Javier Fernández Arribas

Irán centra la atención entre el presidente francés, Emmanuel Macron, y el norteamericano, Donald Trump. La visita que el mandatario galo está realizando a Estados Unidos tiene una relevancia especial. El acuerdo sobre el programa nuclear de Irán, con sus luces y sus sombras, es positivo para los intereses de todo el mundo que necesita estabilidad y equilibrio para evitar situaciones que puedan tener repercusiones incalculabres.

Está en juego un acuerdo que representa un control de actitudes y posibles enfrentamientos a nivel internacional, pero, sobre todo,con otros países de la región como Arabia Saudí e Israel. La firma del acuerdo abrió muchas esperanzas e ilusiones de cooperación con el país de los ayatollahs, dispuestos a recuperar el terreno perdido por las sanciones sufridas y con capacidad de inversión en todos los sectores. Durante unos meses, el tránsito de delegaciones extranjeras por Teherán con el muestrario debajo del brazo de los ministros correspondientes fue una constante, incluidos los españoles. Pasado cierto tiempo, la impresión que se ha percibido por la actuación iraní en la región, sobre todo en Siria e Irak, es de una ambición de expansión de su influencia, apoyados por un socio como Rusia, cada día más poderoso y, sobre todo, con actuaciones ofensivas.

Las milicias iraníes han tenido un papel protagonista en la lucha contra los grupos terroristas y también en la consolidación del régimen sirio del dictador Bachar al Assad.   La realidad bélica de los últimos años es una influencia clara de lo que se debe evitar, un error o una decisión enajenada que utilice algún tipo de arma nuclear. En el tablero de este momento, hay que valorar los encuentros previstos con Corea del Norte. La desnuclearización debe ser una prioridad para todos dentro de una realidad de intereses que hay que ser capaces de compaginar.

Es muy relevante que Macron y Trump puedan ir de la mano, puedan debatir aquellos puntos donde no hay acuerdo y puedan mantener el ámbito multilateral para la resolución de los conflictos. No es nada fácil congeniar los instintos impulsivos de un Trump que tiene como único objetivo de su presidencia la obsesión de cumplir sus promesas electorales. Satisfacer a sus votantes con el lema de “América first”. La presencia de Macron en Washington debe servir para atemperar reacciones intempestivas de un presidente norteamericano que debe contar, además, con el resto de aliados europeos a la hora de afrontar los retos actuales en el mundo.