F. Javier Blasco. Coronel retirado

Los españoles somos gentes con gran y bastante buena fama en el orden y teatro internacional. He pasado nueve años fuera de España en diversos destinos en el extranjero y lo he podido comprobar personalmente. Generalmente, se nos califica como personas afables, dadivosas, bastante dispuestas a la conversación, aunque no dominemos mucho otros idiomas, un tanto dicharacheras y siempre preparadas a abrir nuestras mentes, casas y corazones a los demás sin, aparentemente, pedir mucho o nada a cambio.

Pero también, se nos achacan algunos “pecadillos” que forman parte de nuestros genes e identidad tanto nacional como individual. De entre ellos, destaca la tendencia a una potente y desenfrenada exageración en muchas de las actividades y relaciones personales, sociales, laborales y políticas en las que actuamos o nos relacionamos. Exageración, que es patente en la mayor parte de nuestros actos y hasta en las competiciones deportivas en las que participamos. Todo lo nuestro es siempre lo mejor. No hay duda; aunque para ello debamos inventarnos cada día un hecho, alumbremos una traza de difícil comprobación o tengamos que reinventar hasta lo que ya ha sido inventado años, lustros o siglos atrás.

Si por nosotros fuera, todo, absolutamente todo, depende de la iniciativa, la genética, la inteligencia o el arrojo de nuestros antecesores o contemporáneos actuales. Somos tan exagerados en eso, que hasta nos disputamos entre nuestras propias regiones la autoría, siempre que esta sea benefactora, de hechos más que probados y sellados con fuego y lacre en nuestra Historia. Basta con repasar la constante y falaz reescritura de la historia y la cultura en general llevada a cabo por los incansables y contumaces separatistas catalanes; como todos sabemos, están anclados en la fase de atribuir todo lo bueno alcanzado o elaborado en el solar español solo y exclusivamente a Cataluña y/o a los catalanes por cuna, influencia o descendencia.

Aparte de lo dicho, no pocas regiones españolas andan a la greña tratando de disputarse el primer puesto en la cota del grado de exageración. Muchos sostienen que los más exagerados son los andaluces, quienes con su salsa y gracejo explican las cosas a su modo, aunque siempre agrandándolas y barriendo para adentro. Otros, sin embargo, sostienen que los verdaderos exagerados son los vascos; personas incansables en todo esfuerzo y capacidad física o humana y hasta, incluso, en el comer. Los maños, no quieren quedarse atrás en estas lides y a pesar de terminar muchos de sus vocablos en “ico, o en ica”, su uso no es despectivo ni diminutivo, sino gracioso, cariñoso y bien apropiado para resaltar algo. En fin, que todos tenemos lo nuestro, aunque unos más que otros.

En aquello de inventarnos cosas hemos ido ampliando el margen o radio de acción. Ya no nos contentamos con hacerlo sobre descubrimientos, adelantos, progresos laborales, sociales, políticos o militares en su caso. Últimamente, ya hasta lo hacemos en el desarrollo y cumplimiento del aspecto legislativo internacional. Parece que nadie haya hecho nada hasta ahora cuando algo -por peculiar que sea- se nos ocurre a nosotros; que la Comunidad Internacional o la UE pasa el tiempo discutiendo sobre el sexo de los ángeles y sin darse cuenta de la realidad de las cosas, los problemas reales así como de las amenazas y necesidades propias y ajenas. Solo nosotros con nuestras actitudes, por cierto, poco o nada reflexivas en la mayoría de los casos, somos capaces de ver y "con mentes preclaras" aquello que es urgente y muy necesario arreglar o legislar, aunque ya estuviera legislado.

Viene al caso este largo prolegómeno para centrarnos en el tema de la inmigración hacia Europa. A pesar de ser muy viejo y nada nuevo problema mundial, de grandes y graves repercusiones políticas, económicas, sociales y de relación internacional; la drástica, nada consensuada y muy peligrosa decisión del recién estrenado gobierno de España de asilar a más de seiscientos migrantes recogidos de la mar por un barco de una ONG en las cercanías de la costa de Libia, ha hecho que todos en España -hasta los municipios y regiones gobernados por la oposición-  por simpatía y con acalorada urgencia nos pongamos en marcha y apostemos por acoger a la mayor cantidad de ellos.

