F. Javier Blasco

Se sabe y se dice que la mayoría de los seres vivos del reino animal tienen más o menos desarrollado en su cerebro una capacidad que se conoce como la memoria. Fenómeno que no es más que una función del propio cerebro que permite al organismo codificar, almacenar y recuperar la información del pasado.​ Algunas teorías afirman que surge como resultado de las conexiones sinápticas repetitivas entre las neuronas, lo que crea lo que se conoce como las redes neuronales; aunque, otros lo atribuyen a una capacidad innata al propio ser vivo por la que se reacciona ante hechos que, al haberse producido con anterioridad, nos dejaron un sentimiento favorable o desfavorable en nuestro recuerdo por lo que al volverse a producir una situación similar o parecida, nos llevan a tomar una determinada predisposición ante dichos “nuevos-viejos” sucesos.

No se sabe a ciencia cierta qué es lo que hace que la memoria sea más o menos selectiva y que produce que esta capacidad sobre el recuerdo sea mayor o menor en unos seres que en otros, aunque estos sean de la misma especie. Pero, lo que, si es cierto y probado, es que la memoria se enriquece a base de una buena formación, entrenamiento y determinado seguimiento sobre los hechos que acompañan el acto a recordar. Es algo así como el valor del impacto que el suceso dejó en nuestros cerebros cuando ocurrió y siempre que este haya podido ser más o menos significativo para nuestras vidas personales, familiares, culturales o sociales.

Así, hay hechos que jamás olvidamos, que están presentes en nuestros recuerdos a nada que intentemos escarbar un poco en ellos; pero, también no deja de ser cierto, que hay hechos que, por mucho impacto producido en su día, desaparecen de nuestras prioridades sobre el recuerdo y su repetición exacta o similar puede producir cierto tipo de apatía o, por el contrario, volver a instigar los mismos o superiores efectos impactantes o altamente desproporcionados por nuestra reacción adoptada.

Cualquier analista con cierto grado de formación personal y espíritu crítico debe poseer además una buena memoria para ser capaz de identificar elementos comunes con otros hechos similares y así poder recordar los antecedentes, si los hubiera, de lo que quiere analizar. Su conocimiento y aplicación puede dar lugar a ciertas indicaciones de cuál será el más previsible desenlace. Sin embargo, no hay que olvidar, que otras veces, las experiencias vividas con anterioridad pueden suponer un acicate para no volver a incurrir en los mismos errores por parte del que los cometió, por lo que el resultado final en esta ocasión, puede ser totalmente diferente al de las anteriores.

La memoria, debe ser mantenida por el individuo y practicada convenientemente para no caer en graves errores o llegar a perderla incluso para actos cotidianos. Hecho este bastante frecuente por desgracia y que produce graves enfermedades mentales de muy difícil curación ya que desembocan en importantes desasosiegos personales, laborales y en nuestro entorno cercano. Algunas, las más graves, hasta pueden producir la muerte del individuo.

Recuerdo que hace ya muchos años, gran parte de los estudios escolares y universitarios se basaban en la memoria; así había que memorizar grandes eventos, fechas, citas, autores, obras, batallas, reinados y un sinfín de elementos para poder triunfar en la vida académica e incluso en la laboral a la hora de opositar. Se sostenía que una persona con gran memoria tenía casi garantizado el camino hacia el éxito.

Poco a poco, y como todo en esta vida últimamente, hemos ido cambiando nuestros hábitos y, por supuesto, los del estudio y formación también han sufrido grandes evoluciones y diferencias con respecto a los "caducos" sistemas. Las ideas revolucionarias de cómo orientar la formación y por supuesto, la aparición de elementos informáticos y la propagación de las redes sociales donde puedes encontrar todo lo que precises, han sido los elementos que han influido y mucho en el desarrollo e importancia de un fenómeno tan necesario para el desarrollo de la vida del hombre.

Hoy en día, se es casi un “bicho raro” si tienes buena memoria y así se demuestra en los grandes programas culturales, en los que, a modo de concursos, los que se presentan a los mismos son sometidos a preguntas difíciles y rebuscadas para demostrar la capacidad de memoria del concursante. Lo que, en caso de acierto, sorprende y maravilla a propios y ajenos.

Quisiera aprovechar esta larga introducción sobre el tema para poner de manifiesto que el abuso en no desarrollar la memoria es un grave mal que nos acecha a todos y mucho más en los últimos tiempos. Esto ocurre no solo ante hechos o eventos cotidianos, culturales o laborales; también a la vista de situaciones impactantes por la gravedad con la que estos se nos presentan, aunque, en realidad, solo sean la continuación de sucesos anteriores, realizados por los mismos protagonistas y en situaciones similares.

