F. Javier Blasco

Pie de foto: Imagen de la utilización de unos niños pequeños para cortar una calle en Cataluña, portada del diario La Razón. 

La simple lectura del título de este trabajo puede llevarnos a pensar que su autor ha perdido gran parte de su capacidad de razonamiento, se encuentra bajo la influencia de la exageración o es víctima de cierta visión partidista. Pero creo, que tras el análisis de lo que expongo a continuación, algunos, si no todos, podrán cambiar de opinión.

Ambos movimientos surgen de un espíritu o sentimiento más o menos arraigado en todos sus actores y fundamentalmente en las mentes de los protagonistas que los lideran. Normalmente, dicho sentimiento no nace por generación espontánea, salvo entre los guías o padres iniciales de la idea; es fruto de años de adoctrinamiento que, poco a poco, se viene extendiendo entre la sociedad aprovechando todos los elementos de penetración y captación. Son movimientos que brotan dentro del odio exacerbado hacia lo o los que se oponen a su implantación y generan mucho más odio a medida que avanzan en su desarrollo o aplicación. Sus consecuencias sociales, económicas y políticas suelen ser nefastas a corto y medio plazo para la zona donde fructifican por generar una profunda situación de inseguridad jurídica y, sobre todo, de convivencia social y laboral.

En la mayoría de los casos, se suele empezar por levantar una especie de pequeña lucha progresiva ensalzando e incluso exagerando la desigualdad, la pobreza o la opresión por parte del poder que legítima o ilegalmente lo ejerce sobre dicha sociedad con más o menos acierto. En otros casos, lo que se busca minar son las raíces religiosas o los valores morales de las personas presentando una panoplia de otro tipo de salidas que corrijan determinadas desviaciones, muchas veces infundadas, o la necesidad del retorno a los “valores perdidos” que siempre, a juicio del instigador, fueron mucho más puros y bastante mejores que los actualmente asentados y practicados.

Tampoco falta, y este es un punto muy importante, la exaltación de la historia y las raíces del pueblo y su terruño. Una historia que, normalmente ha sido previamente dibujada a su imagen y semejanza, sin importarles -lo más mínimo- caer en la exageración, la mentira, la falacia o la posverdad.

Su “historia” queda representada como una época llena de gloria, valores, respeto, libertad e incluso de potestad frente a la “pobre” realidad en la que hoy dicho pueblo, región a país vive por culpa de los considerados por ellos “malvados opresores”. Historia, que se han preocupado en dibujar hasta tal extremo que la situación actual nadie la pueda identificar con lo que fue años o siglos pasados.

Para la exaltación de los mencionados valores, cualquier cosa es válida, incluso ahora aún más, es importante la participación de deportistas, artistas, gentes de la cultura o las ciencias e incluso de clubs deportivos; quienes, sin el menor reparo, no dudan en abjurar de todo su pasado e identificarse con el "sol que más calienta”.

La evolución de los tiempos con la entrada en escena y la verdadera influencia de los diferentes medios y redes de comunicación hace que estos sean empleados con auténtica y creciente profusión. Para ello, no dudan en comprarlos al precio que sea. Es la forma de hacer llegar el mismo mensaje a muchos lugares y a más personas al mismo tiempo; siendo, además, muy eficiente por la dificultad de su control interno y externo lo que hace, que sea prácticamente inviable reducir el impacto de este elemento en la formación, adoctrinamiento y amalgama de adeptos.

Muchas veces, para poder alimentar el éxito de lo que acabo de referir, hay que ir sembrando la semilla en las mentes de las personas desde sus primeros pasos en la vida de la formación y el raciocinio; por eso, penetrar en las mentes de los niños y continuar durante todo el proceso formativo de los jóvenes es fundamental para lograr el éxito. No hay que olvidar, que, aunque inicialmente ambos movimientos vienen representados o protagonizados por personas de cierta avanzada edad, es en la fuerza, el ímpetu y la perseverancia de los jóvenes donde se encuentra la llama que alimenta las acciones más violentas, pertinaces o persistentes y sin temor a ninguna de sus consecuencias. Normalmente, estos no tienen ataduras sociales, económicas ni laborales e incluso, su participación en este tipo de actos puede hasta resultarles anecdótica, graciosa e ilusionante por lo que todo ello, les lleva a verse implicados de hoz y coz en todos los eventos, movimientos, andaduras y sacrificios que supongan una participación activa, ruidosa o combativa.

Otros grupos de personas potencialmente interesantes y relativamente fáciles de convencer y aunar a estas causas son: la conocida como la clase obrera y el trabajador rural por cuenta ajena. Personas, que, debido a su generalmente relativa baja formación intelectual, las presiones laborales en las que normalmente se desenvuelve su labor cotidiana y a unos no muy elevados salarios, tienen las mentes muy abiertas a recibir, encajar, apoyar y defender todo aquello que les prometa mayores facilidades para el desarrollo de sus vidas y les lleve a un mundo ideal en el que, con poco o nulo esfuerzo, todo les será otorgado y, casi de un plumazo, terminen todos sus males y penares. Son aquellos que, por razones, bastante fundadas, en algunos casos, anidan muchos resquemores sobre el empresario o el propietario que les explota por lo que es relativamente sencillo encontrar su apoyo y comprensión en la lucha contra cualquier “opresor”.