Muchos, incluso sesudos y supuestamente preparados periodistas y tertulianos de diverso pelaje y tendencia, han puesto el grito en el cielo porque, según su falaz opinión, no existe una verdadera reglamentación colectiva, ni ninguna medida adoptada eficazmente por la UE para tratar de campear el problema y buscar una solución al mismo. Los ha habido que aplauden acaloradamente este gesto "humanitario" por entender que de él dependerá que Europa se ponga definitivamente en marcha. Cuan errados están. Si bien es cierto que este tema se debatirá en la Eurocámara, lo será del 2 al 5 de julio y no para aplaudir la "hazaña" española sino como consecuencia de la falta italiana al cumplimiento de una directiva europea de 2002 que regula las ayudas a la entrada, la circulación y la estancia de los que lo hacen de forma irregular.

No, una vez más acabamos de reinventar la pólvora; todo se nos presenta con pretensión de aparentar, que solo la espontánea, arriesgada y muy mediática decisión del actual gobierno de España será la solución definitiva a un problema y a la subsiguiente lacra de la que no sabemos o, voluntariamente, pretendemos obviar. Lacra, que lleva preocupando, absorbiendo y dirigiendo no pocos y muy grandes esfuerzos económicos, legislativos, militares, policiales y de relación entre los estados miembros de la UE y sobre los lugares de origen y de tránsito de estas pobres gentes.

Ahora nos damos cuenta de lo que sufren estas personas obligadas a subirse en esos botes a la deriva tras haber sufrido las consecuencias y persecuciones de tremendas guerras o, simplemente, por causas puramente económicas o familiares. Personas que se han visto en la necesidad de vagar peregrinado durante meses por parajes inhóspitos o desérticos y, en la mayoría de los caos, pagar enormes sumas en dinero en efectivo o mediante una larga hipoteca de sus propias carnes en busca de un nuevo horizonte.

Pero esto, por desgracia, no es nada nuevo. No recordamos los millones de personas que, desde hace muchos años y sin solución de continuidad -tras un conflicto como los muchos en los Balcanes o por problemas personales y económicos y, últimamente, tras el estallido de las llamadas primaveras árabes, el nacimiento y expansión del terror por el autoproclamado Estado  Islámico y los conflictos bélicos en Oriente Medio y el Norte de África- han pasado por dichos trances y se han lanzado a aventuras de muy diversa índole y calado -arriesgando en muchos casos sus propias vidas con la muerte-. Año tras año, han llegado y continúan llegando a Europa por diversas rutas y utilizando variopintos botes y medios de navegación a través del Mediterráneo, saltando a pie desde Marruecos por Ceuta y Melilla o cruzando por Grecia desde Turquía.

No sabemos ni queremos saber que su número sigue en aumento. Que, dependiendo de la atención, facilidades o las trabas propiciadas en su caso por los estados implicados; sus rutas – muy bien estudiadas y planificadas por las mafias locales e internacionales- varían de unas cotas a otras. Que diariamente llegan a nuestras costas o fronteras físicas centenas de migrantes que ya no respetan las dificultadas plantadas para ello -puestas ahora en tela de juicio por el flamante y humanitario gobierno y que seguro nos dará mucho que hablar- y ni siquiera, el temporal y la mala mar para lanzarse de forma desesperada en manos de ellas y sus graves consecuencias. 

En estos días se ha publicado que diversas organizaciones religiosas o laicas y organismos oficiales españoles que se dedican a la acogida de inmigrantes han declarado que, aparte del colapso y masificación de y en los Centros de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) de Ceuta y Melilla, al igual que en los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE) del resto de España, el sistema oficial y particular está sobresaturado, que hay ya más de mil personas en lista de espera y que la propia Junta de Andalucía anunció que la pasada semana llegaron a sus costas más de quinientas personas pero, al ser un hecho habitual,  no se les ha dado ningún reflejo en los medios.

