Santiago Mondéjar

Pie de foto: Una vista de la cordillera Kyrenia al norte de la dividida capital chipriota, Nicosia, con las banderas de Turquía y la autoproclamada República Turca del Norte de Chipre (RTCN), sólo reconocida por Turquía, pintada en la montaña junto a una cita del fundador de la República Turca, Mustafa Kemal Ataturk, que dice en turco: "Felices los que se llaman a sí mismos turcos". AFP/AMIR MAKAR.

Antes incluso de que la salida del Reino Unido de la Unión Europea se materialice, se comienzan a vislumbrar reajustes geopolíticos de gran calado en la zona mediterránea. Coincidiendo con las prospecciones petrolíferas turcas en las inmediaciones de Chipre, que incluyen el anunciado envió de una segunda plataforma para perforar los depósitos de gas submarinos descubiertos en la zona económica exclusiva de Chipre, el ministro británico para Europa, Sir Alan Duncan, se descolgó declarando que no se debería permitir a nadie perforar "en cualquier área donde la soberanía esté en disputa".

Esto llevó a las autoridades chipriotas a elevar una queja formal al gobierno de su graciosa majestad, y a avanzar en sus discusiones con Francia solicitando ayuda para reforzar infraestructura portuaria clave, al entender que Gran Bretaña, aliado tradicional de Chipre, está primando el establecimiento de acuerdos comerciales con Turquía como parte del Brexit, que comprometen la seguridad chipriota. A tal efecto, el ministro de Defensa de Chipre, Savvas Angelides firmó en París un acuerdo para permitir que en la base naval de Evangelos Florakis fondeen buques de la armada francesa. Este acuerdo ha de verse a la luz de las tensiones la interrupción de las negociaciones de Chipre con la empresa francesa Total y la italiana Eni cuando navíos de guerra turcos bloquearon el acceso a un barco de perforación de Eni. 

Pie de foto: Plataforma "Homer Ferrington" de Noble, en la que se realizan perforaciones de exploración de hidrocarburos frente a Chipre en la Zona Económica Exclusiva (ZEE) de la isla. - El gigante energético estadounidense ExxonMobil ha descubierto una enorme reserva de gas natural frente a las costas de Chipre, dijeron las autoridades chipriotas el 28 de febrero de 2019, un hallazgo que podría aumentar las tensiones con la cercana Turquía. PHOTO/ CHRISTOS AVRAAMIDES / PIO / AFP

Aunque el Reino Unido Gran conserva el control soberano sobre dos bases militares, Akrotiri y Dhekelia, que retuvo tras concluir la ocupación colonial de Chipre en 1960, y 70.000 británicos residen en Chipre, todo apunta a que otros actores están aprovechando la parálisis británica causada por el Brexit para posicionarse en áreas de influencia tradicionalmente exclusivas del Reino Unido, lo cual permite presumir un incremento de la volatilidad en una región de tamaño peso estratégico, y ahora también económico.  Las reservas de gas recientemente descubiertas en la zona descansan en los yacimientos Afrodita y Calypso, descubierto en Chipre. Estos hallazgos han despertado el interés de países miembros de la Unión Europea buscan alternativas al suministro ruso, lo que ha propiciado un memorando de entendimiento con participación griega y chipriota para la construcción construir un gaseoducto hacia Europa.

Poco puede extrañar entonces que la reciente intervención militar turca en aguas chipriotas, acompañadas por las advertencias inequívocas de Erdogan a terceras partes de que en caso de persistir en la perforación de gas en la costa de Chipre violarían la soberanía de Turquía, aunque al final la cercana presencia de la Sexta Flota de los Estados Unidos aguó el ardor guerrero del presidente turco. Por su parte, las autoridades chipriotas denunciaron la realización de operaciones ilegales en la zona económica exclusiva y en la plataforma continental de la República de Chipre, que acciones violan el derecho internacional y los procedimientos de seguridad marítima que suponen la comisión de delitos graves de acuerdo con las leyes de la República de Chipre, y que ya se habían emprendido acciones contra Turquía a nivel legal, político y diplomático.