Hace unos días hemos sufrido el acoso mediático sobre el conflicto en Corea del Norte. Para muchos ha sido un tema impactante por la gravedad del mismo y el tesón y tozudez de sus principales actores; aunque a una inmensa mayoría, les ha causado una gran desazón por desconocer realmente que la situación viene arrastrada y reiterada durante años o que los efectos que un potencial enfrentamiento nuclear puede poner en grave peligro real la paz y la seguridad mundial.

Solo unos pocos nos atrevimos a destacar que dicho fenómeno y potencial grave problema, no era nada nuevo; que las mismas amenazas se vienen repitiendo durante bastantes años -al menos desde 2006- y que, si las cosas no se torcían o se agravaban las declaraciones por ambas partes, el tema tendría una solución muy similar o igual a la que se adoptó en las previas situaciones de crisis sobre el mismo tema, escenario y gran parte de sus protagonistas. 

Otro hecho reciente y que ha sido realmente impactante en nuestra vida personal y colectiva lo ha sido la aparición en escena del autodenominado Estado Islámico. Desde 2014 hemos vivido, casi en directo, las fechorías de estos terroristas yihadistas tanto en sus territorios conquistados, como en países no tan cercanos a ellos, la propia Europa.

Seguimos con desasosiego sus campañas y los variopintos esfuerzos de la Comunidad Internacional para expulsarlos de las tierras conquistadas, combatirlos con todo tipo de medios e intentar exterminarlos para siempre para que no puedan seguir actuando sobre aquellas ni nuestras tierras y gentes. Si bien es cierto que, alguno de dichos objetivos se han conseguido, aunque de forma parcial e inacabada, otros no lo han sido y no hemos solventado el problema y la pesada lacra que este movimiento puede llegar a producir en nuestras gentes, pueblos y ciudades.

A pesar de la gravedad y el patetismo de sus atentados en tierras propias o cercanas, parece que pronto nos olvidamos de ellos y da la sensación de que estamos abocados a acostumbrarnos a vivir con su presencia y fechorías. Solo, cuando las impactantes imágenes de sus -no por baratos y simples hacen que sean poco efectivos- atentados aparecen en los medios y televisores de vez en cuando –cada vez con mayor frecuencia-, nos hacen recordar que los terroristas yihadistas están allí y aquí. Es entonces, cuando vuelven a saltar las alarmas, todos quedamos sobrecogidos y la mayoría exige mayores medidas policiales o más efectivas y una verdadera unidad política para vencerles.

La triste realidad, es que, como viene siendo habitual, a los pocos días, cuando los muertos ya se han enterrado y enfriado, volvemos a nuestra vida cotidiana y no queremos saber nada de adoptar nuevas medidas que aumenten los controles y molestias, porque muchos por desgracia, aseguran que esto atenta contra la libertad.

Nos olvidamos (perdido la memoria) de que estamos en guerra permanente con esta lacra y que fue entre nosotros donde surgieron la mayor parte de sus aguerridos y más peligrosos combatientes y personal de apoyo económico, logístico e informático. Que muchos de ellos han regresado a sus hogares a la vista de los fracasos militares allá en tierras un tanto lejanas y hasta ya pensamos que, con esto, todo está acabado y, por ello, hay que olvidarse del pasado reciente. Son muy pocos los que piensan y defienden que aquellos terroristas no han dejado de serlo y que aprovecharán cualquier momento para infringirnos un potente daño.

Por otro lado, y enlazado con lo anterior, hemos ido dejando que nuestras ciudades y la misma sociedad se hayan ido degradando poco a poco por el roce e integración de dos culturas bastante o totalmente incompatibles; hemos abandonado grandes zonas y muchos centros de capitales, incluso pueblos enteros en sus manos; hemos permitido que se instalen entre nosotros, aunque lo hayan hecho sin tomar en consideración nuestros modos, usos, leyes y costumbres. Al contrario, por una mala interpretación de lo que debe ser una acogida razonable y tasada o por aquello de una amplia aplicación y traducción del «laissez faire, laissez passer, le monde va de lui mé-me» [1], hemos dejado que en dichos lugares y países solo sea su ley la que impere y los hayan convertido en auténticos guetos inexpugnables, incluso para las fuerzas del orden, y ahora, somos incapaces de recuperar su control, estatus ni el orden inicial.