Nuestra tendencia a la exageración y al llamado postureo hace que por exceso o sobreactuación convirtamos, según los casos, a un grupo o a otro de estos desgraciados en ciudadanos de primera con todos los parabienes, atenciones y derechos o en meros parias a ser repatriados de forma inmisericorde a las pocas horas o días de pisar suelo español. Este grupo recogido en el Aquarius – por cierto, un barco perteneciente a una ONG francesa- ha servido de gran “mascletá” para bombo, platillo, brillo y esplendor de un gobierno basado en la más ridícula de las minorías; que ha asaltado el poder, sin programa ni gobierno alternativo limpio y libre de toda mácula, como ya hemos  podido comprobar a los seis días de su espectacular y muy mediático estreno; que sin una aparente clara guía y falto de toda  previsión, al menos de momento, solo trata sobrevivir a base de gestos espectaculares.

Para la escenificación de este acto pirotécnico se ha elegido, como no podía ser menos, Valencia. La cuidad española que no era la más cercana al lugar del suceso; pero sí la más preparada para este tipo de fuegos de artificio y cuyo ayuntamiento y gobierno regional, con sede en la misma, están faltos de actos espectaculares que hagan olvidar los malos tragos que ambos atraviesan y, viertan un poco de arena sobre la corrupción y mala praxis que les atormenta y reconcome. Como falleros y falleras invitadas de honor, estaba previsto que iban a acudir hasta seis ministros del gobierno de España e incluso hasta el mismo presidente. Menos mal, que el paso de los días y alguna voz de las pocas con cordura y acceso al presidente, le han hecho entender que bajara el nivel del festejo. En cualquier caso, y aún por ver, se augura todo un espectáculo. 

Otra de nuestras singulares características es la de llegar tarde y mal a muchos puntos y conclusiones. No solemos fijarnos en lo que ocurre a más de dos palmos de nuestras narices; por ello y en este tema, yo pediría un poco más de precaución para no dejarnos llevar por las euforias, deslumbramientos o diversas exaltaciones de tipo sentimental, buenista, primaria o partidista. 

Gran parte de nuestras decisiones internacionales, sobre todo las tomadas por los últimos gobiernos socialistas suelen levantar cierto tipo de ampollas y grandes inconvenientes. Tenemos el acierto y nefasto privilegio de cabrear a nuestros amigos y aliados por actos no muy meditados, excesivamente precipitados o lo que es peor, por iniciativas personalistas de nuestros presidentes [1]. Levantar tales cabreos o tensiones no es cuestión de días y los rencores sembrados por ellas suelen perdurar en la memoria de los implicados.  

En esta ocasión, además de ciertos desplantes emitidos a bombo y platillo -que a buen seguro ya nos los cobrarán en su día- la decisión unilateral española ha supuesto, de momento, la movilización no prevista de dos barcos italianos y en trasiego de los migrantes entre ellos para poder asegurarles su llegada a Valencia de forma escalonada y en buenas condiciones de higiene y seguridad en medio de larga y dura travesía por la mala mar reinante estos días. 

En otro nivel, un tanto más peligroso, cabría resaltar las crisis de relación despertada como consecuencia de este "gesto" de forma bilateral; una de mayor intensidad entre Italia y Francia y otra de menor entre Italia, Francia y España. El primer desencuentro citado ha sido causa y motivo de cruces de gruesas declaraciones por parte de las autoridades francesas e italianas y la anulación de encuentros en la cumbre y ya anunciados previamente. Se precisarán grandes y no pocos esfuerzos extraordinarios para evitar males mayores y que la bola decrezca. Veremos cuales serán las consecuencias reales de estos retos, encuentros y desencuentros forzados por un agente externo; España, quien, de momento también se ha llevado su parte del pastel de las acusaciones y reprimendas italianas.

