F. Javier Blasco

Salvo escasas excepciones como la compra de Alaska en 1867 por parte de EEUU a Rusia, las patrias o naciones no se suelen comprar y mucho menos vender. Son el resultado de siglos de luchas, conquistas, enlaces matrimoniales entre las extintas coronas, escisiones de antiguas colonias o de acuerdos políticos voluntarios o forzados tras las grandes guerras, situaciones de dominio externo o caídas de forzados y pretéritos imperios. 

Llevamos, por suerte, muchos años en los que todo lo anterior ha venido quedando relegado al pasado y en la mayoría de los continentes y sobre todo en occidente, estas cosas no se dan ni por asomo. Al contrario, todo apunta a que las grandes alianzas supranacionales de carácter político o económico -en las que las diversas naciones primitivas se integran de forma voluntaria, tras largos procesos de adhesión y con el cumplimiento de una serie de normas o capacidades- es la norma más común.

Se atribuye, al entonces (1960) ministro de Turismo, Manuel Fraga la famosa frase de «Spain is different!» con la que se pretendió y con gran éxito, al parecer, mostrar al mundo otra cara de lo que hasta entonces era nuestro país tras largos años de una dictadura sobrevenida tras una penosa y cruenta guerra civil. Su intención era mostrar las bondades de nuestro clima, gentes y productos, así como nuestra historia, monumentos y museos que albergábamos. Pero, sin darse cuenta, sentó Cátedra; no se confundía, no sé si él lo sabía o no, pero la verdad es que España y sobre todo, los españoles somos diferentes al resto del mundo tanto lejano como cercano.

Cuando una inmensa mayoría de naciones tienden, como he dicho, a incorporarse en alianzas, tratados, acuerdos u organismos supranacionales, aquí, en el país más antiguo de Europa, con más de quinientos años de historia, nos dedicamos de tanto en cuanto, a tratar de fracturarla o dividirla en cachos al antojo y conveniencia de una serie de descerebrados que inventándose su historia y con engaños y grandes falacias convencen, animan y empujan a personas -bien por su escasa cultura real o por haber sido víctimas desde su más tierna infancia de un machacón y eficaz adoctrinamiento- a lanzarse alegremente a las calles en apoyo de las pretensiones personales y políticas de personas que, sin un aparente ataque de locura, no dudan en abjurar de las leyes y fundamentos que prometieron o juraron acatar y defender –aunque solo lo fuera por imperativo legal- en el momento de la toma de posesión de su cargo.

A estas alturas todos sabemos que la historia de la humanidad, los hábitos y la cultura se mueven y desarrollan en periodos cíclicos; que todo movimiento político, religioso, social, cultural e incluso económico, tiene su origen, desarrollo, cenit y ocaso. Que, tras un periodo más o menos largo de letargo, una serie de nostálgicos, más o menos bien o malintencionados, desempolvan aquellos preceptos olvidados o aparcados para tratar de ponerlos en práctica de nuevo sin o siendo muy conscientes de lo perjudiciales que fueron en su día.

Así, en España hemos tenido de todo: pequeños pueblos nómadas, invasiones y conquistas externas, reconquistas, concentraciones en feudos y reinados, un gran imperio universal, monarquías propias o ajenas, alianzas, guerras internacionales, civiles y sucesorias, repúblicas, dictaduras, levantamientos, cantones y hasta la democracia. Nuestro abanico de posibilidades y hechos acaecidos es de lo más granado y nadie se puede quejar de que no conocemos; salvo los indocumentados, que es lo que supuso cada uno de aquellos periplos.

Pero, haciendo gala a nuestro carácter e increíble personalidad que nos hace diferentes al resto del mundo, volvemos a resucitar o inventar gestas o situaciones pasadas creyendo y haciendo creer a los demás, que aquellas situaciones fueron y serán mucho mejores que la situación en la que nos encontramos. Y aquí estamos, en medio de un proceso separatista que cada vez, por supra acción o inacción de unos y de otros, está tomando un cariz que precisa ser solventado a la mayor rapidez posible.

Desde 1978 gozamos de una Constitución que nadie puede dudar, salvo los más malintencionados y recalcitrantes, que haya sido el periodo de mayor prosperidad para España y los españoles. A fuer de ser sincero, debo reconocer, que no todo ello ha sido fruto de nuestras leyes, gobiernos y trabajo propio. La acertada decisión, en su día, de integrarnos en la UE fue lo mejor que pudimos hacer para recibir ingentes cantidades de ayuda, directrices y enseñanzas que no solo nos hicieran prosperar a una importante velocidad de crucero, sino que nos abrieron las puertas y los ojos al mundo externo de forma política, económica e incluso social y culturalmente.

