F. Javier Blasco

Ya han pasado once días desde los asesinos actos de terrorismo en Barcelona y Cambrils. En este periodo se ha escrito y hablado mucho sobre el tema, sus actores, ejecutores, actuaciones, reacciones, fallos policiales y grandes descoordinaciones. Tanto, que ya estamos un tanto hartos de seguir con el tema, y aunque apenados, nos empieza a hastiar darle demasiadas vueltas al mismo y tan manido asunto.

Empiezo a escribir estas letras -aunque sin prisas para no acalorarme y con la intención de que sea mi último trabajo sobre este tema- a los pocos minutos de terminar la concentración multitudinaria realizada en la calles y plazas de Barcelona en la tarde del sábado 26; en la que, como no podía ser de otra forma, además de SM El Rey y el presidente del Gobierno, han asistido numerosas autoridades, nacionales, regionales y locales acompañadas por el calor y adhesión de cientos de miles de ciudadanos y un puñado de malintencionados antisistema, separatistas y republicanos que iban a lo suyo, sin importarles para nada las víctimas –ya dieciséis- y la lucha contra el terrorismo. Con este acto, se deberían cerrar todas las demostraciones civiles y políticas con respecto a los sucesos. Ya veremos.

Ha sido una pena que un acto tan solemne y, en principio, popular y voluntario haya venido precedido de tanta agitación provocada por espurios intereses de unos políticos; quienes, sea cual sea la causa que lo provoque, solo ven en ello una oportunidad más para obtener réditos con los que llenar sus alforjas políticas o para agitar y contentar a sus engañados y acérrimos seguidores.

Pero, lo peor de todo, si me lo permiten, ha sido la ya mencionada acalorada y engañada participación de una agitada y espoleada parte de la gente que asistió a tal manifestación y concentración que, organizada estratégicamente por la Asamblea Nacional Catalana (ANC)[1] y la colaboración total y torticera del Ayuntamiento de Barcelona, trataron de mandar un mensaje independentista y contra España ayudados por la impagable colaboración de la TV3, la televisión oficial de Cataluña.

Si lo que "oficialmente" se pretendió era dar una clara imagen de unidad frente al terrorismo yihadista y un apoyo unánime a las víctimas, creo que no se consiguió en absoluto.  Si bien es cierto, que los resultados obtenidos por los que querían explotar el acto en su propio beneficio han sido menores de lo esperado e infinitésimamente menores de lo pretendido por ellos. Muchos catalanes se temían que iban ser empleados en tal mascarada y, por tanto, decidieron no asistir.

Según las interesadas cuentas de la Guardia Urbana de Barcelona, se calcula una asistencia de unas quinientas mil personas, incluidos todos aquellos que, no siendo catalanes, acudieron de forma oficial o voluntaria a dichos actos. Cifra nada significativa cuando, la propia ciudad reunió a más de un millón y medio de personas tras los atentados del 11M, y eso, que aquellos habían ocurrido en Madrid.

Debo admitir, que no me extraña el resultado de esta escasa capacidad de concentración ya que durante los días precedentes se había lanzado muchas soflamas, y todas ellas sonaban a falsas de toda falsedad. Se lanzaron con la intención de calentar el ambiente y trataron de torcer la mano y voluntad a SM el Rey y al Gobierno de la nación; quienes -a pesar de todo este montaje y de que gran parte de la prensa se había dedicado a exagerar las previsiones y follones e incluso algunos resaltaron la inconveniencia de su asistencia- ocuparon sus posiciones en el acto, con toda la dignidad posible y, sobre todo, con una gran entereza. Nuestros máximos representantes han cumplido perfectamente con todos sus derechos y obligaciones en este caso.

Las recurridas soflamas, a las que me refería anteriormente, se basan principalmente en tres hechos: en primer lugar, que este atentado es consecuencia directa de la foto de las Azores. Falacia empleada hace años con gran tino por el PSOE de Rubalcaba y Zapatero e IU tras los atentados de Madrid por la que, a pesar de la no intervención militar española en la ocupación de Iraq, supuso la inesperada caída de un gobierno, que aunque no iba ser presidido por Aznar, si llevaba su sello y continuidad.

La segunda, se basa en que sea precisamente el Rey el que, a nivel personal, trapichea con armas con Arabia Saudita –al parecer, el principal país responsable junto a Qatar y Kuwait -aunque de estos dos últimos nadie se acordó de mencionarlos- de cuidar, preparar, alimentar y alentar al autodenominado Estado Islámico-[2] y la expansión del islamismo wahabita.