Pie de foto:Mapa de Chipre. AFP/AFP/PAZ PIZARRO.

La situación resulta especialmente espinosa por la idiosincrasia de Chipre, que al declarar la independencia del Reino Unido en 1960 contaba con un 80% de grecochipriotas y 20% de turcochipriotas. Las tensiones entre ambas etnias desembocaron en un intento de golpe de estado de los nacionalistas grecochipriotas en 1974 contra Makarios, instigado por Henry Kissinger y apoyado por la Junta de los Coroneles en Atenas, que provocó un cruento conflicto civil que causó el envío turco de tropas, que materializaron la división de la isla entre un norte turco y un sur griego, el estacionamiento permanente de 35.000 soldados turcos, y la caída del régimen de los Coroneles en Grecia. En 1983 se proclamó la República turca del norte de Chipre, un estado que solo reconoce Turquía.

Los intentos por unificar Chipre, con la vista puesta en ascender integralmente a la UE, se desarrollaron mediante conversaciones auspiciadas por la ONU, pero colapsaron en 2017 en buena medida porque el giro autoritario de Erdogan lleva a Turquia (y por extensión a su enclave chipriota) a diverger de la Unión Europea, además de la negativa griega a aceptar un Chipre federal con tropas turcas en la isla. No obstante, hay poco apetito tanto entre los grecochipriotas como entre lo turcochipriotias por un retroceder a instituciones de conflicto ni interno ni con otros actores regionales, lo que permite albergar esperanzas para canalizar la disputa actual por vías diplomáticas que posibiliten la explotación conjunta de los nuevos recursos energéticos, basadas en el precedente de cooperación entre ambas comunidades cuando en 2016 sus respectivas redes eléctricas se unificaron en toda la isla.

Lo cierto es que Erdogan no cuenta con apoyos externos para sus incursiones en aguas jurisdiccionales chipriotas, y tanto Egipto como Israel, así como EEUU y la UE e incluso Rusia, han desaprobado sus acciones. Dado el notable potencial de la región en términos de reservas confirmadas que superan los 2.000 millones de metros cúbicos de gas, y la necesidad de explotar estos recursos, cuyos yacimientos pueden solaparse geográficamente, mediante fórmulas de cooperación internacional entre países limítrofes, el riesgo de conflicto que plantea el modo de actuar de Erdogan en Chipre es causa de gran aprensión entre el conjunto de actores regionales, interesados en sentar las bases para la creación de una red de infraestructura de gas regional integrada que permita desarrollar economías de escala que hagan posible y rentable el aprovechamiento de recursos situados en aguas profundas y con unas condiciones geológicas impredecibles. 

Desde esta perspectiva, la actuación de Erdogan en relación con la explotación de recursos energéticos en aguas territoriales chipriotas se antoja errática, ya que Turquía, debido a su ubicación geográfica central y su extensa red de gaseoductos que conectan con Rusia, goza de una posición ventajosa para explotar el auge de la extracción de gas natural en el Mediterráneo oriental. A las ya problemáticas relaciones de Turquía con Israel y Chipre hay que sumar la necesidad que Erdogan tiene de establecer alianzas comerciales estratégicas con Egipto, pues es en verdad este país el que será la piedra angular del desarrollo comercial de los recursos energéticos submarinos en el Mediterráneo oriental, dada su capacidad técnica y el interés mostrado por la Unión Europea para diversificar el suministro energético al objeto de mitigar la dependencia de Rusia. Por lo tanto, Erdogan tiene mucho más que ganar rebajando la retórica nacionalista hacia su cliente chipriota, esforzándose por el contrario en crear coaliciones regionales que garanticen la estabilidad y aquellas alianzas comerciales necesarias para que la explotación de los nuevos recursos energéticos mediterráneos beneficie equitativamente a todos los actores regionales implicados y aleje el fantasma de un conflicto armado que nadie puede permitirse.