Bien es cierto, que como parte de la sociedad multinacional y transversal somos, al igual que todos, víctimas de las crisis económicas, sociales y culturales que afectan a dichas sociedades; pero, también lo es el que nosotros, además, nos hemos encargado de agrandar aquellas crisis al aprovechar dichas aguas revueltas para sacar pingues beneficios a modo personal o partidista. España es diferente.

Aparte de todo esto, o como consecuencia indirecta de lo mismo, han venido floreciendo ciertos movimientos separatistas e independistas en varias regiones de España y, en algún caso, han sido caldo de cultivo para el desarrollo y crecimiento de movimientos y bandas terroristas que tanto daño, dolor y lágrimas han traído a España y a los españoles. Hasta hace poco, hemos sabido aguantar, combatir y hasta derrotar a los unos y los otros en base a una importante comunidad de acción y al apoyo entre los partidos políticos, no exento de determinadas traiciones calculadas en busca de réditos políticos. España es diferente.

Pero ahora tras muchos años de concesiones, búsquedas de limitados benéficos, enormes pagos aplazados de tranquilidad o poco ruido, miradas para otro lado y sobre todo, graves dejaciones de las obligaciones que el Estado de Derecho otorga y obliga a los tres poderes del mismo, nos encontramos en este quilombo separatista catalán en el que, a fecha de escribir este trabajo, se ha visto de todo y mucho me temo, lo que queda por venir. España es diferente.

Estamos ante un Parlamento regional en el que, encabezado por su presidenta y gobierno, se abjura y elimina con una exigua mayoría -no contemplada para ni siquiera plantearse tamaña decisión- no solo de la Constitución española –madre de todas las leyes- sino su Estatuto de autonomía y el Reglamento de su Parlamento.  No contentos con aquello, sus “hazañas” fueron a más y en concordancia con lo tantas veces anunciado por ellos. Con un par de narices y con toda irresponsabilidad y maldad, decretaron, votaron y aprobaron leyes de desconexión con España y sobre un referéndum; ambas, totalmente antidemocráticas y contrarias a la Constitución.

Como era de esperar y que menos cabía, el Tribunal Constitucional (TC) ha tardado pocos días, yo hubiera preferido horas –ya que había poco que estudiar o discutir sobre ambas “leyes”- en anular y dejar fuera de efecto ambos esperpentos de leyes por no ajustarse o ir contra la Constitución.

Cosa, que como el que oye llover estando bien protegido dentro de casa, no se acató ni por el Parlamento catalán ni por su gobierno. Ellos a lo suyo y han continuado llevando a los catalanes, los españoles y al mundo entero su señal y mensaje de victimismo, opresión, persecución y grave lesión de sus derechos y libertades. Pero no contentos con esto, sus mensajes de desobediencia, mofa y las llamadas a la rebelión, de momento y según ellos “pacífica”-cosa que no es cierta como veremos-, han sido más y mayores a medida que pasan los días y los poderes del Estado comienzan a poner en práctica una parte minúscula y no muy enérgicamente aplicada de sus atribuciones y posibilidades de acción y reacción.

A estos señores, por llamarles de alguna forma respetuosa, llegados al punto al que se les dejó llegar, no les arredra nada, ni las peticiones respetuosas para que cejen en sus planteamientos de convocatoria del referéndum y llamamiento a las masas a la insumisión o a cosas más graves, ni las persecuciones económicas a sus maltrechos y totalmente dependientes presupuestos, ni la solicitud de los fiscales de la aplicación de delitos, que esta vez, aunque no para todos ellos, pueden tener un mayor coste que en el pasado e ignominioso acto del 9N de 2014, ni las repetidas advertencias o exigencias de colaboración a los mossos –menuda vergüenza que a unas fuerzas de seguridad integradas en el Estado se les tenga que pedir colaboración y no se les ordene directamente con todas sus consecuencias-, ni los registros e incautaciones del material necesario para la propaganda y celebración del dicho referéndum; en definitiva, nada de nada. Han decidido inmolarse, al menos varios de ellos y en este tema están. Mientras, el resto de los españoles observamos expectantes si dichas medidas, anunciadas con todo bombo y platillo por el Gobierno y el Poder Judicial, son o serán suficientes para aplacar sus deseos de grandeza o de inmolarse frente a la galería.

Cada uno de los referidos tres poderes independientes del Estado tiene sus capacidades y responsabilidades propias y por ello son ellos los máximos y únicos responsables de su rápida y eficaz aplicación. La necesaria coordinación de acciones o al menos determinadas consultas entre ellos, es muy importante para que las acciones de uno no interfieran o disten totalmente de las del otro. Ante esta situación, con el grado de ejecución al que se ha llegado, ya no caben interpretaciones y posturas pueriles o malintencionadas.