Cabe analizar, por su importancia y procedencia las recientes declaraciones de un sesudo militar que ha dedicado muchos años a la seguridad, la estrategia y a los análisis de peso y que. por cierto, acaba de ser nombrado Director de Seguridad Nacional. En sus declaraciones a los pocos días de conocerse la intención del gobierno de España - y sin haber sido nombrado para su nuevo puesto - afirmaba, según publicaba OK diario el día, lo siguiente: " la acogida de los inmigrantes es un gesto que supone riesgos para España..... Si abres el portillo por ahí te van a venir todos". No sé si, tras ocupar su cargo, mantendrá sus afirmaciones. Puede que Sánchez no las conociese.

El tema de la no bien controlada inmigración y sus malas consecuencias sociales, económicas y de relación cuando ha sido realizada de forma masiva, indiscriminada o pisoteando los derechos de las gentes locales tanto o más necesitadas que los que intentan llegar y que, en muchos casos, incluso se ven obligadas a emigrar, ha sido causa de caída o puesta en situación de precaria inestabilidad a no pocos imperios a lo largo de la Historia y, más recientemente, de gobiernos contemporáneos como consecuencia de nuevos giros o modismos y, fundamentalmente, por el surgimiento de movimientos xenófobos de ultra derecha e izquierda que tan mal están dirigiendo el futuro inmediato en países tanto o más potentes y estables que nosotros. 

Para darnos cuenta de lo dicho, aparte de los patentes, crónicos y patéticos problemas dentro de la propia Unión por este tema, basta con fijarnos en las múltiples dificultades ya arrastradas durante mucho tiempo o actuales en muchos países, de los que cabría resaltar: Alemania (en plena crisis de gobierno actual por dicho tema), Reino Unido (una de las principales razones del triunfo del Brexit), Italia (el triunfo de los populistas de izquierdas y derechas, que actualmente copan el gobierno), Grecia (sin comentarios), Malta, Austria (los extremistas de derechas casi toman el poder), R. Checa, Eslovenia, Rumania, Hungría, Polonia (todos ellos en manos de xenófobas y bastante antieuropeos), EEUU (Trump, su triunfo y las luchas con sus vecinos del sur), Canadá (entre la espada y la pared) y la mayor parte de los países del centro y el norte de Europa. (cada uno con temas de diversa índole que dan paso a diversos tipos de populismos y extremismos). 

Puede que no sea este el caso, pero, los verdaderos y ocultos intereses en las agendas de algunas Organizaciones Internacionales y ONGs implicados en tareas de tipo "humanitario" no siempre son perfectamente claros y nítidos. A lo largo de mi larga vida profesional y, en razón de algunos de mis destinos, he tenido contacto estrecho con muchas de ellas y las personas que las manejan. Sinceramente, puedo asegurar que no en pocas ocasiones apareció algún claro-oscuro.

Me atrevo a decir, sin temor a equivocarme, que la inmigración puede ser la causa de grandes problemas para continuar con la buena gobernanza en muchos de sus países de nuestro entorno cercano o más lejano, la fractura definitiva de la UE o, al menos, de la eficacia y bienestar que proporciona el espacio Schengen y hasta, en un segundo término, el posible origen de grandes conflictos internacionales de mayor envergadura.  

Llevo años escribiendo varios trabajos sobre este tema y si alguien tiene interés en saber todo lo bueno y lo malo que se ha hecho al respecto, tanto en el solar europeo como particularmente en España y por no extenderme más en este trabajo, solo precisa visitar mi blog en el que los tengo colgados [2].           

[1] Baste recordar algunos de los nefastos episodios de Zapatero no levantándose ante el paso de la Bandera de EEUU, salir por la gatera, sin aviso ni coordinación de la misión en Iraq dejando en peligro el flanco que cubrían nuestras fuerzas e intentar menospreciar las economías y sistemas bancarios de los socios de Europa y EEUU cuando. en realidad, éramos nosotros los que estábamos al borde de la quiebra. Este gesto personal y unilateral de Sánchez poniendo en evidencia al resto de miembros de la UE y saltándose la legislación y acuerdos vigentes en la Unión sobre el tema, puede que pronto reciba respuestas de malestar por todos o algún miembro.

[2] https://sites.google.com/site/articulosfjavierblasco/home