José María Peredo Pombo. Catedrático de Comunicación y Política Internacional de la Universidad Europea de Madrid/La Razón

“Keep the Russians out, the Americans in and the Germans down”. Dicen que, con estas palabras, resumió el primer secretario general de la OTAN, Lord Ismay, la concepción geopolítica con la que había nacido la recién creada alianza en 1949. Una fórmula políticamente poco correcta pero terriblemente descriptiva y precisa a la hora de concretar la estrategia de la organización transatlántica. Con la claridad de un mapa bien diseñado y con la dificultad de reconducir la política internacional en el largo recorrido de la historia. Entre las virtudes del inglés, la polisemia de sus preposiciones. Entre las variables de la política, la compleja adecuación entre significantes y referentes.

En el documento Building “Situations of Strength”, elaborado por el Brookings Institute con la intención de proponer una estrategia bipartidista y de consenso sobre seguridad al nuevo Presidente americano, se refuerza la idea de que el mundo ha entrado en una nueva dimensión geopolítica caracterizada por la competitividad entre potencias regionales en Europa y Asia, lo cual supone un desafío para Estados Unidos; por la necesidad de reestablecer un orden estable y próspero en Oriente Medio; por los efectos disruptivos de la tecnología y por la insatisfacción occidental con el internacionalismo. Entre las recomendaciones que se les hace a los nuevos administradores norteamericanos, destacan la de restaurar la confianza en los aliados; distinguir entre el revisionismo del orden internacional y la legitimidad del desorden; modernizar la defensa, pero también la diplomacia coercitiva y la de reconocer el cambio climático como una cuestión geopolítica.

Para los expertos del centenario think tank, el significado del “America First” debe interpretarse como un área de mejora que la globalización tiene que afrontar dentro y fuera de los Estados Unidos, y que pasa por la implementación de medidas para evitar otra crisis financiera. Pero los especialistas refuerzan la idea de que para avanzar en la segunda fase de la globalización y en la tercera fase del liderazgo americano, los aliados europeos representan el valor común de la democracia y los derechos humanos, referentes concretos sobre los cuales se sustenta el poder en el siglo XXI. No hay America First sin principios internacionales, y no hay principios globales sin aliados comunes dentro de su significante.

Cuando François Hollande, Angela Merkel, Paolo Gentiloni y Mariano Rajoy se han fotografiado juntos para reclamar el papel de Europa en la política global, parecían cuatro de los seis personajes de Pirandello, en busca de autor. Aunque ya puestos a encontrar referentes históricos sobre la debilidad geopolítica europea podemos irnos a 1526 cuando Francisco I solicitó ayuda al Sultán Otomano para luchar contra los Habsburgo, a la cual accedió el “soberano de soberanos”, “dispensador de las coronas de los monarcas y sombra de Dios en la tierra”. La respuesta del Emperador Carlos fue la de buscar una alianza con los persas. Imperativos de la geopolítica, según la interpretación de Henry Kissinger. El Secretario de Estado americano que tuvo que pactar con China para mantener a los rusos fuera del orden internacional de la postguerra. Democrático, liberal y de largo recorrido.