Empezando por el Poder Legislativo, es tremendamente denigrante ver y comprobar cómo se comportan muchos de los partidos políticos ante esta grave situación que atravesamos. De muchos –los separatistas, nacionalistas y antisistema- no esperábamos otra cosa, salvo un poco de educación ya que han tomado la Cámara del Congreso como una enorme pista de circo –con perdón para el importante y honrado mundo circense-  donde mostrar sus gestos, posturas y zafias declaraciones al estilo más burdo que nadie podía imaginar.

Es muy triste poder comprobar, que dichas demostraciones se suceden día a día e incluso muchos diputados y bastantes medios llegan expectantes al hemiciclo en espera de conocer la gracieta o el acto o declaración soez del día. Pero lo peor de todo este particular circo, es la pasividad con la actúa la presidenta del Congreso, por una excesiva cortesía malentendida o por aquello de no ser considerada como tajante o intransigente cuando lo debe ser ante tales demostraciones que dicha autoridad les permite, a pesar de que están totalmente prohibidas por su terminología, el reglamento de la Cámara y por una mínima educación parlamentaria. España es diferente.

Lo que sí es verdaderamente patético y casi indescriptible es la adopción de decisiones, propuestas y posicionamientos de los llamados partidos constitucionalistas ante situaciones de este calado. Sobre todo, el PSOE que cambia de criterio según le convenga, amaga y aparece en apoyo o no según las circunstancias, como el mejor modo, aunque lo nieguen, de presionar a un gobierno que cada vez se ve más solo en esta situación. Tampoco cabe olvidarse del oportunismo calculado de Cs; un partido que normalmente solo busca sacar tajada, disfrazándose del verdadero y único salvador de la situación cuando en realidad, sus –a veces descabelladas y como mínimo, poco reflexivas- propuestas no hacen más que provocar reacciones en sus “compañeros” de viaje, que se transforman en muestras de poca cohesión y resquebrajamiento de una débil posición común contra los separatismos. Tanto unos como otros deberían tener mucho más cuidado con estas acciones, decisiones y posturas, porque están haciendo mucho más daño a la situación de lo que realmente se imaginan. Lo malo es que a ambos los ves declarar con posterioridad a estas actitudes o posturas y todos ellos encuentran mil argumentos y justificaciones a sus postulados o reacciones y, por la poca pericia de los periodistas, suelen salirse de rositas y muchos, incluso les creen. España es diferente. 

El Poder Judicial, muy en boga y activo en estos momentos, como corresponde y procede, en los que se ultiman, alientan y cometen la mayor parte de los mencionados delitos. Tiene por su carácter sancionador y de obligado cumplimiento mucho peso en el mantenimiento y corrección de todas las situaciones y actuaciones fuera de la Ley y en este caso, también.

Desde un primer momento, los máximos representantes de la judicatura y del ministerio fiscal, dejaron bien patentes de palabra y por escrito su total convencimiento y apoyo a la Ley y a su obligado cumplimiento. Apoyos que no se dejaron esperar por las claras manifestaciones, al unísono, de todas las asociaciones de jueces en España. El TC aparte de la ya expresada diligencia en las declaraciones de nulidad de las leyes aprobadas por el Parlamento catalán, ha empezado a poner en práctica las recientes atribuciones que le corresponden por las modificaciones de sus atribuciones y ya impone multas con carácter diario a ciertos elementos directamente implicados; multas, que como siempre, afectan directamente al bolsillo de los ciudadanos y eso, es harina de otro costal.

Hoy, han tomado posesión los nuevos fiscales destinados en Cataluña a fin de completar o reforzar las plantillas y por parte de diversos estamentos de la fiscalía ya se empiezan a tipificar como sedición algunos de los actos violentos y con tumulto llevados a cabo por los cachorros de este movimiento. Delito este, que no es ninguna broma por las penas de cárcel que supone y que, a pesar de ser conocedores de las circunstancias concurrentes para tipificarlo y teniendo la orden de evitarlas a toda costa, sus huestes envalentonadas no han podido evitarlo.

Todo apunta a que la maquinaria jurídica y fiscal está perfectamente engrasada y en consonancia con lo que se espera de ellos, que, en definitiva, solo es cumplir con su deber y responsabilidad.

