Carlos Penedo. Columna de opinión publicada también en Estrella Digital.

Confirmado. Comprobado el dato. Lo había oído referido a EEUU y sucede lo mismo en España: es más probable morir fulminado por un rayo que víctima de un atentado terrorista. Digamos, de media en la última década, que en Estados Unidos son asesinados al año una decena de personas por el terrorismo yihadista, la mayor parte a manos de ciudadanos norteamericanos, no extranjeros a los que Trump pretende cerrar las fronteras cerrándosela a 220 millones de personas de siete países de mayoría musulmana.

Pues bien, el volumen de fallecidos es el triple, una treintena, carbonizados por un rayo. Cada país tiene sus peculiaridades y en EEUU la probabilidad de morir por una máquina de cortar el césped es el doble que por un rayo.

Siguiendo con la otra orilla del Atlántico, allí es 70 veces más probable morir por una mala caída de la cama que por un atentado terrorista. Si saltamos a los asesinados por arma de fuego, esta causa suma alrededor de 10.000 muertos al año.

En España hay que acudir al Instituto Nacional de Estadística, que contabiliza un sólo muerto al año según sus últimos datos por un rayo.

Siguiendo con causas no naturales de muerte, causas externas, sin contar enfermedades, la estadística incluye los suicidios (3.602 en 2016) y esto como resulta muy discutible lo obvio. En España muere una decena de personas cada año por picaduras de avispas o abejas, cifra similar por caídas desde un andamio, y es diez veces más probable morir de una caída desde un árbol.

Es aún más peligroso y más probable morir en España despeñado desde una escalera, y el fenómeno tiene interés porque suma ya 250 muertes al año y se ha duplicado en un lustro.

Unas 300 personas son asesinadas anualmente en España (292 en 2016, segundo país de la UE por la cola), la mitad que hace una década, de ellas 44 por violencia machista, que también ha bajado aunque este 2017 ha comenzado con una escalada preocupante.

Y la cifra de muertos en accidente de carretera en España alcanzaron las 1.160 en 2016.

Por supuesto que es tramposa esta mezcla de muertes no naturales con las víctimas del terrorismo.

Aunque en mi defensa, señor juez, he de decir que el terrorismo abre informativos y llena a diario páginas de periódico y los cientos de muertes por otras causas pasan desapercibidos.

¿Quiere esto decir que el terrorismo no es un problema que merezca la máxima prioridad policial y política? En absoluto.

La reducción con Rajoy como presidente de un 10% en las plantillas de las fuerzas de seguridad y los ejércitos no anula la afirmación del párrafo anterior.

Contra el argumento del rayo se puede destacar que el latigazo eléctrico no tiene objetivos políticos ni responde a organización radical violenta, no es voluntario ni participa humano en la descarga.

La reducción al absurdo eléctrico sí que puede servir para relativizar ciertas exageraciones argumentales y permanecer alerta sobre recortes y abusos de derechos como consecuencia de la lucha contra el terrorismo.

España cuenta con el dudoso récord de haber tenido durante medio siglo una organización terrorista propia (hasta su fin en octubre de 2011), de haber sufrido en 2004 el peor atentado yihadista del continente; y registramos también que desde 2009 no ha habido en el país ningún asesinado por terrorismo.

Lo que parece poco discutible es que el terrorismo se utiliza como macrojustificación de la necesidad de toda inversión en defensa y seguridad.

Y aquí entra el discurso reiterado desde EEUU, y aliados a su discurso, sobre la imperiosa necesidad de que Europa alcance de inmediato el 2% del PIB de gasto en Defensa, objetivo hoy únicamente cumplido por Reino Unido, la Grecia de las finanzas quebradas y alguna república pequeña del norte continental sin fuerza aérea. En España digamos con ánimo conservador que destinamos un 1,3% del PIB a Defensa, con lo que se nos pide un esfuerzo adicional de 7.000 millones de euros más al año.

Ahora bien, ¿en qué? ¿Personal? ¿Armamento? Si se trata de equipamiento militar, ¿armas convencionales o ciberdefensa? ¿Podríamos considerar el espacio una necesidad? Si la respuesta es afirmativa, España debería haber lanzado hace tres años el satélite Paz (que ha costado 165 millones de euros), que sigue en un hangar como consecuencia del conflicto europeo con Rusia, que es quien estaba previsto que lo pusiera en órbita.

Cabría preguntarse si en el imprescindible incremento de la inversión nacional pública en nuestra seguridad se incluye los fondos en cooperación al desarrollo, en prevención del radicalismo en suelo patrio y en el exterior; otras democracias avanzadas así lo piensan.

La pregunta no aclarada es qué justifica ese 2% del PIB en Defensa, qué amenazas, objetivos, qué adquisiciones, qué necesidades materiales suman un importe económico que representaría el 2% del PIB.

Esperemos que la próxima Estrategia de Seguridad Nacional aclare algo, al igual que la no nacida Directiva de Defensa Nacional que todo Gobierno debe elaborar a comienzo de legislatura.

Miguel Hernández, víctima de mal de amores, decía sentirse como "un girasol sumiso y amarillo

al dictamen solar que tu ojo envía: un terrón para siempre insatisfecho, un pez embotellado y un martillo harto de golpear en la herrería".

Así se nos castiga, así nos sentimos, con determinados discursos.