Se habla de que en los idílicos países nórdicos, donde todo estaba asegurado y bien regulado, grandes partes de sus pocas urbes están sometidas al terror y a las condiciones impuestas por personas ajenas a ese mundo; incapaces de integrarse y que buscan mediante la procreación y la acogida masiva la ocupación de grandes territorios que, tradicionalmente han sido siempre bastante indefensos y en donde ya han llegado a imponer fuertes normas y leyes derivadas de su interpretación de ciertas creencias religiosas [2]. Pero esto no solo sucede allí ¿Qué está ocurriendo en el famoso y flemático Reino Unido? Hoy te paseas por cualquiera de sus grandes urbes y sientes que estás en cualquiera de los otros mundos bastante lejanos. Su capacidad de expansión y penetración ha sido, es y será de tal calibre que, dentro de nada, coparan todos los puestos decisivos de aquel otrora, gran Imperio. De hecho, ya ocupan algunos muy importantes.  

Casos similares podríamos citar en Bélgica, Holanda, Austria, gran parte de Francia e Italia y la propia Alemania. En España, donde nunca nos privamos de nada que sea altamente nocivo, también tenemos nuestra importante ración de personas de tendencia y convicción yihadista ajenas a nuestras costumbres y dispuestas a enrolarse en movimientos o actos de terrorismo a nada que se les ofrezca una oportunidad. Solo, algunos de los países del Este de Europa parecen resistirse a ese tipo de invasión incruenta pero eficaz y progresiva que, poco a poco, va minando nuestra tradicional forma de vivir y de entender las cosas.

Parece que nos hemos olvidado de los millones de refugiados y migrantes económicos que diariamente llaman o esperan llamar en nuestras puertas y costas buscando un resquicio por donde poder penetrar para establecerse, reunificarse y procrear a gran velocidad.  Cada vez es más común o cotidiano encontrarse con parejas mixtas que poco a poco van sembrando entre nuestros congéneres sus ideas y hábitos.

Aunque no es justo pensar que todas dichas gentes son potenciales terroristas, si hay que tener presente que, para muchos de ellos, las condiciones en las que se verán obligados a crecer y desarrollarse, una vez en suelo europeo, facilitarán su posible infección. Muchos la traerán consigo, e incluso vienen disfrazados entre los necesitados y otros tantos, al no ver ampliamente cumplidas sus aspiraciones, se convertirán en víctimas propiciatorias de fácil adoctrinamiento para estos expertos y líderes en el acto del convencimiento. 

Fenómeno este, el de la migración, que los propios movimientos populistas vienen estudiando desde hace años para aprovecharse de su existencia en un sentido o en el totalmente contrario; ya que saben, que en su apoyo o lucha estará una de las principales fuentes de votos y réditos políticos y en los que basar la mayor parte de sus programas y propaganda electoral.

La falta de una eficiente doctrina y regulación común europea hace cada vez más difícil la convivencia entre los países de la Unión y pronto llegaremos a que este fenómeno pueda convertirse en el ariete que derrumbe nuestros principios, leyes, lazos comerciales, sistemas de convivencia y hasta las propias raíces.

La laxitud de la sociedad civil y política ante los principios religiosos y éticos campa por doquier y a todo trapo. A pesar de conocer los peligros que el abandono y el ataque a nuestra religión trae consigo, cada vez, parece más importante apartarse de ideas consideradas como “arcaicas” para abrazar tendencias, modas y usos más “progresistas” y ser mucho más permisivos con otras tendencias a la par que, sin darnos cuenta, al caer en la defensa a ultranza de estas, lo que hacemos no es solo desechar lo que han sido nuestras férreas raíces, sino atacarlas y tratar de desterrarlas para siempre. Ataques y desprecios, que, sin embargo, no son capaces de pronunciar con referencia a esas otras tendencias o interpretaciones religiosas que son crueles y de malvadas reacciones con todo aquel que no las acata, las desprecia o no respeta.

Por ejemplo, hoy en día en Occidente es muy difícil o casi imposible afear posturas, demostraciones públicas o actos colectivos de tipo sexista de comunidades homosexuales sin ser tachado de retrogrado, homófobo y desproporcionado. Pero, al mismo tiempo, es cada vez más normal, que se ataque, incluso por las propias autoridades locales, regionales o partidos políticos de cobertura nacional a diversos tipos de celebraciones públicas o privadas que, desde hace siglos, han mantenido y apoyado una exaltación y culto a nuestros santos patronos u otras manifestaciones o signos externos de dedicación, devoción o celebración. Pero nadie, de entre todos aquellos “valientes” látigos de la religión católica, hace la menor declaración o gesto contrario a las costumbres de ciertos colectivos religiosos y sus libros sagrados o a las diferentes interpretaciones basadas en su propia cosmología; ni, por supuesto, trata de violar la paz y el culto en sus centros al efecto, donde como todos sabemos, algunos de los cuales, y en no pocas ocasiones, han servido como centros de adoctrinamiento y captación de terroristas.