No obstante, tengo la ligera sensación de que, por parte de algunos estamentos de la judicatura, empiezan a temblar algunas canillas y precisan más tiempo, calma y sosiego en tomar decisiones de profundo calado, si es que al final las toman. De momento, solo los peones del este tablero de ajedrez están siendo sometidos al verdadero rigor y peso de la Ley. Los máximos responsables de todo este embrollo, aunque al parecer están o pueden estar en su día, acusados de varios tipos de delito, siguen en sus puestos y cargos políticos, campando a su libre albedrio, animando e instigando a las masas a la desobediencia, como poco, sino a la sedición. Por otro lado, según parece, el TC estima poco o nada conveniente actuar contra ellos. Estos, rastreros personajes, aunque tratan de aparentar valentía, tiran la piedra y esconden la mano. Mueven a las turbas desde atriles y podios oficiales o improvisados, pero, desaparecen de la cabeza de los movimientos y demostraciones, en los que, dada su poca cabeza, empiezan, como ya he dicho, a caer en delitos mayores. Les engañan, azuzan e impulsan, pero, como buenos zorros plateados, ellos, los máximos responsables, se quedan al margen de los delitos mayores. Mucho me barrunto que, los malamente informados o poco cultivados seguidores acérrimos, si finalmente no les tiembla el pulso a los jueces, podrán verse restringidos de su libertad y en la cárcel por muchos años y, sin embargo, sus instigadores, solo sufrirán penas de inhabilitación y algún tipo de multas. España es diferente.

Cosa similar ocurre con personajes siniestros como la alcaldesa de Barcelona, aquella persona que, en todo su currículo previo, solo figura haber sido activista durante muchos años. Un personaje, que como la mayoría de los de su partido y afines, son auténticos especialistas del mundo de los trileros; llenos de vocablos que valen lo mismo para una cosa como para la opuesta y que, incomprensiblemente, sigue manteniendo engañados a millones de españoles. Basta con recordar que todo un General de Ejército del Aire, ex JEMAD a más datos y con todo el poder de las fuerzas armadas en sus manos durante varios años gracias al “buen ojo” de los socialistas, se haya adherido a ridículas -en cuanto a su número de participantes, que no a su gravedad- manifestaciones en apoyo a la sedición al ir contra la Constitución. Hay que ver cómo está el grado de cultura o de degradación en España. Nadie dentro y fuera de casa puede dar crédito a tamaño esperpento. España es diferente.

Ya veremos si, cómo y cuándo se llevan a cabo los necesarios juicios para todos los instigadores, autores, encubridores e impulsores de estos delitos en su diferente grado de participación o autoría. Espero y deseo que no se le ocurra a nadie que, como se desprende de ciertas declaraciones de todos los partidos políticos y algún jurista, baste con animarles a que vuelvan a la normalidad, se sienten a negociar y aquí paz y después gloria. Los jueces saben perfectamente, que una vez cometido y probado un delito, no basta con arrepentirse para que un juicio no se celebre; se podrá ser más o menos benévolo con los autores de los delitos si es que sea arrepienten públicamente; pero, en cualquier caso, la justicia, haciendo gala de la venda que cubre sus ojos y de la balanza y espada en sus manos deberá emplear sus capacidades con todo su rigor y ejemplaridad.

De lo contrario o tras vergonzosos indultos, en unos meses o pocos años, volveremos a la tercera edición de este macabro suceso. Tras el 9N de 2014, fue la Justicia y en especial los jueces del TSJC – no sé si alentados o bajo indicación o sugerencia indirecta de un titubeante gobierno- los que no aceptaron las teorías y pruebas acusatorias de la fiscalía correspondiente y borraron de un plumazo los delitos más graves de los que sus principales autores eran acusados. Para colmo, los pocos delitos que se mantuvieron, solo fueron penados con sus mínimas penas. Ha tenido que llegar, años más tarde, el Tribunal de Cuentas – que solo tiene un carácter económico administrativo- para demostrar que aquella fiscalía tenía razón, y ahora solo se les puede exigir la devolución de los varios millones de euros malversados. Cuanto tiempo, esfuerzo y ejemplaridad se perdió en aquella ocasión; de la que me vuelvo a repetir otra vez en mi teoría de que es en dicho punto donde puede estar el origen y acicate a esta nueva situación por lo poco que les costó aquella similar aventura a sus principales autores. Pero como muchas cosas incomprensibles en España, no se han tomado medidas sancionadoras o correctoras a los que, como mínimo, no cumplieron totalmente con su obligación; no vaya a ser que después, todo se sepa. España es diferente.

Para terminar de hablar de los poderes del Estado de Derecho, no debemos olvidarnos del Poder Ejecutivo, el Gobierno con su presidente a la cabeza. Un poder que cuenta con numerosos medios y leyes -hasta la propia Constitución- a su alcance que, ampliamente le facilitan el camino para afrontar, apaciguar y apagar este tipo de situaciones, que si bien y de momento, no son muy frecuentes, se pueden convertir en crónicas y recurrentes de tiempo en tiempo en más de una de las regiones o comunidades españolas. Ya hay algunas que vuelven a enseñar la patita y otras lanzan sus primeros pasos en dicha dirección.