Conviene recordar a este respecto -porque muchos lo desconocen u olvidan- que el Estado Islámico, si bien creció bastante a costa de los seguidores de Sadam Husein -ninguneados o perseguidos por el gobierno títere impuesto por EEUU en Iraq, y por gran parte de la oposición a Al Asad- es en realidad, una rama escindida de Al Qaeda; grupo terrorista que ya causó muchos miles de muertos en el mundo y especialmente en Nueva York con el fatídico 11-S antes de la esgrimida y manida foto de las Azores.  

Para desmontar la mentira de la venta de armamento, basta con pensar que nadie o muy pocos conocen ni se han tomado la molestia de consultar el informe oficial del Ministerio Economía, Industria y Competitividad titulado ESTADÍSTICAS ESPAÑOLAS DE EXPORTACIÓN DE MATERIAL DE DEFENSA, DE OTRO MATERIAL Y DE PRODUCTOS Y TECNOLOGÍAS DE DOBLE USO, DEL AÑO 2016 que en sus páginas 8 y 9 recoge las exportaciones a Arabia Saudí: “116,2 millones de euros en repuestos para aviones de reabastecimiento en vuelo, repuestos y reparables para aeronaves de transporte de fabricación española y para una aeronave de un programa de cooperación, granadas de mortero, munición de artillería, munición de calibre medio, equipos de detección e identificación de señales y equipos para un sistema de vigilancia perimetral. Todas las licencias relativas a munición fueron acompañadas de certificados de último destino con estrictas cláusulas de no reexportación o uso fuera del territorio del país” lo que además de su cualidad y cantidad supone tan solo el 2,9% del total de las exportaciones de armamentos desde España al resto del mundo, según el cuadro explicativo y cuantitativo reflejado en el mismo informe[3].

Por otro lado, aunque nuestras industrias empiezan a caracterizarse por sus mejoras o el inicio en la exportación, muchas de ellas entendieron hace tiempo que este era el único camino para su supervivencia y, tras grandes esfuerzos, empiezan a recoger sus frutos. La mayoría de ellas y sin distinción, incluso las catalanas, desde siempre han confiado y casi exigido a la Casa Real y al Gobierno que empleen sus viajes, vistas y amistades con sus iguales en el extranjero para intentar abrirles puertas de mercado. Cosa que, además, la Casa Real, con una importante clarividencia, ya había querido diferenciar y encuadrar en otro tipo de escenarios - a cargo de la Secretaría de Estado de Comercio y el ICEX- y no como comparsa directa del Rey[4].

Visitas que, como se sabe, ayudan y mucho a relanzar industrias nacionales que pasan por verdaderos apuros o porque quieren mejorar. Por ejemplo, tenemos una industria naval agonizante, que también fabrica buques de guerra y que precisamente es gracias a esas vistas a países de todo tipo y colorido político por lo que puede que saquen a flote su cabeza en los próximos años. ¿Habrá que prohibir también esas ventas? ¿Debemos cerrar los astilleros, si el mundo no solicita otro tipo de barcos fabricados en España?

¿Son los buques de guerra, los aviones de combate, de reconocimiento, trasporte y reabastecimiento en vuelo, las principales armas empleadas por los terroristas? Yo creo que no. Como todos sabemos, los terroristas, y sobre todo últimamente, emplean pocas o ningún arma de fuego, ni siquiera de segunda o tercera mano que, generalmente, son obtenidas en el mercado ilegal; solo, algunos explosivos caseros, otros simulados; vehículos a motor alquilados o robados que lanzan contra los pacíficos viandantes y armas blancas compradas en una ferretería del lugar, horas o minutos antes de emplearlas.

El tercer falaz argumento desestabilizador, empleado y difundido por el propio gobierno catalán, se basó en echarle la culpa al gobierno de la poca seguridad de los catalanes por haberse opuesto, días antes, a una sobredimensionada ampliación del número de mossos. Unas fuerzas de orden público y seguridad regional que ya cuentan con 16.873 efectivos[5] para una población de algo más de casi 7,5 millones de habitantes, cuyo salario es unos mil euros superior al de la Guardia Civil[6] y que quiso aumentar en 500 su número, saliéndose con ello de lo establecido en las leyes y acuerdos con el Estado sobre el incremento del número de funcionarios del Estado y las Comunidades autónomas.

A lo que hay que añadir, que tanto la Guardia Civil como la Policía Nacional mantienen importantes efectivos en Cataluña, debido a que no todas las competencias policiales han sido transferidas y cubren un sistema de apoyo permanente a los mossos.

