Pedro Canales

El delegado del Frente Polisario ante la ONU, Ahmed Bujari, murió de un cáncer esta semana en el hospital de Bilbao. Una enfermedad que arrastraba desde hacía años. Cuando llegó a Bilbao para tratarse con quimioterapia, ya no hubo esperanza; la fatídica dolencia se había extendido irremediablemente.

La noticia de su fallecimiento, dada por los representantes del Frente en España, ha sacudido profundamente los campamentos de refugiados saharauis en la localidad argelina de Tinduf. La dirección del Polisario ha decretado siete días de duelo.

La tristeza que genera su muerte ha despertado también en muchos la esperanza de que se traduzca en un detonante regenerador de las filas del movimiento independentista. Hace muy pocas semanas, el hermano de Ahmed Bujari, Hash Ahmed, que cómo el fallecido fue también delegado del Polisario en España, impulsó la creación de una Iniciativa Saharaui para el Cambio. Él y muchos otros cuadros del movimiento, conscientes del anquilosamiento del Frente, de la pérdida de su influencia en la arena internacional y de la desmoralización de las filas populares, pretenden regenerar el movimiento y volver a darle la ilusión de sus primeros años.

Conocí a Ahmed Bujari en Argel, cuando él y otros muchos estudiantes saharauis en Universidades españolas se unieron en un Frente liberador. Siempre fue un militante convencido, pero al mismo tiempo un intelectual, con amplia formación académica, gran lector y abnegado defensor de su pueblo. Bujari, como muchos de sus compañeros de entonces fueron, unos represaliados, otros marginados, otros optaron por irse a Marruecos, otros en fin fueron nombrados en el Exterior como delegados, embajadores o representantes de su causa con el fin de alejarlos de Tinduf, donde se libraba una lucha sin cuartel entre clanes opuestos, que perdura hasta hoy.

La Iniciativa Saharaui por el Cambio, con la que estoy convencido coincidía Ahmed Bujari en su intimidad, pretende pasar página, dejar atrás las luchas intestinas, y ofrecer a un pueblo que lleva soportando un exilio de más de 40 años, una salida honorable.