José María Peredo Pombo. Catedrático de Comunicación y Política Internacional de la Universidad Europea de Madrid

Europa no es el problema, Europa es la solución. Así lo han manifestado los ciudadanos de la Unión Europea al salir masivamente a votar en las elecciones del Parlamento Europeo con unos niveles de participación muy altos, y elegir de forma mayoritaria a opciones políticas y partidos de orientación europeísta e integradora. Europa no es un espacio convulso y débil que succiona a las soberanías nacionales para despojar a los europeos de sus identidades. La Unión Europea es una democracia fuerte, liberal y solidaria que integra a los ciudadanos en un marco de convivencia pacífico y de progreso, y a los estados en unas instituciones donde se comparte una soberanía común y se fortalece la soberanía nacional de cada miembro. Esta Europa democrática, que ha sufrido los embates de la crisis y los ataques de los populismos, ha hablado el 26 de mayo y el resultado ha sido que, esta verdad, se ha impuesto a la incertidumbre de manera clara e incontestable.

El Partido Popular Europeo, la Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas y la Alianza de Liberales y Demócratas por Europa mantienen el liderazgo en el Parlamento Europeo sumando entre los tres, 436 diputados. En unas elecciones fracturadas y condicionadas por las tensiones intra - estatales, por el Brexit y por los populismos euroescépticos, la victoria de las propuestas integradas en las tres grandes familias del centro derecha europeísta y democristiano; de socialistas y social demócratas y de liberales, significa la reactivación del futuro comunitario, y la consolidación de una idea de Europa, basada en los principios que han convertido a la Unión en la entidad política con mayor grado de desarrollo democrático supranacional de la historia.

El éxito de Salvini en Italia, de Farage en Reino Unido y de Le Pen en Francia, confirman, sin embargo, que el populismo eurófobo sigue supurando como una cicatriz no cerrada, en un cuerpo europeo tan diverso. Aunque esas opciones políticas no constituyan ninguna alternativa para el proyecto, y continúen expresándose a través de concepciones y partidos dispares, muy desunidos a pesar de los intentos de algunos intereses, y del propio Salvini, por unificarlas. Porque si los euroescépticos y críticos ya estaban divididos en varias familias minoritarias en el anterior Parlamento, que agrupaban a grupos conservadores, más nacionalistas, por un lado, a los populismos antieuropeos por otro y al UKIP británico y el Movimiento Cinco Estrellas italiano, en una tercera y rocambolesca familia “anti - europea”, en esta legislatura no resultará nada fácil que alcancen mayor cohesión.

En cualquier caso, el triunfo incuestionable de los partidos europeístas debe de hacer reflexionar a quiénes durante los últimos años han financiado y promovido el debilitamiento de la democracia a través del debilitamiento de la Unión Europea, que tienen ahora la oportunidad de sentarse a esperar mejores tiempos, o de seguir acumulando esfuerzos para vencer la inercia histórica de éxito y convivencia pacífica que el proyecto europeo representa. Con estos resultados la globalización recibe un impulso desde Europa, como lo reciben el libre mercado, las políticas sociales y el respeto a la diversidad y a la sostenibilidad ambiental. Esa sensibilidad ambiental en Europa se ha confirmado también en estas elecciones con el ascenso de los Verdes hasta los 70 escaños.

La Unión Europea no es tampoco ningún ente lejano que impone políticas salvajes para mantener una estructura burocrática, dirigida por el capital. Europa es una realidad económica viva y tangible que inspira confianza y seguridad a los ciudadanos y a los estados miembros. Con dos retos en el horizonte económico y social como son el desarrollo de la Unión Económica y Monetaria a través de la Unión bancaria y la progresiva armonización fiscal y el impulso de la Europa Social para paliar los efectos de la dura recuperación. Los partidos europeístas sabrán equilibrar correctamente ambos desafíos desde el planteamiento común de que la generación de riqueza permite su redistribución, no al revés. Y que aquella se produce dentro del euro y gracias a la fortaleza del euro, y no fuera del euro y por culpa de su debilidad, como pretendieron los populismos de izquierda al comenzar la crisis económica hace ahora una década. La caída por debajo de los 40 escaños de los grupos integrados en la coalición de la Izquierda Unitaria Europea, que integra a estos populistas de izquierda y a otros extremistas tradicionales parecen reflejar que la Europa de la protesta sin descanso, ha dejado paso a una Unión centrada y fuerte, capaz de aportar soluciones.