Tiene en su mano la capacidad de presentar y tratar de ganar en las Cortes -usando o buscando las suficientes mayorías- las modificaciones legislativas que se precisen o, en su caso, presentar nuevas leyes que se adapten a los retos y cambios de situación que se susciten. Puede y debe emplear, siempre con proporcionalidad, dentro de la ley y con acatamiento a las restricciones legales las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, declarar estados de excepción y de sitio e incluso desplegar a sus fuerzas armadas para que, si llegara a degradarse demasiado la situación, cumplir con su ordenamiento constitucional de mantener la integridad territorial.

Está claro, que, como ya he dicho antes, todo debe hacerse siempre con proporcionalidad y al amparo y dentro de la Ley y en función de la evolución y gravedad de la situación en cada momento; de lo contrario, esto sería una dictadura al mejor estilo chavista.

Todos sabemos que la puesta en práctica de estas herramientas no solo depende del albur del gobierno, debe basarse en una serie de preceptos y, sobre todo, en los informes de seguridad que el CNI y los cuerpos y fuerzas de seguridad le proporcionen en cada momento. También es cierto, que la personalidad de cada presidente influye y mucho en la puesta o no en práctica de la mayoría de dichas herramientas y que las presiones o apoyos parlamentarios de los grupos de la oposición siempre pesan mucho a la hora de tener un camino abierto o cerrado a su aplicación.

Entiendo todas estas dificultades a las que se debe añadir el potencial borrón en la imagen exterior de España que, puede originar, además, presiones de carácter político desde los países aliados, amigos o de las organizaciones internacionales a las que se pertenece. En definitiva, no es nada fácil y debemos mantenernos en un determinado y alto nivel de proporcionalidad y calma [1]. Las precipitaciones no son nada buenas y debemos evitarlas en todo momento; pero los retos y las acciones denigrantes, vejatorias o de fuerza desproporcionada contra las personas, los símbolos nacionales, instituciones, los organismos y el material del Estado y de sus fuerzas y cuerpos de seguridad no se deben consentir. Entiendo y aplaudo a rabiar la fortaleza y estado de ánimo de los guardias civiles que mantuvieron la calma y cordura mientras eran acosados durante horas por unos sediciosos malcarados y su gran amor a España que les lleva en situaciones heroicas a enfrentarse a cara descubierta y sin armas a las turbas enloquecidas. Turbas, muchas ellas saturadas de alcohol en sus venas –según algunas imágenes pasadas por televisión o twitter- que asisten a estos macabros actos como si se tratara de un botellón de fin de semana o un acto de novatada estudiantil. España es diferente.

Esto debe servir de lección para todos y al mismo tiempo para impulsar a estos fieles servidores y sufridores a que denuncien los hechos por su vía de mando, presenten pruebas gráficas, que estas se recojan y gestionen con toda celeridad y el necesario apoyo legal a la fiscalía para que esta actué de oficio, sin necesidad de esperar a los informes de los mossos, cuerpo que, tras los repetidos indignos e injustificados retrasos en acudir en ayuda de compañeros de oficio en peligro frente una turba totalmente fuera de control, ha llenado de manchas su nombre, prestigio y uniforme por seguir en gran parte –incluso con algún cuadro participando a modo personal en los actos sediciosos- las órdenes de un poco imparcial Mayor de dicha guardia. Persona que ante incumplimientos de la Constitución y delitos de gravedad, según se ha publicado, ha sido capaz de retrasar voluntariamente sus obligaciones -a pesar de ser requerido y advertido por la fiscalía en más de una ocasión- poniendo en peligro la vida de unos servidores de la Ley y dejando que unos vehículos policiales hayan sido destrozados y exhibidos en las televisiones de todo el mundo para regocijo propio y escarnio público de un cuerpo de tanta solera y prestigio como lo es la Guardia Civil. Dichas imágenes me recordaban una película en la que unos enloquecidos zulúes mostraban las cabezas de los blancos a los que asesinaban tras su capturaban. España es diferente.

Me alegra mucho que ante estos hechos se haya reaccionado bien en dos aspectos; aumentar oficialmente el contingente de fuerzas y cuerpos de elite, mejor preparados y comprometidos con la Ley y el orden en España, en apoyo de unas fuerzas policiales que, sin mencionarlo oficialmente, no son capaces o tratan de retrasar sus obligaciones. Es muy triste la noticia difundida por la que, según parece, algunos mossos fieles a su deber, tengan que tratar de ayudar a la policía nacional y guardia civil a hurtadillas y sin que lo sepan sus jefes. España, al igual que Roma en su día, no debería pagar a sus traidores y este tema no debe ser pasado por alto, como se acaba de hacer con los numerosos problemas de eficacia y coordinación previos, durante y después de los recientes atentados en Barcelona y Cambrils.

