur, pues francamente yo creo que tampoco. Porque Moscú se lo impedirá, y además no tiene nada que ganar. Es cierto que Osetia del Sur abrió una “oficina” en Barcelona; pero una cosa es una “oficina” y otra muy diferente una embajada diplomática. Quizás la jugada para Moscú fue la de tener una antena en Barcelona, por si había que jugar alguna mediación.  Moscú no está contenta con el apoyo que da el gobierno español al despliegue antimisiles, pero sabe que sus relaciones son con Madrid.

Queda la incógnita de Nicolás Maduro. Hay quien piensa que, tal como están las cosas entre el gobierno de Caracas y el de Madrid, Maduro podría reconocer la “República catalana”.  Algunos lo dan ya incluso por hecho. Yo creo que no, que el gobierno venezolano no reconocerá la república de Barcelona. Podría emitir comunicados ambiguos, hacer amagos de que sí o de que no, según vengan los vientos. El litigio político y personal entre Nicolás Maduro y Mariano Rajoy, es real, y no hay que minimizarlo. Pero Venezuela es algo más que Maduro; y aunque el heredero espiritual de Hugo Chávez sea el que manda, tiene que tener en cuenta los intereses generales del país. Venezuela ocupa un lugar en el mercado mundial, en el cartel de producción de hidrocarburos, y no va a echar por la borda eso. Ninguno de sus aliados reconocerán a esa “República”, y Venezuela tampoco. Eso sí, podrá ofrecer asilos políticos a quien se lo pida, incluso proporcionar medios para que “el pueblo catalán siga luchando contra el colonialismo español”, pero de reconocimiento, nada de nada. Y si lo hay, durará lo que una tormenta de verano.