Pedro Canales

El Imperio colonial francés creado y extendido por varios continentes, África, Asia, América y Oceanía, tuvo su apogeo en el siglo XIX, particularmente en el continente africano. La metrópoli parisina llegó a controlar más de 110 millones de habitantes repartidos en 23 millones de kilómetros cuadrados desde América del norte (Martinica, Guadalupe y Canadá), hasta Oceanía (Nueva Caledonia y Polinesia), pasando por Asia (Indochina) y sobre todo África, particularmente el Magreb y África occidental, donde el imperio parisino controlaba una veintena de países.

Una gran parte de los países del Imperio colonial poseían fronteras artificiales, trazadas en diferentes épocas, que obedecían a los tratados internacionales firmados entre las capitales coloniales según la relación de fuerzas entre los Imperios que dividían los territorios bajo su control en función del reparto de riquezas del subsuelo y del suelo. Así surgieron países con lindes inventadas por geógrafos y cartógrafos, como la mayoría de las actuales naciones africanas independientes; unos fueron mutilados de parte de su territorio histórico, como el Reino de Marruecos, o el Senegal; otros ampliados con regiones limítrofes; otros creados ex nihilo, como Mauritania o Centroáfrica, según los intereses coloniales del momento.

El veterano periodista francés, Jean Pierre Tucquoi, que dirigió la sección de África y del Magreb en el periódico parisino Le Monde, durante muchos años, acaba de publicar un libro titulado “Oubangui-Chari, el país que nunca existió”, en Ediciones La Découverte, dedicado a la historia de Centroáfrica, “una invención francesa, creada de la nada por un puñado de misioneros sin escrúpulos, de aventureros extravagantes y de militares jóvenes y exaltados”.

Tucquoi explica en una entrevista al periódico digital “Mondafrique”, el porqué del estado actual del país, desarticulado, sin administración, sin sociedad civil, en permanente estado de crisis. “Si el país hubiese conquistado su independencia armas en mano (como la mayoría de excolonias francesas), quizás dispondría de un vínculo nacional; pero su independencia fue otorgada por Francia, que quería irse de allí lo más rápido posible”.

En el diseño colonial primitivo, Centroáfrica se situaba a mitad de camino entre el Senegal y Yibuti, y por lo tanto poseía un interés estratégico. Pero el proyecto galo de unir el Atlántico y el Indico por una franja de tierra bajo su dominio, fracasó, y Centroáfrica perdió su valor de punto intermedio entre ambos océanos. Durante la Guerra fría, Centroáfrica fue un portaviones en medio del continente negro, afirma Tucquoi. “Pero años después, París se desinteresó de Bangui, su capital, y la entregó a los intereses privados”. La existencia de oro, diamantes, madera y un poco de petróleo, no era suficiente para la Francia oficial. Centroáfrica terminó por convertirse en un enclave de guarniciones militares destinadas a intervenir, en caso de necesidad, en la región, desde Ruanda y Burundi, hasta Costa de Marfil o el Sahel.

“Pero incluso esa finalidad, subraya Jean Pierre Tucquoi, de intervenir en Ruanda por ejemplo para hacer cesar el genocidio, fracasó; por lo que los militares franceses se han retirado de Centroáfrica, donde ya sólo quedan unos centenares”. La función de pacificación la hacen ahora los Cascos Azules de la ONU.

Oubangui-Chari es un “Estado fallido” resume el periodista Tucquoi, pero cuyo fracaso no es imputable solamente a la Francia colonial, sino a las élites locales. Ante esta situación, se interroga el ex responsable de Le Monde, “me pregunto si la toma del poder en Bangui por un personaje con firmeza, no sería un alivio para todos…”.