El segundo aspecto sobre el tema que me ha proporcionado un alto grado de satisfacción es que como consecuencia de dicha “gracieta” por el número de actuantes, su violencia y los hechos derivados de sus actos como turbas, su delito no puede ser considerado como de menor importancia; es nada más y nada menos que un acto de SEDICIÓN; hay muchas pruebas y fotografías, la mayoría tomadas por los propios guardias o colgadas por aquellos imprudentes niñatos para vanagloriarse ante sus amistades. No quiero decir nada, si es verdad lo que corre por diversos medios, que afirman que hasta se hicieron por la fuerza con el armamento reglamentario de las patrullas de la guardia civil, que restaba depositado en los coches durante su acoso y asedio.

No quisiera terminar este análisis de la situación y evolución de los hechos sin hacer mención a algunos de los actores secundarios, pero no por ello menos importantes, que están tomando un gran protagonismo en estos hechos y que, por ignorancia o extrema maldad contribuyen al mal que se está propiciando.

Me refiero, entre otros, al F. C. Barcelona un equipo de futbol que gracias a su muy buena plantilla y al acierto de algunos de sus entrenadores ha conseguido durante años pasados grandes éxitos atrayendo con ello la atención del mundo e incrementado exponencialmente el número de sus seguidores dentro y fuera de Cataluña. Un Equipo que desde hace unos años se auto declara como “Algo Más que un Club y como el Portador y Garante de los Valores”.

Los que nunca fuimos aficionados ni seguidores de dicho club, aunque reconociéramos sus éxitos, -entre ellos yo-  nunca entendíamos el significado de aquellas grandilocuentes palabras declatorias con las que aún se les sigue hinchando la boca. Pensábamos que era una exageración o una patochada propagandística hasta que empezamos a ver que año tras año, el Barcelona se esforzaba en participar en la final de la famosa competición nacional conocida como la Copa del Rey. Pudimos comprobar que aquel empeño no era porque este fuera el máximo galardón futbolístico anual en España, sino para que sus adoctrinados y enardecidos seguidores silbaran y pitaran al Himno Nacional y al Rey, presentaran miles de sus banderas separatistas y gritaran soeces palabras contra España, el Rey y los españoles. Mal asunto, al que muchos inocentes, sobre todo los seguidores no catalanes, no le dieran la gravedad que encerraba o lo tomaran como un desahogo de los hooligans de un equipo enardecido que optaba a una copa más.

Pronto vimos cómo algunos de sus jugadores insignia o, al menos los más provocativos, que, aunque juegan con la Selección española –ahora creo que sólo lo han hecho o hacen por el vil dinero- e incluso su mejor e internacional entrenador, también jugador en ambos equipos, hicieron declaraciones por el derecho a decidir o apoyando directamente la autodeterminación. 

Ahora, llegado el momento de la definición de posturas, vemos que es el propio club el que se decanta, al igual que la Sra. Colau, por el proceso al que muestra todo su apoyo tanto en declaraciones institucionales como por escrito. Ahora es cuando entiendo y me explico el significado de aquellos lemas tan extraños. Es una pena que, de momento, no se tomen medidas legales o hasta disciplinarias de Federación de Futbol contra este club; debería hacerse, porque todos aquellos actos pagados y regalados con dinero del mismo y/o de sus dirigentes han creado un poso entre los seguidores de un juego. Seguidores, que como todos sabemos, generalmente no son lo más granado y culto de las sociedades, son fácilmente maleables y propicios al adoctrinamiento. Estas declaraciones solo sirven para criar cachorros exaltados a la causa. Baste ver la indumentaria que portan la mayoría de los jóvenes que asisten durante horas a las manifestaciones de odio frente a los juzgados o las sedes donde la guardia civil actúa por orden judicial y en busca del delito o sus autores. Las camisetas del Barcelona. España es diferente.

Otro de los factores graves que no puede quedarse en el tintero, es lo que se ha sabido con respecto a la iniciativa de profesores en varios colegios en donde se anima a los alumnos a ir a manifestarse contra todo en lugar de procurar inculcarles lo mejor para su educación y futuro. Los profesores de aquellos centros, que provocan alientan e incluso acompañan a unos todavía poco formados alumnos a participar en algaradas y protestas contra la aplicación de la Ley y el mandato de la Justicia no saben el mal que están haciendo en las mentes y el futuro de unos jóvenes que son incapaces de discernir con claridad entre el bien y el mal y, sobre todo, en convertirlos en personas llenas de odio, sin razón y totalmente adoctrinados para una causa injusta e ilegal. España es diferente.