Ambos movimientos en estudio necesitan de una financiación y un apoyo logístico para poder nacer, crecer y multiplicarse. Apoyos que pueden venir de fuentes endógenas o exógenas. De países que están dispuestos a desestabilizar cualquier zona o país por razones propias o determinados y específicos intereses estratégicos -más o menos ocultos- por lo que no dudan en proporcionarles todo tipo de apoyos y una importante cobertura política, comunicativa o en poner a su disposición ciertos avances tecnológicos, sobre todo, en los aspectos de propaganda partidista y en la difusión y profusión de  noticias y mensajes por las redes a nivel mundial aunque estas sean totalmente falsas.

Por otro lado, la transversalidad en la que vive el mundo actual, hace que por todas partes haya movimientos hermanos o muy similares -aunque estos se basen en principios totalmente diferentes- que están dispuestos a darles cobertura, difusión y apoyos, incluso legales, para servir de altavoz y poner en un brete a quien pretende combatirles o desprestigiarles al servirle todo esto de propio altavoz. Fenómeno este, que, aunque muchas veces pueda ser contraproducente para su prestigio por las ideas que aquellos albergan y defienden, no deja de darles un cierto carácter de internacionalidad.

Determinados movimientos disfrazados de ONGs o encubiertos como ramas espúreas de algunas Organizaciones Internacionales mundialmente reconocidas y respetadas se suelen volcar en acusar rápidamente -sin analizar las causas y acciones que lo motivaron- como culpables, dictadores e irresponsables a los gobiernos que, estando legalmente establecidos, luchan contra los movimientos que ponen en peligro su estabilidad e integridad. Una vez lanzadas este tipo de forzadas “denuncias”, casi siempre enmarcadas en la profanación y violación de los derechos humanos o las libertades, es muy difícil contrarrestarlos, ya que su opinión y juicio, aunque la mayoría de dichos organismos sean irrelevantes, serán usados a bombo y platillo en defensa de su causa enmascarándola de un cierto tipo o grado de legalidad internacional.

Cosa similar ocurre con algunos tribunales internacionales dedicados a este tipo de juicios, que normalmente tienden a decantarse por el “más débil” por aquello de una ligera o laxa aplicación de la Ley o una muy mala interpretación del precepto legal establecido en el Derecho Procesal “in dubio pro reo”. A esto hay que añadir, la existencia de países que tienen a gala y presumen de ser mucho más garantistas que el resto de sus vecinos y, por ello, se convierten en el cobijo y asilo de delincuentes de toda calaña al proporcionarles todo tipo facilidades y trabas legales e interpretativas para oponerse, como mínimo, a su extradición.

No hay que olvidar, que para llevar a cabo cualquier movimiento independentista o terrorista hacen falta una serie de elementos fundamentales: un espacio de aplicación más o menos abonado y ablandado, un plan estratégico [1] y el tiempo necesario para su siembra, implantación y desarrollo. En lo referente a estos dos últimos aspectos, no se debe despreciar la correspondencia y similitud en el uso de las necesarias tácticas, técnicas y procedimientos. Aunque bien es cierto que su intensidad, grado de aplicación y la aparición o no de la extrema violencia y el acoso sistemático a las personas, la oposición, las fuerzas y cuerpos de seguridad e incluso al ejército -si fuera necesario- varían mucho de unos casos a otros.

Veamos algunas de ellas: el empleo de personas débiles como niños, mujeres o gente de avanzada edad para interponerse al “opresor” o como escudos humanos e incluso, como combatientes o manifestantes encolerizados, es un hecho muy común en ambos casos. La utilización de la Iglesia como elemento “protector” o “impulsor” de las teorías del oprimido siempre aparece de una forma u otra. Otra herramienta muy efectiva es la agitación callejera, con a sin razón, para llevar a situaciones de mucha presión sobre los gobiernos o los jueces para influir gravemente en sus decisiones y, sobre todo, para generar en la población –que es totalmente ajena al proyecto- auténticas situaciones de estrés y repulsa contra todos, pero principalmente, contra los que no les garantizan la seguridad y la normalidad en las calles. La penetración y captación entre las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado, los servicios de inteligencia e incluso entre las fuerzas armadas, si fuera preciso, es capital para establecer y mantener un claro control de la situación y asegurar un apoyo encubierto o no de todos sus movimientos, acciones y manifestaciones. La búsqueda de subvenciones oficiales o de particulares entre empresarios afines o extorsionados, les proporciona los medios económicos necesarios y suficientes para alimentar su lucha y las carestías económicas de sus seguidores.  Por último; pero no por ello, menos importante, la intervención y participación de los medios de comunicación  libres y a ser posible de los oficiales, así como de intransigentes y recalcitrantes periodistas dispuestos a defender toda causa en contra del gobierno de turno, es una práctica perfectamente estudiada y, además, muy efectiva porque para nuestra desgracia, a pesar de presumir que estamos ante las generaciones más formadas y capacitadas de la historia, la realidad, es que las masas sociales se mueven mucho más en función de la opinión publicada que, de la suya propia.