Las Iglesias católica, protestante, judía y ortodoxa también tienen su gran parte de culpa en estos acontecimientos. No vale con tibias declaraciones o refugiarse en sus basílicas o conventos y esperar a que el temporal amaine y escampe la tempestad. De siempre han sabido defenderse de todo tipo de ataques, incluso de los más cruentos, pero ahora, ante esta invasión que como la lluvia fina viene calando desde hace muchos años, no reaccionan en absoluto.

La memoria es un elemento que cada vez empleamos menos. Si queremos saber algo - cosa que, por cierto, cada vez preocupa mucho menos a todos en general- basta con consultar en Internet escudriñando alguno de sus grandes buscadores que, con mayor o menor acierto, nos darán una o varias respuestas de las que muchos desconocen, que una gran parte de ellas, están altamente manipuladas o son fruto de la posverdad.

La falta de desarrollo del conocimiento, de la memoria y la no aplicación del pensamiento crítico nos lleva directos a una ignorancia cada vez mayor. Llegará un día en el que no solo no sabremos nada de la historia real, geografía general, de la ciencia o de hechos o hitos importantes que, en su día, marcaron o cambiaron el paso o el rumbo en el mundo. Estaremos, si no estamos ya, a la entera disposición de lo que nos cuenten aquellos que están preparados y empeñados en que sepamos solo lo que a ellos les interesa dar a conocer y no la versión real.

Por otro lado, debemos admitir que cada vez somos más manipulados por la opinión publicada. Son los diferentes medios y en gran medida los políticos los que marcan el ritmo, el tono y la intensidad de lo que nos debe preocupar y cuando debemos dejar de hacerlo. La vida lleva un ritmo trepidante y, en ocasiones, no somos capaces de asimilar tanta noticia, que, por falta de memoria, queda relegada en el cajón del olvido. Pero, es aún mucho peor el llegar a   acostumbrarnos a que los hechos se repitan y que cada vez causen menor mella en nuestras conciencias y actitudes, estoy plenamente convencido de que esta, no es la mejor manera de combatir a aquel que directa o indirectamente nos quiere doblegar. 

Se dice y defiende con un alto grado de eufemismo que estamos ante las generaciones mejor preparadas de la historia. Yo me permito discrepar de dicha teoría; no dudo de que, en aspectos puntuales como el manejo de medios informáticos, lo están; que ya desde niños de muy corta edad se aprende al manejo de móviles, tablets y otro tipo de artilugios del género; que viajan mucho y hablan diversas lenguas. Pero, que su formación básica y general es más bien floja y cada vez menos consistente; que el esfuerzo personal no se prima y que la memoria real de nuestros jóvenes y no tanto, se reduce a temas, por lo general bastante banales y de poco valor específico. La cultura desarrolla y enriquece al hombre y con ella, se garantiza no caer en falsos acomodamientos, modismos o giros más o menos dirigidos, que ineludiblemente, nos llevan al fracaso o a caer en la imprudencia de dar un excesivo valor a aquello que, en realidad no lo tiene o, por el contrario, no dárselo a lo que bien se lo merece por la importancia y trascendencia que, el mismo hecho o uno similar, tuvo, incluso hace poco o mucho tiempo, para el mundo en general y la sociedad en particular.

NOTA DEL AUTOR

Acababa de escribir este trabajo de alerta sobre la pérdida de las buenas costumbres y los problemas a los que nos enfrentamos por nuestra mala o falta de memoria cuando, saltó a los medios el atentado de Barcelona. Gran parte de lo dicho en estas líneas tiene un claro reflejo en el planeamiento y ejecución de dicho vil acto yihadista. Deseo fervientemente que no solo los golpes cercanos nos hagan ver, por unos días, la cruda realidad para luego olvidarnos de ella o que poco a poco nos acostumbremos a convivir con una lacra, de la que, de no revelarnos, nunca nos veremos libres.            

[1] http://www.economia48.com/spa/d/laissez-faire/laissez-faire.htm

[2] http://www.infobae.com/america/mundo/2017/06/29/estocolmo-la-primera-cap...

Etiquetas: