Javier Fernández Arribas

Continúa el esperpento en Italia. El problema es que España corre grave riesgo de encaminarse hacia el mismo alocado camino sin salida. La formación del nuevo Gobierno italiano es un ejemplo claro de descontrol, egos, intereses particulares y partidistas, desprecio por los ciudadanos y con la guinda de un currículum en cuestión. Ni más ni menos que el de Guiseppe Conte, el profesor propuesto para primer ministro bajo control estricto de los populistas del movimiento 5 estrellas y su líder, Luigi Di Maio, y los nacionalistas de la Liga con Matteo Salvini. Los dos quieren formar parte del Gobierno para controlar, Di Maio, la cartera de Trabajo y la aplicación de la renta básica y la de Interior, Salvini, para el control migratorio y la seguridad. En principio, todo está atado y firmado en un programa de 59 páginas donde se precisa, incluso, la resolución de las divergencias que puedan surgir. Seguro que sí y en poco tiempo.  La bajada de impuestos es otro de los puntos estrella del programa donde se han limitado las posiciones más agresivas hacia el euro y la Unión Europea. En Bruselas, las alarmas no dejan de sonar.

El presidente de la República, Sergio Mattarella, se ha tomado su tiempo para analizar la propuesta que le hicieron los líderes populistas y nacionalistas como salida a una profunda desconfianza entre dos extraños compañeros de viaje político con un recorrido incierto. Quizá ahora, con el repaso de los registros de las universidades extranjeras: Nueva York, Cambridge, Sorbona o un instituto de Viena, que no reconocen a Conte como alumno, tenga más dudas. Además de sopesar su papel de marioneta con poderes limitados por sus preceptores, algo que puede ser inconstitucional, y su inexperiencia política. Reflexión presidencial que pone en duda las verdaderas intenciones de estos peculiares dirigentes políticos. Lo grave es que lo que ocurre en Italia, los votos conseguidos por estos dos partidos antieuropeos y anti sistema, son producto de la ineficacia y corrupción de los partidos tradicionales. 

Y ahora todos pendientes de Italia, la Unión Europea con la amenaza de una crisis de proporciones considerables si el nuevo ejecutivo de Roma revcupera las propuestas antieuropeas. Los españoles, sobre todo los dirigentes políticos, debemos tomar nota de la deriva que, a lo largo de los últimos años, ha sumido a Italia en una incertidumbre política, económica y social que no depara nada positivo para los ciudadanos.