Zurab Pololikashvili. Embajador de Georgia y candidato a la OMT/The Diplomat

El turismo se ha convertido en el punto de apoyo de la economía de las naciones y en un mecanismo muy eficaz para luchar contra la pobreza en todo el mundo. El sector ha transformado decisivamente las diferencias culturales en alianzas y ha abierto nuevas oportunidades para todos. Nos encontramos ante fenómenos sociales y culturales que están reestructurando esta industria, y es importante que entendamos y nos adaptemos a estos cambios.

Hoy en día el turismo tiene muchas dimensiones, impensables hace sólo una década: enoturismo, spa-turismo, turismo deportivo, de salud, rural… Esas nuevas dimensiones se están desarrollando rápidamente en los últimos años, fomentando la creación de nuevos destinos y contribuyendo a mejorar las infraestructuras en regiones que hasta ahora carecían incluso de los medios más básicos.

En el marco de mi campaña electoral, en los últimos meses, he viajado prácticamente por todos los continentes y he comprobado el enorme potencial turístico que tiene muchísimas regiones poco conocidas. Especialmente en los países en vías de desarrollo se encuentran muchos lugares maravillosos, que sólo necesitan apoyo, y más y mejores infraestructuras, para convertirse en nuevos destinos.

Para ello necesitamos trabajar coordinadamente con todos. Una de mis metas cruciales, si alcanzo la Secretaría General de la OMT, será integrar a todos los países –y también a las empresas- en la organización, especialmente a Estados Unidos, el Reino Unido, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, países bálticos y escandinavos. Sin ellos no sería concebible una estrategia global como la que necesitamos, como tampoco será posible desarrollar una industria turística global sin seguridad. Un componente clave de mi estrategia será precisamente movilizar los recursos de los países miembros para reforzar la seguridad en los viajes, sin que por ello los usuarios sufran innecesarios inconvenientes.

Mirando hacia el futuro, creo firmemente que este sector no tiene límites, siempre que sepamos desarrollarlo de una forma equilibrada. En los próximos 20 años asistiremos a avances muy importantes en la industria turística. Y, en este sentido, es de suma importancia que los estados miembros, asociados y afiliados -y la Organización Mundial del Turismo (OMT) en conjunto- mantengan su compromiso con la sostenibilidad y la competitividad.

Éstas –la sostenibilidad y la protección del medio ambiente- son responsabilidades que la OMT ha defendido con orgullo desde hace muchos años, y que seguirá ejerciendo. Se lograron éxitos importantes con el Programa Marco para apoyar las políticas, acciones y prácticas sostenibles. Y se está dando un gran paso adelante con la aprobación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Indudablemente, tenemos que aprovechar ese impulso.

Afianzar un verdadero desarrollo sostenible debe seguir siendo nuestro principal objetivo. Para ello tenemos que hacer comprender qué es la “sostenibilidad” y explicar con ejemplos cómo nos beneficia a todos. Las políticas sostenibles no obstaculizan el desarrollo, sino al contrario: sin sostenibilidad, el desarrollo no podrá alcanzar los resultados deseados.

La OMT ha anunciado este año como el del turismo sostenible, lo que reafirma la importancia que este concepto tiene en esta industria y, por ende, en todo el mundo. Estoy convencido de que debemos y podemos aprovechar el carácter global del turismo para contribuir a la construcción de un mundo más equilibrado, más desarrollado, más ecológico, más justo. En resumen, un futuro mejor para el planeta, para sus habitantes actuales y para las próximas generaciones. Todo ello depende de que, aquí y ahora, tomemos las decisiones correctas.