Víctor Arribas

Pie de foto: Emmanuel Macron, Eric Trappier, Margarita Robles, Florence Parly, Ursula von der Leyen asistieron el 17 de junio de 2019 a la presentación del modelo de avión de combate a reacción del Sistema de Combate Aéreo Futuro (Systeme de Combat Aerien Futur, SCAF). AFP/YOAN VALAT

La política de defensa común de la Unión Europea parece despegar con el proyecto del nuevo caza que va a fabricarse en las próximas décadas con la participación de los países del núcleo duro del club comunitario. El Future Combat Air System (FCAS) ha recibido un impulso decisivo en el parque de exposiciones de Le Bourget en París, donde tres gobiernos han presentado en sociedad un proyecto internacional necesario para estar en la competencia internacional de la tecnología aplicada al sistema defensivo de los países. 

La magnífica noticia es que España se incorpora de cara a las próximas décadas en un proyecto que hasta ahora habían desarrollado de manera bilateral Francia y Alemania. El eje de la investigación y la fabricación del nuevo avión de combate ahora estará articulado en las coordenadas París-Berlín-Madrid, con tres ministras de Defensa coincidiendo en los países participantes: Florence Parly, Ursula von der Leyen y Margarita Robles. Nacerá así el heredero del Eurofighter, que será sustituido en la segunda mitad del siglo por este nuevo prototipo en las flotas europeas y de los países que quieran comprarlo, lo que permitirá exportaciones decisivas para el posicionamiento de Europa en la batalla comercial de la aviación militar. 

Pie de foto: Ceremonia de la firma en la presentación del modelo de avión de combate a reacción del Sistema de Combate Aereo Futuro (SCAF), la nueva generación de aviones de combate franco-alemán-española (FCAS), durante la 53ª edición del Salón Aeronáutico Internacional de París. AFP/YOAN VALAT 

Aún no tiene nombre, pero el nuevo caza incorporará tecnologías abiertas al big data y la inteligencia artificial, lo que permitirá conectar estos aparatos al resto de ingenios militares que participen en operaciones de defensa común, o en misiones de mantenimiento de la paz. Europa siente envidia cada vez que la Sexta Flota, con sede en Nápoles, realiza una misión de este tipo y despliega una coordinación entre sus efectivos digna de elogio. Por eso el FCAS dará un salto adelante decisivo en la conexión tecnológica de todas las armas participantes en una operación. 

Los peligros ya no están tanto en tierra o mar sino en las redes de datos, y también ahí hay que posicionarse de forma decidida, cosa que Francia, Alemania y España hacen. Vendrá acompañado de un nuevo protocolo de comunicaciones militares para Europa como ya tiene Estados Unidos, le referencia en la que nos queremos mirar. Y además podrá competir con los gigantes americanos de la industria aeronáutica, Boeing Lockheed Martin, como ya ha intentado hacer (no siempre con éxito) EADS desde el corazón del continente europeo. 

Las factorías de Airbus en Getafe y Sevilla tendrán carga de trabajo con la participación española al 33 por ciento en los planes del avión de combate. Y la incorporación indirecta de compañías españolas será un maná para el sector como ya lo fue su antecesor Eurofighter. Indra, ITP Everis podrán participar aportando talento para la confección de todo el software informático que requiere una operación del nivel internacional que tiene ésta, se calcula que se crearán casi 45.000 puestos de trabajo en informática y telecomunicaciones, lo que va a permitir que España mantenga y refuerce una importantísima soberanía tecnológica, un tren de vanguardia para que no le ocurra como en el sector energético en el que tiene una dependencia excesiva. 

Pie de foto: Ceremonia de presentación de la maqueta a escala real del Systeme de Combat Aerien Futur (SCAF), el Future Combat Air System (FCAS) de nueva generación franco-alemán-español, durante el 53º Salón Aeronáutico Internacional de París. AFP/ERIC PIERMONT 

Es un paso en la buena dirección del Gobierno español en funciones, en la línea de no dejarse llevar por el antimilitarismo de sus potenciales socios políticos. Los acuerdos ya firmados no se pueden revertir por mucho que una coalición de gobierno contraria al futuro y a la innovación en Defensa quiera. Por eso es tan determinante que la ministra Robles haya aprovechado este período de limbo gubernamental para adelantarse a previsibles vetos. Que España no llegue tarde o se quede fuera de un gran proyecto tecnológico y militar como este resulta decisivo. Es la mejor obra de la ministra desde que llegó hace un año al despacho del Ministerio de Defensa con muchas dudas por entonces sobre su disposición a liderar sueños como éste. 

Y es en definitiva una expectativa muy esperanzadora para la Política Común de Seguridad y Defensa, siempre con problemas de definición y de desarrollo. Desde el Estado Mayor de la UE y el Eurocuerpo con sede en Estrasburgo, el Pentágono europeo, se gestiona un difícil equilibrio entre los intereses comunes de los socios comunitarios y sus intereses nacionales, que no siempre son convergentes, por no decir que pocas veces lo han sido. Cuando han surgido crisis bélicas o humanitarias en países vecinos de Oriente Médio o el norte de África siempre ha sido un dolor de cabeza conciliar una posición común europea. Con este proyecto, aunar objetivos y planes de desarrollo e innovación es clave, y lo será más cuando otros países se sumen a la fabricación del caza y aporten soluciones decisivas para su puesta en funcionamiento.