F. Javier Blasco

Todo aquel que haya leído algo por mi publicado sabe que soy un acérrimo defensor y practicante del Pensamiento Crítico.  Lo soy por entender que es una herramienta que nos lleva o coadyuva a discernir con mayor y mejor claridad lo que verdaderamente encierra (propósito e intención) cualquier mensaje que nos llega a través de los diferentes sentidos.

Como consecuencia de lo anterior, además de ponerlo en práctica en todos mis análisis, he editado varios trabajos sobre el tema y me gusta compartirlo en las conferencias que doy sobre él mismo y por su gran aplicación a facetas y cualidades como la Estrategia, el Liderazgo y en los procesos de Toma de Decisiones.

De todos aquellos trabajos publicados, y para no ser repetitivo, solo quisiera resaltar un escueto trabajo sobre el método que publique hace ya casi cuatro años en la revista del Centro de Estudios Financieros (CEF) y que adjunto como nota al pie [1]. Mi intención al escribirlo en aquellas fechas era dar unas pequeñas pinceladas, a modo de introducción, sobre el proceso que encierra el concepto y cómo orientar su aplicación.

Transcurrido este tiempo, que parece poco, las cosas han evolucionado mucho y muy rápido en aspectos de la comunicación y en la elaboración, obtención y alcance de la opinión pública y publicada. Nuevos-viejos factores o herramientas muy dañinos y hasta letales aparecen en la influencia sobre estos campos y toman hoy mucha más transcendencia de la que se le podía otorgar en aquellos momentos.

Herramientas como la posverdad, la desinformación, la difusión de noticias falsas, la inteligencia artificial, la influencia de las redes sociales y los ataques malintencionados sobre las mismas han ido adquiriendo un enorme valor; tanto, que ya no hay duda de que algunos o una combinación de todos o varios de ellos han sido capaces de influir en muchos aspectos de nuestras vidas: los complejos resultados finales en difíciles procesos electorales, el ensalzamiento de determinados populismos o fascismos, inimaginables victorias de ciertos separatismos o movimientos independentistas o la justificación de las campañas bélicas o movimientos terroristas de tipo yihadista.

Hasta las costumbres y hábitos sociales, morales y religiosos arraigados y anclados en nuestras veteranas sociedades, no solo han cambiado su prolongada tendencia al conservadurismo, sino que han dado un giro copernicano de tal calado que ya nada tiene el respeto o da el valor o peso que se le otorgaba e, incluso, ahora somos totalmente contrarios a muchos de ellos.

Todos los colectivos sociales, religiosos, políticos e incluso laborales se ven fustigados por estos cambios; hasta la conquistada paz y relativa tranquilidad de nuestros mayores a la hora de su retiro está en tela de juicio.

Todos contra todos interna y externamente parece ser el lema que impera en la mayoría de los continentes del globo terráqueo. Nadie está contento con lo que tiene, con su vecino, su presente y mucho menos con su futuro; tampoco, con el medio o ambiente en el que vive y con la necesidad de mantener el statu quo que le ha costado muchos años, esfuerzos y sacrificios haber alcanzado.

Ya nadie se extraña de las masivas protestas por cualquier cosa o causa, de la proliferación de maravillosas ofertas de mejora y prosperidad social y económica, aún a sabiendas que estas son totalmente inalcanzables sin grandes sacrificios o graves multiplicaciones de los impuestos. Parece, que sembrar el descontento globalizado es la única vía de llegar y llevar a las masas incontrolables y totalmente desarraigadas a la lucha contra el poder establecido en cualquier ambiente, aunque los razonamientos empleados para ello sean total o parcialmente falsos, inalcanzables y llenos de maldad por la frustración que el resultado final de esta numantina e inútil lucha les acarreará.

Incluso las demostraciones de odio y brutalidad individual y colectiva frente a encuentros deportivos ya no es cosa de unos pocos alocados forofos. Todo se generaliza, ampara y justifica; tanto, que ante tales eventos los culpables ya no son aquellos que los perpetran, sino las autoridades que deben velar porque estos no se lleven a cabo, aunque hubieran redoblado los esfuerzos para evitarlos.

La exaltación de temas delicados hasta cotas increíbles y rayanas con el revanchismo sobre el sexo, la igualdad entre ambos, el respeto a las tendencias sexuales personales o sobre la libertad religiosa son claros ejemplos de una auténtica doble vara de medir en la propia sociedad y, por desgracia, entre muchos de sus legisladores o dirigentes de los partidos políticos.

Doble vara, que igualmente aparece ante la diversa forma de graduar y dar publicidad e importancia a casos concretos de inmoralidad, corrupción individual o generalizada, según sea la persona o el partido político que se vea juzgado. Cobrando particular importancia en la justificación de algunos colectivos para saltarse la Ley por propia conveniencia y hacerlo además envueltos de palabrería y con el manoseo de conceptos coma la libertad de expresión y la propia democracia.