No puedo dejar sin mencionar la influencia que las diferentes religiones y sobre todo sus practicantes haya podido tener en el impulso, engrosamiento de agradecidos seguidores o en los aspectos financieros e ideológicos de esta marea. Así, el independentismo, o el movimiento secesionista, que viene a ser lo mismo, cuenta al menos con tres aliados importantes que podrían pasar desapercibidos y, de hecho, pasan desapercibidos; por un lado, los protestantes evangélicos, de los cuales algunos cuentan con templos que van más allá de simples capillas, como en el barrio de Can Tusell en Tarrasa, por ejemplo. Los muchos sacerdotes y alguna monja a favor de la independencia y sus iglesias o conventos donde se realizan actos de todo tipo y no puramente religiosos y siguiendo el hilo de este concepto, la llamada CIB de la comunidad israelita de Barcelona de la calle Avenir que da voz y acoge a muchos catalanes influyentes en días destacados como el del Iom Kipur. La identificación con los judíos y su problema de independencia como Estado oprimido frente a cualquier presión externa es bien conocida y, entre otros, también se conocen diversos contactos de la Generalidad con Israel incluso en aspectos de formación policial, inteligencia, supervivencia y antidisturbios.

En los tres casos referidos el contacto y el compadreo con líderes de la antigua CIU, ERC y otros partidos afines vienen siendo habitual desde hace bastantes años. Son comunidades que pueden dar apoyo de todo tipo en estos momentos sin que se destaque especialmente, precisamente por ser los últimos sitios en los que cabría pensar.

Con respecto a los musulmanes e islamistas, es bien conocido el apoyo y amplio acogimiento de extranjeros inmigrantes que profesan dicha religión, por la facilidad de convertirlos rápidamente en agradecidos ciudadanos catalanes, que hablen pronto el catalán por no conocer el español y permanezcan fieles a la causa independentista a base de apoyos y constantes subvenciones.

Incluso otros inmigrantes procedentes del centro de África son fácilmente identificables en estas manifestaciones gritando desaforadamente improperios contra el estado español, su gobierno o la guardia civil porque allí, en Cataluña estos han sido identificados como los que les dificulta su integración y solo los catalanes son los que les permiten y favorecen su estancia y trabajo en negro sin provocarles muchos inconvenientes.

Toda esta caterva de personas foráneas, religiones y tendencias a escapar de la opresión es fácilmente maleable y propicia para ser empleada en estos movimientos o actos. En definitiva, estómagos agradecidos baratos, sin ninguna capacidad de discernimiento y sin conocimiento de nuestra historia y del problema en concreto.   

Reprocho y denuncio el extremado interés de la mayoría de los medios audiovisuales de toda España y en especial los catalanes por buscar obtener y publicar las escenas más escabrosas, tratar de engrandecer las concentraciones usando el zoom o los ángulos más favorables, mostrar las declaraciones más soeces y los gestos más incorrectos y destacar la presencia de personas demasiado jóvenes que, en lugar de estar trabajando o estudiando pierden su tiempo y dinero asistiendo a este tipo de patrañas. Esas escenas, declaraciones o actos desafortunados, no sirven para nada salvo para hacerles sentir importantes a los que las realizan y para llenar de basura o interesados proyectos a otros medios y movimientos políticos extranjeros. Esto no nos saldrá gratis y es una prueba más de que España es diferente.

Ya hice en un anterior trabajo una referencia a la posible conveniencia, desde mi humilde punto de vista, de una declaración institucional del jefe del Estado, el Rey tal y como en su día, el famoso 23F, lo hizo su padre. Cuando el Estado de Derecho está en peligro, es cuando más necesitamos, las palabras, la guía y el ejemplo del jefe de dicho Estado. Creo que para mucha gente de bien no bastan sus sabias y rectas palabras con ocasión de discursos de apertura de diversos eventos.

Agradecí la última declaración institucional del presidente del Gobierno, aunque me dejó una ligera duda, que paso a exponer como colofón a este largo trabajo.

Pero antes, destacando el lado positivo de esta historia, debo aplaudir las iniciativas -aunque algunas se han mostrado con fuerza demasiado tarde- de empresarios, economistas, personas de la cultura y el arte de tremenda tradición catalanista, por su valentía a salir ante los focos o firmar multitudinarios manifiestos donde declarar solemnemente su desacuerdo con este movimiento, o al menos con su procedimiento. Hasta el propio JM Serrat ¿Quién nos lo iba a decir?

Dejo para el final la explicación del título de este trabajo de exigencia, denuncia y unos pocos agradecimientos y para ello quisiera explicarme con toda claridad. Ayer supimos dos cosas importantes; la primera es que el PSOE vendía como un gran éxito, al estilo de los pírricos logros de Cs, la aprobación por la mesa del Congreso de su solución estrella, la mágica y cura todo Comisión para estudiar la reforma constitucional, a la que se le ha dado el rimbombante nombre de “Comisión de Evaluación y Modernización del Estado Autonómico”, que empezará sus trabajos en breve y de la que no se esperan resultados en menos de tres o cuatro meses.

