Pedro Canales

Pie de foto: El nuevo inquilino de la Casa Blanca dejará que sus asesores resuelvan la ecuación norteafricana

En las principales capitales del Magreb, Túnez, Argel y Rabat, se mezcla el estupor ante la victoria de Donald Trump, con la inquietud y el temor a un viraje en la política tradicional de la Casa Blanca hacia el norte de África, en la que ha privilegiado hasta ahora el equilibrio regional y la tendencia a la neutralidad en los conflictos locales. Temores por otra parte infundados.

Túnez ve con miedo que el esperado apoyo de la Administración estadounidense a “la primavera árabe tunecina” que debe manifestarse con la presencia del todavía presidente Barack Obama en la Conferencia Internacional de apoyo al desarrollo económico de Túnez del próximo 29 de noviembre, pase a segundo plano, y el encuentro sea un fiasco en cuanto a resultados tangibles se refiere. La presencia de Obama, si se produce, será más simbólica que efectiva. “Túnez 2020”, con más de mil empresas y 70 países representados, representa la única posibilidad a corto plazo para que la economía tunecina despegue. Los préstamos otorgados esta primavera por el Banco Mundial de 5 mil millones de dólares en cinco años, aún a bajo interés, hay que devolverlos, y Túnez no está en condiciones de garantizar su solvencia.

En Argel se intenta recuperar algunas de las relaciones históricas conseguidas por el régimen con figuras históricas del republicanismo estadounidense, como por ejemplo las obtenidas por el presidente Huari Bumedian con la familia Rockefeller. Argel no olvida que bajo la presidencia de Dwigth Eisenhower, Washington apoyó la insurrección armada contra el colonialismo francés; y bajo la Administración del presidente Nixon, se firmó el mega contrato de importación de gas argelino por la compañía El Paso. Ambos presidentes eran republicanos. Pero eso es historia pasada.

En base a estas con sideraciones, Argel cree que las relaciones con la futura Administración de Donald Trump serán buenas, especialmente en cuestiones de negocio con las petroleras, de temas de seguridad y de lucha antiterrorista. El reciente Informe elaborado por el think tank Carnegie Endowment for International Peace, de matriz republicana, cree en un mejoramiento sensible de las relaciones entre la Casa Blanca y Argel.

Y ello pese al fracaso de los intentos realizados por las empresas de Defensa norteamericanas para penetrar el mercado argelino. Dos de ellas, Raytheon y Northrop realizaron una visita a Argel durante el mandato de Barack Obama, sin resultados. El aprovisionamiento militar de Argelia se hace en su casi totalidad con Rusia, si bien últimamente Argel ha realizado algunos contratos de armamento con China, Alemania e Italia.

Sin embargo, también Rabat se mueve para prevenir un distanciamiento de relaciones con Washington. Ante el “idilio” mediático que suponía para Marruecos la casi segura victoria de la candidata demócrata Hillary Clinton – ella y su familia no escondían sus simpatías por el Reino alauita -, y el fracaso de la candidata, Rabat ha echado mano de la hemeroteca y difundido una foto del difunto rey Hassan II con Donald Trump, a quien recibió en el hotel Plaza de Nueva York en 1992 durante su viaje a Estados Unidos. Es notorio igualmente que los apoyos más directos y sustanciales procedentes de Estados Unidos hacia Marruecos, han sido protagonizados por los presidentes republicanos, Reagan y Bush padre principalmente.  Pero eso también es historia pasada.

De cualquier manera, las capitales magrebíes saben perfectamente que la región norteafricana es secundaria para la política global estadounidense y para sus planes geoestratégicos. Y además que el diseño de la diplomacia de la nueva Administración no podrá ser muy diferente a las anteriores: los intereses energéticos, la proyección mundial del complejo armamentístico, y la lucha contra el terrorismo marcan unas pautas difícilmente modificables. Washington defenderá con uñas y dientes sus intereses petroleros en Argel y los estratégicos en Rabat como cabeza de puente en su proyección militar hacia la región MENA y el continente africano. El resto es cuestión de equilibrio. Donald Trump no zarandeará las aguas pantanosas del Sahara, ni forzará temas como las libertades y derechos humanos en la región del Magreb.