Las situaciones de protesta e incomprensión ante las inclemencias del tiempo meteorológico – grandes nevadas, importantes lluvias, desbordamientos de ríos, avalanchas, cierres de aeropuertos o de vías de comunicación por mar, carretera o ferrocarril- por parte de los que las “sufren” son patentes e incluso, hasta patéticas, aunque “el sufridor” de tales consecuencias no haya tomado, de antemano, las mínimas precauciones personales para no verse implicado en ellas, o al menos, ser consciente de que algo de ello puede ocurrir ante tal importante cambio de la situación. Es como si en la época de las nuevas tecnologías y de la comunicación rápida y al alcance de todos y por muchos y variados medios, necesitáramos además de un servidor público detrás de cada uno de nosotros para advertirnos – como un Ángel de la guarda- de los riesgos que podemos correr en caso de intentar superar o meterse en tales dificultades.

En muchos países de nuestro entorno y sobre todo en España, vemos que los partidos políticos en la oposición arengan a sus masas a la cálida y creciente protesta contra los correspondientes gobiernos a los que les acusa de todo y no se les reconoce ningún acierto. Al mismo tiempo, lanzan ofertas inalcanzables dentro de la realidad o aprietan a aquellos hacia situaciones o recetas, ya conocidas que no fueron nada positivas y si muy perjudiciales en tiempos pasados. Todo sea por armar follón por cualquier motivo real o imaginario y dar con ello la mayor sensación de descontento; por ser el que más y más pronto ofrece “elocuentes y atractivas” soluciones y, al mismo tiempo, por robar en los caladeros de votos del contrario aún a costa de incumplir sus propios compromisos o pactos contraídos con anterioridad; saltándose toda línea roja que, con buen criterio y cierta visión de Estado, fuera establecida anteriormente por todos ellos.

Hoy en día, todo vale, aunque sea a base de grandes mentiras. Nadie hace nada para salir del atolladero, salvo torpedear las iniciativas de los gobernantes de cualquier signo, exaltar los problemas existentes y exigir a aquellos que, aunque estén en minoría, encuentren las necesarias soluciones a todos ellos y, a la misma vez. Que tristeza y que gran falacia.  Música que me suena repetitiva, no muy lejana en el tiempo y que tan graves perjuicios y penares nos trajo a todos los españoles. Ya se sabe aquello del hombre y su capacidad de tropezar varias veces en la misma piedra…

Los vaivenes en las cotizaciones de las bolsas y las fluctuaciones en las economías de los países y de las grandes empresas son cada vez más patentes y dañinas. Todo gira en torno a grandes bulos en la red, a movimientos ficticios realizados malintencionadamente por el hombre, e incluso ahora sabemos, que hasta por ciertas “máquinas infernales” que actúan en función de diversos parámetros matemáticos en sus impresionantes cerebros informáticos. Una vez se ponen en marcha sus órdenes de compra o venta, no hay quien las pare y miles de millones en todo el mundo se van por el sumidero o llegan a desaforados bolsillos sin límite de codicia.

La situación prebélica internacional o mundial en la que vivimos "sustenta su estabilidad” en un invento llamado Consejo de Seguridad de la ONU (CSNU) que es el organismo más indigno para llevar el término Seguridad en su denominación. Un farisaico mercado repleto de mercaderes que hacen su agosto jugando con la vida de millones de hombres, mujeres y niños sin la menor piedad y que se rasgan las vestiduras a diario en actos de verdadera hipocresía frente a su contrario; a la par que, en su trastienda, se fraguan acuerdos de ventas o autorizaciones para la proliferación, venta o trapicheo de todo tipo de armas incluidas las de destrucción masiva para dar pábulo y cobijo a todo tipo de confrontaciones bélicas aunque oficialmente se deploren o descalifiquen. 

Ya sabemos, aunque ha costado muchos años de sufrimiento y bastantes predicas en el desierto,  que ni siquiera son fiables algunas de las Organizaciones Internacionales (OIs) dependientes de la ONU, parte de sus fuerzas asignadas ni ciertas e importantes ONGs que oficialmente solo deberían dedicarse a labores humanitarias y que en realidad albergan ciertos tipos de corrupción y que a lo largo de los años se han constituido en grandes empresas ya que entre sus macro datos figuran los siguientes: anualmente “manejan o trabajan” con 250 millones de personas y tienen unos 2 millones de empleados. Gastan más de 30.000 millones de $ al año. Sólo los ciudadanos americanos contribuyen con unos 15.000 millones de $ anuales y la UE con 2.100 millones de €. Manejan y dominan las redes sociales y los medios gastando miles de millones de $ en propaganda con dichos fines.