Una ampliación, además, que, de haberse autorizado contra la Ley, no hubiera servido de nada, porque dicho incremento, no hubiera tenido tiempo aún de ser formado mínimamente e integrado en actos de servicio antes de estos atentados. Un argumento, barriobajero, miserable -por tratar de remover el sentimiento de los catalanes- y totalmente falaz que, más bien suena a excusa desaforada ante las más que crecientes críticas a la efectividad y operatividad de dicho cuerpo del que tanto presumen y al que se han apresurado a galardonar sin haberse cerrado las investigaciones, ni analizar los hechos, consecuencias y reacciones.

Ahora que la mayoría sabemos de lo que se habla en realidad, ¿Es esto suficiente para llenar las calles de Barcelona con semejantes carteles contra el Rey o el presidente del Gobierno? Yo creo que no. La ignorancia de las personas en general sobre la realidad de las cosas, la mala fe de los politicastros de baja estofa, la poca o nula preparación y capacidad de los periodistas que recogen y amplían todos los ecos que escuchan sin verificarlos o su propia maldad intencionada y dirigida al gran público son armas más que suficientes para tratar de desestabilizar a cualquier gobierno sobre el que se dirigen con tantos dardos envenenados.

Se ha hablado y mucho de constituir y representar un acto de Unidad; pero, yo no la he visto por ningún lado. Aparte de los ya mencionados miles de trabas y argumentos empleados los días previos para evitar la presencia de “extraños”, muchos de los políticos participantes en las inventadas y manidas segundas cabeceras, no estaban por la labor. Todos, sin excepción, se sentían incomodos y querían que aquello acabara cuanto antes. Para colmo y a modo de zona de amortiguamiento, a alguien se le ocurrió la feliz idea de poner entre ellos a jóvenes musulmanes (jóvenes de ambos sexos) ataviados, la mayoría, a su usanza de gala para que fueran ellos los que evitaran que los políticos tuvieran que volver su cara o, simplemente, conversaran.

Se dijo que la cabecera principal estaba reservada exclusivamente para los servicios de bomberos, emergencias, personal sanitario, comerciantes, personas de la calle y representantes de las fuerzas y cuerpos de seguridad tanto del Estado como regionales y locales. Además de lo mencionado en una previa nota la píe, quisiera resaltar el papelón de unos -muy pocos- policías nacionales y guardias civiles de base que, escorados en un lado de la pancarta, trataban de hacerse ver un poco, entre la aplastante mayoría de sus colegas regionales y locales. Muchos medios, la mayoría, ni les citaron.

El lema de la manifestación, surgido “espontáneamente” días antes y durante la primera concentración de dolor, era, aunque en catalán “No tengo miedo” Y yo me pregunto ¿A qué, no tienen miedo? Porque, la realidad es que las reacciones de pánico de las personas afectadas directamente y del personal circundante durante el atentado de las Ramblas eran, como no puede ser de otra forma, tremendas y llenas de terror.

He escrito y dicho muchas veces que sembrar el terror, el caos y el pánico en las personas y las autoridades es uno de los objetivos primordiales de este grupo terrorista y que, normalmente, lo consiguen salvo entre unos pocos héroes que reaccionan ante ellos de forma espontánea lo que, generalmente, les cuestan muy caras consecuencias. Como ya hemos visto en todos los últimos atentados, la mayoría de la gente presente o cercana acaba siendo presa de un tremendo miedo. En Barcelona, nadie trató de detener in situ al suicida conductor, ninguna persona valiente o no, le siguió y todos sabemos lo que ocurrió después de forma individual y colectiva por los efectos de dicho acto reflejo.

Miedo -o al menos, mucho respeto- que se comprobó incluso entre los propios mossos quienes, en dos ocasiones sucesivas, prefirieron abatir a bastante distancia a los terroristas en su presencia, antes que tratar de arrestarlos con vida; aunque, aparte de otras consideraciones de tipo legal, solo fuera para cumplimentar las investigaciones y conocer los orígenes e intenciones de la célula y sus posibles ramificaciones [7].

Además, el lema, de ser cierto, es en verdad un reto para dichos malnacidos; porque, con mucha probabilidad, tratarán de intentarlo de nuevo allí o en otras tierras más o menos cercanas para esgrimir por enésima vez en sus webs las correspondientes escenas de pánico; demostrando con ello, que sí se les teme y mucho.

Las manidas y exageradas declaraciones -durante años- de que España, gracias a nuestras fuerzas de policía y servicios de inteligencia, estaba libre de todo tipo de atentado han servido, en parte, de acicate para actuar y precisamente en un momento de zozobra política en la región y entre sus dirigentes con España.

