Antonio Alonso Marcos. Prof. Universidad San Pablo-CEU, CEU Universities (Madrid)

Esta es una de esas historias que parece no tener fin. Para quien no esté familiarizado con el asunto, baste con decir que este es uno de los temas que más distorsiona las relaciones diplomáticas de los países europeos con Kazajstán. Mukhtar Ablyazov, un antiguo ministro de Nazarbayev, le traicionó, generó un agujero multimillonario en el banco que regentaba (el BTA) y huyó de su país, que además le acusa de organizar un atentado terrorista que fue –afortunadamente abortado—. Parafraseando a Cicerón, ¿hasta cuándo abusará Ablyazov de la paciencia de las autoridades?

¿Doble vara de medir en Europa?

Aunque la historia de Ablyazov viene de largo, el último episodio es que, una vez más, la justicia británica, más concretamente la High Court, una especie de Tribunal Supremo inglés, ha reafirmado la decisión de extraditarle a Kazajstán ya que se había demostrado fehacientemente que Mukhtar Ablyazov había robado durante varios años más 7.500 millones de dólares del banco de Kazajstán y que los había escondido en distintos países, principalmente en Europa y EE.UU. Así, Europa demuestra que es clara y tajante en la lucha contra el lavado de dinero, no usa sutilezas, pues sabe que una buena parte del dinero negro que circula por el mundo acaba financiando el terrorismo. Entre otras cosas, por eso se creó la Financial Action Task Force (FATF).

Hasta tres países – Kazajstán, Rusia y Ucrania— pidieron su extradición. Ablyazov huyó a Reino Unido, donde recibió asilo; sin embargo, al poco tiempo, ante la evidencia y gravedad de las acusaciones, se le fue retirado dicho status y huyó a Francia. Allí ha vivido bajo la espada de Damocles, esperando la resolución definitiva de las autoridades francesas; aunque al principio decidieron extraditarle, el Consejo de Estado (una especie de Tribunal de Garantías Constitucionales) le ha amparado y le ha concedido ese status de asilado político ¡siendo un criminal!.

En toda esta historia el más afectado sigue siendo el Banco BTA de Kazajstán y sus depositantes, que han tenido que sufrir esa pérdida multimillonaria. La investigación aclaró que el desfalco lo había realizado a través de empresas fantasma en Ucrania y Rusia usando testaferros, por lo que se le acusa también de liderar una banda de crimen organizado. Por ejemplo, el Director Gerente del Departamento Internacional –Timur Sabyrbayev— pedía créditos para grandes proyectos, inflando los precios, luego reducía los proyectos y se quedaban con la diferencia.

El decisivo papel del Reino Unido.

Al principio, los líderes europeos vieron en este caso una típica caza de brujas política. Cuando indagaron un poco más, vieron que el delito era real y que se le perseguía no por causas políticas. El tren de vida que llevan los oligarcas huidos no puede ser considerado de “pobres refugiados políticos que huyen con lo puesto”; Alexander Pavlov, por poner otro caso ligado a Ablyazov, fue detenido en la madrileña estación de Chamartín en diciembre de 2012 con casi 5.000 euros en el bolsillo y un pasaporte moldavo falso.

La decisión británica va abriendo cada vez más los ojos al resto de países europeos, pues no sólo le ha denegado el status de refugiado sino que congeló sus activos a través de la “Orden de riqueza de origen desconocido” (“unexplained wealth orders”). Dicha orden puso contar las cuerdas también a Viktor Khrapunov, ex alcalde de Almaty (la antigua capital kazaja), consuegro de Ablyazov y una de las cinco personas más ricas de Suiza. Además, el nombre de Ilyas, el hijo de Khrapunov que está casado con la hija de Ablyazov, aparece en la investigación estadounidense de la trama delictiva. Un tribunal de Florida afirmó que él era el principal intermediario en la compra de bienes raíces en Nueva York para las empresas fantasma de Ablyazov (más concretamente en la Torre Trump).

Volviendo a Reino Unido, el Tribunal Comercial de la Reina (una sala dentro de la High Court) prohibió a Ablyazov el uso de los bienes que activa o pasivamente estuvieran relacionados con él, incluidos los pertenecientes a Ilyas.

En Francia.

Al parecer Ablyazov está intentando lanzar, desde su retiro francés, una plataforma política kazaja, ofreciendo la nada desdeñable suma de 1.000 dólares a quien se adhiera. No parece que así deba hacerse política… salvo. Se trataría más de una operación político-comercial que de disidencia política strictu sensu.

Francia, como en los peores tiempos de la Guerra Fría, corre el riesgo de convertirse en santuario de terroristas y paraíso de criminales.

Precisamente, su punto débil es que cuanto más tiempo pase en Europa más fácil será sacar a la luz los sucios tejemanejes del magnate kazajo. Así, otro empresario kazajo, Muratkhan Tokmadi, fue detenido por la policía kazaja acusado de extorsión. En su declaración afirmó que en 2004 Mukhtar Ablyazov mandó asesinar al entonces Director del Banco BTA Yerzhan Tatishev, además de relatar cómo ayudó a Ablyazov a cobrar dinero de transacciones fraudulentas, meter el dinero en maletas y sacarlo del país a través de vuelos especiales. La propia viuda de Tatishev se vio obligada a venderle a Ablyazov su participación en el banco.

La revolución rosa en Kirguistán.

Para Ablyazov las personas no cuentan, son simples peones en su juego, simples piezas de su maquinaria para hacer dinero, montañas de dinero. Una prueba más se encuentra en el origen de la revolución rosa de Kirguistán en 2005.

Mientras Juan Pablo II languidecía en Roma, una revolución tomaba las calles de Kirguistán, la pequeña república centroasiática vecina de Kazajstán. Allí, un protegido de Ablyazov, Kurmambek Bakiyev, tomó el control de la situación echando del poder a Askar Akyev. Cinco años más tarde, él mismo seguiría ese camino, siendo expulsado del país por otra revuelta. Como en toda revolución, hay que pagar un precio de sangre y esta vez lo pagaron más de mil civiles muertos debido a enfrentamientos étnicos artificialmente alimentados. Y Ablyazov vovlió a sacar tajada: como el precio de las propiedades bajó, aprovechó para comprar una buena cantidad de terrenos en lugares turísticos.

Europa se da cuenta cada vez más nítidamente que no puede hospedar en su territorio a esta clase de criminales, delincuentes desde el punto de vista financiero y peligrosos desde el punto de vista de la seguridad. Una condena in absentia a 20 años de prisión en Kazajstán debería hacer recapacitar a Francia sobre la protección que está brindando a este criminal.