Javier Fernández Arribas

La sucesión de Angela Merkel como presidenta de la Unión Cristiano Demócrata alemana, primero; como canciller de Alemania, después; y cómo líder de la Unión Europea, en breve, acarrea el enorme riesgo de provocar un algo grado de inestabilidad política y de incertidumbre que afectará al crecimiento económico y a la creación de empleo. No solo en Alemania, sino en toda Europa.

El anuncio realizado por la propia Merkel tras dos malos resultados electorales en los Lander de Baviera y de Hesse puede valorarse como una decisión adecuada por la considerable pérdida de votos en ambas citas electorales, unida a la sufrida en las dos últimas elecciones generales, o una decisión un tanto precipitada si su sucesión no está mínimamente preparada con una persona, con un equipo sólido y solvente de cara al más inmediato presente y futuro. Sí parece que la planificación anunciada por Merkel responde a un plan responsable de retirada política gradual para tener tiempo de encontrar el nuevo líder que necesita el partido, en los próximos meses, y después disponer hasta el 2021, fecha del fin de su mandato como canciller para prepararlo como un buen candidato a la jefatura del Gobierno alemán.

Tres años de margen para preparar con precisión alemana a la persona que pueda revalidar en las urnas los triunfos de Merkel durante los últimos 16 años. No va a ser nada sencillo porque el desgaste político y electoral es bastante notable. Precisamente, una de las razones de Merkel para anunciar su adiós a la política ha sido la de parar ese desgaste y evitar que las luchas internas contra su figura, sus decisiones, su liderazgo y sus políticas, sobre todo en lo referente a la inmigración, provocaran más daño al partido, a las relaciones con sus socios socialcristianos de Baviera, tras la pérdida de la mayoría absoluta, y lo que es muy preocupante, alimentara el crecimiento de la extrema derecha encarnada en el partido Alternativa por Alemania.

Una incógnita, a tener muy en cuenta, es la supervivencia de la coalición de gobierno entre conservadores y socialdemócratas que han sufrido, más todavía, los últimos embates electorales con resultados catastróficos. La debilidad actual de Merkel y la coalición de Gobierno es evidente y representa un grave riesgo para la estabilidad de Alemania y para el proceso de reconstrucción de la Unión Europea, impulsada por el Brexit y amenazada por el ascenso de los populismos en demasiados países europeos.