Las especulaciones políticas y las corruptelas de los partidos políticos y de los servidores públicos, que utilizan en beneficio propio la situación de privilegio que la política les ha otorgado, es grave y muy generalizada. Diariamente saltan a la palestra noticias por las que primeros ministros, presidentes, ministros, partidos políticos y cualquier mindundi que se arrima a la política en el mundo, son capaces de llenarse los bolsillos y de corromper a todo el que les rodea en base a diversos conceptos, que muchas veces se envuelven en banderas nacionalistas o de partido.       

Los medios de comunicación y las tertulias de opinión juegan un papel muy importante en no combatir adecuadamente e incluso favorecer esta nueva forma de guerrear y lo malo es que ellos lo saben. No es de extrañar que, en el largo, patético, cansino y fuera de toda lógica proceso de nombramiento de un nuevo Gobierno en Cataluña, lo único que importa es el futuro control de dichos medios en la región, el resto, salvo algún "patético y simbólico cargo", no importa.

Un número significativo de los propietarios y directores de dichos medios y muchos de los profesionales que trabajan para ellos, han perdido su decencia profesional y, a sabiendas de sus graves faltas no dudan en ensalzar mentiras, medias verdades o insistir en teorías prefabricadas, aun conociendo que sus posverdades son totalmente dañinas y nada profesionales.

Llegado a este punto, nos podemos preguntar, ¿por qué se ha llegado al mismo? ¿Qué ocurre para que hoy nadie esté contento con nada? La explicación, aunque compleja pasa por la falta del verdadero análisis de lo que nos llega. Tomamos al pie de la letra todo lo que se nos dice, leemos o vemos en los más que amañados y claramente tendentes telediarios.

Hoy, es más fácil cambiar un concepto o creencia de toda la vida que tratar de entender lo que realmente ocurre y luchar por defenderlo. Hay mucha desinformación, una gran falta de formación y sobre todo una actitud tremendamente pasiva ante las ya mencionadas maléficas herramientas. Herramientas, que unos malvados y bien entrenados agitadores no dudan en emplear y difundir sus resultados con el beneplácito, o al menos, grata complacencia o silencio de los medios; quienes, a su vez, nos las trasladan sin profundizar ni analizar lo más mínimo.

La carrera por llegar a ser el primero en lanzar cualquier noticia, sobre todo en los medios movidos por Internet y el nulo control de las redes sociales hace que todo nos llegue en pocos instantes, se magnifique y relance aumentado y con total impunidad. Decir hoy en día, que una noticia se haya visto plasmada en Internet, es darle la misma categoría a lo que antes ocurría cuando se mencionaba como referencia a un periódico de prestigio internacional o un sesudo trabajo de un investigador de peso. Periódicos, que por cierto y dicho sea de de paso, han perdido todo o gran parte de dicho prestigio, ya que, debido a las exigencias de los cambios en los hábitos del lector, se deben adaptar a los nuevos tiempos y que, a consecuencia de la pérdida de lectores en papel, deben acoger en sus páginas todo tipo de propaganda remunerada, sin rebuscar en su procedencia, seriedad y realidad. Propaganda que, en no pocos casos, no es más que el canon o tributo a pagar para incluir, cuando se precise, determinadas falacias o falsas noticias entre sus páginas de opinión o en las cabeceras de los titulares.

El Pensamiento Crítico y su aplicación es una herramienta que puede paliar la mayor parte de los errores en los que hoy estamos incurriendo de forma reiterada y mayoritaria. Es un método que debe ser difundido y practicado en la enseñanza y formación cultural desde sus primeros pasos. Continuar en la enseñanza superior y en la universidad y no dejar de practicarlo tanto en el ambiente laboral como el individual. Los países angloamericanos así lo entendieron hace tiempo y por ello, sus problemas, aunque sean muchos y algunos muy graves, son algo menores que los del resto y allí no es tan fácil engañar a grandes masas salvo en situaciones mesiánicas o de salva patrias, aunque vemos que pronto reculan de sus apoyos o impulsos iniciales.

Es por ello, por lo que estoy plenamente convencido de que este método, espíritu, estilo de vida, forma de interpretar los hechos, noticias y situaciones y de pensar para actuar con el menor riesgo de equivocarnos en todos los actos de nuestra vida; así como, de aprender a discernir con claridad y poder encontrar con mayor facilidad el camino de la verdad y de la deducción positiva ha cobrado hoy por hoy un mayor protagonismo que antaño, ya que es una herramienta muy eficaz, quizá la mayor, para combatir aquellas nuevas-viejas amenazas que han tomado un gran impulso en los años recientes y que constantemente nos acosan por todos los flancos y en muchas de las más importantes facetas de la vida.              

[1] https://sites.google.com/site/articulosfjavierblasco/articulo-critical-t...