Pedro Canales

Pie de foto: La competición entre Argelia y Marruecos por los proyectos socioeconómicos en el continente, marcan el fin de una etapa de medio siglo de disputas ideológicas

Hasta hace muy poco tiempo, el continente africano con más de medio siglo de independencias, se encontraba sumidos en la prolongación de la “Guerra fría”. Crisis, golpes de Estado, guerras civiles, masacres y genocidios, se sucedían ininterrumpidamente en la mayoría de países, como producto de enfrentamientos ideológicos, de alineamiento sobre los bloques, de doctrinas militaristas y de una interpretación espuria e interesada de los derechos y libertades de los pueblos.

La Organización de la Unidad Africana (OUA) primero, y la Unión Africana (UA) después, se han visto atrapadas por debates interminables, que han llevado a su parálisis. Los proyectos de desarrollo, la cooperación entre países, los planes regionales y plurinacionales, dormían en los cajones de una burocracia incapaz y eran relegados a las calendas griegas por los grupos de poder corrompidos.

En ese panorama desolador, las ex metrópolis coloniales, París, Londres, Roma y en menor medida Madrid y Berlín, hacían lo posible para mantener los lazos bilaterales y hacer depender sus ex colonias de los gobiernos europeos, llegando hasta sabotear claramente los proyectos regionales de integración existentes.

La Unión del Magreb Árabe (UMA), se ha visto sumida en la parálisis por el conflicto del Sahara Occidental y por el escaso interés de Francia en promover el conjunto regional norteafricano.

Otro tanto ha ocurrido con la Comunidad Económica y Monetaria de África Central (CEMAC) y la Comunidad Económica de los Estados de África Central (CEEAC), ambas sometidas al imperio del “franco CFA”, moneda artificial, dependiente y sostenida por el Banco de Francia.

En cuanto a otros organismos plurinacionales como la CEDEAO (Comunidad de Estados de África Occidental), la SADC (Comunidad para el Desarrollo de África Austral), la unión aduanera COMESA (Mercado Común para África del Este y el Sur), la Autoridad intergubernamental para combatir la sequía (IGAD), sus resultados concretos son como máximo insignificantes.

En cuanto a la NEPAD (Nueva Alianza para el Desarrollo de África), un marco global africano destinado a combatir la pobreza y el subdesarrollo, tras 16 años de vida se ha mostrado absolutamente ineficaz. Los países encargados de llevarla adelante (Nigeria, Sudáfrica, Senegal, Argelia y Egipto) han fracasado en el intento.

La gira del rey de Marruecos, Mohamed VI, por diferentes países africanos, que coincide con la petición del Reino alaui para re-integrar la Unión Africana, representa un nuevo estilo de abordar la temática africana. Globalmente las visitas del rey marroquí a una quincena de países recientemente no anulan los problemas existentes en el continente, litigios fronterizos, problemas tribales, inmigraciones forzadas, contenciosos por recursos naturales y otros. Lo novedoso en cambio es el tratamiento pragmático de la cuestión del desarrollo.

Los acuerdos bilaterales concluidos entre Marruecos con Madagascar, Ruanda, Senegal, Etiopia, Tanzania, Costa de Marfil, Gabón, entre otros, y el último con Nigeria, representan proyectos concretos que, una vez en acción, van a redundar en desarrollo económico, creación de empleo, mejora de condiciones de vida de la población, progreso social y cultural.

Es posible ciertamente que algunos planes tarden más de lo debido, e incluso que no se realicen por el momento. Marruecos proyectó con España el Enlace del Estrecho (túnel o puente), un plan faraónico necesario históricamente. No se ha hecho porque Europa no tiene interés en dedicar miles de millones de euros al mismo, pero en un futuro se hará.

Los proyectos firmados entre Marruecos y Nigeria para construir un gasoducto entre ambos países atravesando media docena de países de África Occidental, quizás tampoco llegue a realizarse, pero son proyectos serios, necesarios e integradores. El pertinente análisis de José María Bartol Espinosa en ATALAYAR, “Un gasoducto Nigeria-Marruecos, sí pero no”, pone de relieve las dificultades que pueden venir. Lo mismo se puede decir de los acuerdos para construir vías férreas, redes eléctricas y autovías regionales.

Argelia, rival de larga distancia de su vecino Marruecos, ha intentado recalentar sus relaciones con África, improvisando un Foro de negocios y recordando al vicepresidente nigeriano en visita al país, que ya existe un proyecto de gasoducto Lagos-Argel, pero que después de 30 años no acaba de ver la luz. Reacción saludable si se traduce en planes concretos de desarrollo.

Los países africanos ven por primera vez en muchos años la posibilidad de un desarrollo real, dejando atrás las querellas ideológicas y los debates políticos interminables. Los problemas siguen existiendo, como el litigio del Sahara Occidental, pero sin desarrollo socio-económico jamás tendrán solución. Y este desarrollo debe suponer el fin del neocolonialismo.