Pedro Canales

Pie de foto: La muerte del militante político y defensor de los derechos humanos, Kamel Eddín Fekha, ha elevado la tensión política en Argelia. PHOTO/AFP

La muerte del militante político y defensor de los derechos humanos, Kamel Eddín Fekhar, en un hospital de Argelia donde fue trasladado desde la prisión de Ghardaia por la deterioración de su estado de salud tras 50 días de huelga de hambre, ha elevado la tensión política en Argelia al máximo. Tanto su familia y su abogado, como las asociaciones de la sociedad civil defensoras de los derechos y libertades y una gran cantidad de personalidades políticas, han exigido una comisión de investigación oficial para aclarar las circunstancias de su muerte, de la que responsabilizan a las autoridades judiciales y policiales. 

Las declaraciones hechas por su abogado Salah Debouze de que “ha habido enseñamiento por parte de las autoridades en esta muerte programada”, han encendido las redes sociales que preparan el 15º viernes de movilización popular para exigir el cambio radical del sistema político y el inicio de una transición hacia la segunda República. 

Una gran parte de la opinión pública argelina comienza a dudar de que las movilizaciones pacíficas realizadas hasta ahora desde hace más de tres meses, puedan obtener los resultados deseados. El jefe del Estado mayor del Ejército, Ahmed Gaid Salah, única figura en el panorama institucional de Argelia que adopta posiciones a través de sus discursos hechos en los círculos militares, ha ofrecido una apertura de diálogo a los representantes del pueblo movilizado, pero ha descartado abrir una etapa de transición. Gaid Salah se atiene a su postura de realizar “lo más rápido que sea posible” elecciones presidenciales. 

La intransigencia del jefe del Ejército a aceptar la purga de todos los representantes institucionales del viejo sistema de poder, el primer ministro y el presidente interino entre ellos, justifica a quienes exigen igualmente su dimisión y la apertura de un periodo transitorio dirigido por personalidades de justificada autoridad y legitimidad ante el pueblo. 

Precisamente la muerte de Fekhar, que llevaba dos meses de prisión preventiva sin cargos por una denuncia, “sin fundamento” según su abogado, del fiscal general de la región de Ghardaia aceptada por el juez de instrucción por presiones del Fiscal general de la república”, ha puesto de manifiesto las ramificaciones de los defensores del viejo sistema corrupto, en todas las regiones del país, en todas las ramas de la Administración y a todos los niveles. Los mismos que han llevado a la cárcel al militante de los derechos humanos, son los que millones de manifestantes de cada viernes, exigen su depuración. 

La muerte del doctor Fekhar, una figura muy popular en el partido Frente de Fuerzas Socialistas y en su región del Mzab, pone al jefe del Ejército ante una encrucijada: o acepta el diálogo según los términos y exigencia del movimiento popular, o se alinea con los residuos del antiguo régimen y cede ante quienes quieren utilizar la represión “para recuperar el orden social e institucional” en el país. 

Las movilizaciones previstas para mañana viernes en todo el país, van a ser una prueba de la confrontación, hasta ahora pacífica, del pueblo y las Fuerzas Armadas, sobre la Hoja de ruta a poner en marcha para salir de la crisis en Argelia. El general Gaid Salah, que en el escalafón militar tenia que haberse jubilado hace mas de 15 años, pero que se mantiene en funciones por su nombramiento político como viceministro de la Defensa por el derrocado presidente Abdelaziz Buteflika y reconducido en su cargo en el actual Ejecutivo, ha pasado de ser “parte de la solución” al tomar las decisiones concernientes al encarcelamiento de personalidades del antiguo régimen, a ser “parte del problema” por su rotunda oposición a un cambio radical de sistema. Lo que explica su rechazo a la disolución del actual Gobierno, que le dejaría expuesto a una posible imposición de la cúpula militar para obligarle a pasar a retiro.

Según todos los indicios, los generales al mando en los cuerpos de fuerza, terrestre y aérea, así como importantes jefes de región, evitarán en todo lo posible una confrontación hostil abierta con el movimiento popular, lo que deja poco margen al jefe de Estado mayor para negarse a ceder ante la presión de la calle.