Opinión publicada, que suele emplear “movimientos pendulares” para seguir atacando a los gobiernos por sí mismos cualquiera que sea su reacción en cada momento. Movimientos, que se basan en criticar con fuerza las “acciones represivas” de los gobiernos, si estas se producen, al considerarlas como “un exceso y muy desproporcionadas” aunque, en realidad no lo fueran tanto; pero también, a renglón seguido y con la misma o mayor vehemencia, no dudan en criticar las “acciones blandas” que, normalmente, se derivan del éxito de sus propias quejas y presiones anteriores. Se haga lo que se haga, lo fundamental es criticar al gobierno. Postura esta que, por otro lado, y tristemente, es también muy empleada por los partidos políticos, que de una manera muy irreflexiva y bastante cainita, solo buscan arañar un puñado de votos aunque se encuentren al mismo lado o en apoyo de este en tamaña singladura.

Muchas veces, por seguir la línea marcada por su editorial, dichos medios no son conscientes, o si, del daño que producen contra los gobiernos y, sobre todo, entre la población expectante al sembrar aún más el desconcierto entre aquellos a los que van dirigidos sus mensajes y provocarles una mayor desconfianza sobre los que, por obligación, deben tomar las decisiones de calado para corregir dichas situaciones anómalas.

Dominar o al menos ser capaz de contrarrestar la opinión publicada a nivel nacional e internacional, es fundamental para poner el mayor número de trabas a los gobiernos que quieren corregir cualquier tipo de movimiento que distorsione su estatus y el desarrollo político de su país en paz y dentro de la Ley. Es algo patético, pero, tan real como la vida misma, el que estos formadores de opinión suelen invertir importantes esfuerzos y con todo el desparpajo en criticar constantemente al que puede o debe legalmente emplear la fuerza y solo de soslayo, nunca o casi nunca, critican a los verdaderos artífices y culpables de la situación en generada. No hay que olvidar, que, en base a estas opiniones, muchas de las capitales del mundo occidental y, sobre todo en las que sus gobiernos son poco estables políticamente, de una forma más o menos forzada, crean sus puntos de vista y de ellos se derivan las presiones y opiniones sobre el estado que se encuentra con el problema en casa, aunque este sea amigo o aliado.

Ante todo, este tipo de actuaciones y acciones, cualquier estado que se encuentre en situación de afrontar un problema interno de este tipo debe ser consciente de que una importante labor de información veraz y contundente tanto a nivel interno como externo y una auténtica acción diplomática son dos herramientas imprescindibles para asegurar su éxito o, al menos, contrarrestar en parte la acción del contrario. La lucha contra el poder de difusión y de falta de veracidad de la mayoría de las redes son elementos de muy difícil solución, sobre todo, siempre que no exista voluntad de ello por parte de sus explotadores. Auténticos lobbies insensibles y parcialmente asépticos, que solo buscan aumentar sus balances de resultados.

Por último, no quisiera terminar este corto trabajo de análisis y comparación sin poner sobre la mesa otro punto de coincidencia que se aprecia entre muchos de los responsables de ambos tipos de movimientos; que, aunque es mucho más subjetivo, viene ocurriendo cada vez con mayor frecuencia. En muchos casos, sus principales cabecillas suelen mostrarse como personas bravas, valientes lenguaraces y dispuestas a todo cuando se encuentran al frente de numerosas manifestaciones o rodeados de grandes masas de seguidores e incondicionales adeptos exaltados; pero, se suelen “arrugar” rápidamente negando y abjurándolo todo al encontrarse declarando seriamente ante un juez o incluso “huyen” a otros países para evitar verse en dicha situación. Pronto quedan atrás muchos de los instigadores plenamente convencidos y dispuestos a todo. No sé si será por pura cobardía; pero, creo que la libertad personal o su propia economía pesan mucho más que sus tantas veces anunciadas “fuertes” convicciones y un inquebrantable “compromiso” hasta el final. Casos de estos hay muchos y conocidos entre terroristas y ayer, todos fuimos testigos de lo dicho por parte de algunos “inquebrantables” separatistas.    

Por todo lo expuesto, creo sinceramente, que la similitud en los orígenes, desarrollo y las tácticas, técnicas, procedimientos y modos de actuación entre los movimientos independentistas y los terroristas es muy grande por no decir que es bastante similar y que, además, comparten un mismo fin o situación final perseguida, la desestabilización de un Estado; si bien, el grado de aplicación de los anteriores varía en cuanto a su intensidad y uso de la violencia tanto aparente, como de forma real.                     

[1] https://sites.google.com/site/articulosfjavierblasco/de-la-estrategia

[2] http://www.larazon.es/espana/usan-a-menores-como-piquetes-DJ16864564