Espero y deseo que, como tradicionalmente se viene diciendo en el argot parlamentario, esta vez también se cumpla aquello de que “si no quieres resolver un problema, nombra una Comisión”.  Lo digo con el corazón en la mano porque lo interpreto y veo como una puñalada a traición del PSOE, a cambio de inciertos, tibios y variantes apoyos al titubeante gobierno en esta tesitura; firmemente creo que es una barbaridad en principio por los peligros que puede acarrear al futuro y la unidad de España. Extrañan y mucho las no apariciones ni declaraciones de boca de su Secretario General en toda esta semana convulsa y que solo aparezca en actos de partido en Cataluña regalando muchos oídos del PSC. 

Siempre se ha dicho que nos es bueno legislar o cambiar nada en caliente; además, todo el mundo sabe que, de momento y hasta que los separatistas no vean a muchos de los suyos fuertemente encausados, totalmente cerrados todos los caminos de salida para sus aspiraciones y que sus apoyos reales no pasan de algunos cientos de miles y ninguno del exterior, estos no aceptaran ninguna propuesta que se aparte de su única y verdadera intención y objetivo, LA TOTAL Y ABSOLUTA INDEPENDENCIA.

Buscar acomodos, encajes o ajustes de calado que den alas a los independentismos o que aumenten aún más las grandes diferencias con el resto de las comunidades y españoles es una falacia que solo dilatará en un poco de tiempo el problema, nos costará muy caro a todos y sobre todo, al que lo tenga que aplicar y aprobar oficialmente. Sánchez sabe que tiene muy difícil ganar en unas elecciones normales a Rajoy, su única posibilidad es llevarle a aceptar el abrazo del oso como la mejor o única salida. Si cae en dicha trampa y, una vez sentado a la mesa de discusión, puede que no sea capaz de mantener los principios constitucionales básicos por encontrase en minoría, Entonces, Rajoy y su partido habrán firmado su sentencia de muerte política y lo que es peor, habrá sido como el sacrifico de un cordero a los dioses paganos, no sirvió para nada porque tras esto y sin solución de continuidad, se abrirá un proceso constituyente –que es lo que buscan los independentistas, los antisistema y por lo que escucho, muchos de los socialistas aunque o lo declaran abiertamente- donde todo puede tener cabida.

No me gustan nada los tambores que empiezan a sonar, de momento lejanos, pero cada vez con más fuerza e insistencia sobre la predisposición del gobierno a cambiar las condiciones financieras y fiscales de Cataluña tan solo por avenirse a cancelar su referéndum. Sería, de nuevo, una burda y traidora concesión más de las muchas que se han hecho a dicho territorio y sus moradores; además, aumentará la brecha con el resto de España; no está contemplada en nuestra Constitución y costaría muchos sufrimientos y retrasos a otras zonas; por cierto, mucho más necesitadas y tremendamente diferenciadas en el sentido negativo con respecto a los demás.

Llevamos años de experiencia en estos temas, conocemos la insaciabilidad de las gentes separatistas y los engaños y agendas ocultas de unos y otros en el mundo de la política. Hemos sobrevivido muchas veces trapicheando con las peticiones viciosas de muchas regiones, grupos separatistas, bandas terroristas y partidos políticos sin escrúpulos. Lo siento, pero una Patria no se debe comprar ni vender, se la forma, cuida y mantiene con la verdad, la Ley, el trabajo, la honradez y el buen hacer. Los españoles ya somos maduros democráticamente y cuando vemos que algo huele a podrido, lo demostramos en las urnas. En este caso, más vale honra sin barcos, que bracos sin honra.

Apliquemos toda la Ley y las herramientas al alcance del Estado, que los responsables de este desaguisado sean debidamente apresados y juzgados por todos sus delitos y más tarde, con la calma precisa, ya veremos que se puede o debe hacer. Posiblemente, habrá que ir a nuevas elecciones para poder cambiar con mayor peso y respaldo popular solo aquellas cosas que sea estrictamente necesario cambiar. Incluso, puede que, para evitar hechos parecidos o males mayores, sea conveniente que el Estado y sus tres poderes recuperen parte de las capacidades cedidas; al menos, las referentes a determinadas tipificaciones y delitos en el Código Penal, la seguridad y el orden en todo el territorio nacional, la educación y hasta la sanidad.

No convirtamos este problema recurrente en el fin de España; no hay que ceder un paso más y rechazar de plano ideas aparentemente inocuas en forma de abrazos de osos que pronto vemos que solo buscan su gran tajada. Baste con referirse a las “nuevas pretensiones” del PNV que, con ocasión del rio revuelto que vivimos, se han conocido hoy a cambio del posible apoyo a los presupuestos de 2018, cosa que oficiosamente estaba totalmente cerrada para esta misma semana. Las hienas y los lobos no dejan una presa por inalcanzable; sobre todo, si esta no cesa de sangrar.                         

[1] https://sites.google.com/site/articulosfjavierblasco/mantengamos-la-calma-1