Mantengo la teoría, muchas veces expuesta, de que la desestabilización de los gobiernos es otro de los objetivos prioritarios de los terroristas yihadistas. Baste recordar en que situación política estaban Francia, Reino Unido o Alemania cuando han sufrido los peores y recientes golpes terroristas. Estos atentados no han sido cosa del azar, como algunos irreflexivos y poco formados periodistas dicen, escriben y publican. Estas alimañas, lo tienen todo muy estudiado; serán asesinos, pero son inteligentes, lo analizan todo y saben cuándo y dónde deben actuar para hacer el mayor daño posible.

Otro de los graves errores, que ya he comentado en alguna otra ocasión, lo fue el momento en el que el mayor de los Mossos junto al consejero de Interior catalán, aseguró estar plenamente convencido de que, tras el atentado de las Ramblas, no se esperaba otro tipo de actos similares a corto plazo; bastaron unas pocas horas y ocurrió lo de Cambrils. Un error que, de haber sido en boca de un gobierno del PP, le hubiera costado manifestaciones, asedios a sus sedes y la caída del propio gobierno; pero, allí en Cataluña y por quien fue dicho, no ha supuesto ningún tipo de desgaste político o reproche, salvo honrosas y poco enérgicas excepciones, por parte de algunos medios.

Igualmente, y en el mismo sentido, hay que sopesar el grave error de no tomar en consideración lo ocurrido la noche anterior al día de autos en Alcanar. Se jugó con la vida de los ciudadanos al no hacer saltar las alarmas, restarle importancia, ridiculizar a la jueza de guardia y ni siquiera permitir que la guardia civil, presente en los hechos, metiera sus más acostumbradas y expertas narices en los mismos. Tampoco hay reproches al respecto; al contrario, todo son complacencias, justificaciones y, como ya he dicho, hasta apresurados galardones de la máxima importancia.

Hace mucho tiempo que la policía belga alertó y requirió información a los mossos sobre el famoso imán, padre y organizador de la célula; la pregunta se solventó con un capotazo desde las máximas autoridades antiterroristas de dicho cuerpo. Tampoco pasa nada por esto, aunque, en ningún momento se le dio importancia, ni se siguieron los pasaos del correspondiente protocolo.

De todo lo anterior y por las denuncias de los principales sindicatos de la policía nacional y guardia civil se desprende y sabe que, en su opinión, no hubo coordinación policial tal y como nos la pintan todos los políticos responsables. Los unos y los otros, no cesan de desmentir tan graves afirmaciones. Pero, la situación ha llegado a tal extremo o alarma, que ha tenido que ser un juez de la Audiencia Nacional, el que tomara las riendas, para poner algo de orden y hacer cumplir la Ley que regula la cooperación antiterrorista entre los distintos estamentos de las fuerzas y cuerpos de seguridad en el territorio nacional. Vergonzoso punto, que ha tenido una trascendencia mínima y ante el que la ciudadanía no ha entrado en valorar ni en pedir explicaciones.

Ante todas estas barbaridades y errores, pienso que ha hecho muy bien hoy el ministro de Interior de España, en ser cauto en sus apreciaciones y declaraciones a lo largo de una extensa entrevista por parte de uno de los más avezados e incisivos periodistas radiofónicos; pero yo, no preciso ser tan “políticamente correcto”.  

Volviendo al punto de la manifestación y concentración del pasado sábado, debo denunciar que, según todas las declaraciones de los políticos asistentes al acto, dicho momento, además de ser una clara y patente demostración de unidad frente al terrorismo, fue un acto de libertad de expresión y de apoyo a las víctimas. Declaraciones que se caen por su propio peso por la estudiada y preparada algarada con la que fueron recibidos los máximos representantes del Estado y del Gobierno; la aparición de numerosas banderas independentistas colocadas estratégicamente cercanas a las principales autoridades; los graves insultos y abucheos a dichas personalidades y porque todo estaba organizado y calculado minuciosamente con anterioridad. Los propios lemas, pancartas y mensajes -realizados en imprentas y distribuidos a los asistentes por la ANC- no dejaron espacio a otro tipo de lemas, pancartas y soflamas particulares y espontáneas. Hasta el color y la distribución de las flores entre los asistentes tenía su significado, no las portaron ellos de forma espontánea.

Con respecto a la tan manida “libertad de expresión” [8] debo denunciar que solo fue para los que interesaba. Se ha sabido y visto en alguna cadena televisiva que un pequeño grupo de personas, a los que pronto se les tachó de ultra derechistas, fueron increpados por los separatistas porque aquellos infelices portaban banderas nacionales y una pancarta en la que se agradecía al Rey su asistencia al acto. Los mossos, siempre dispuestos a mantener el orden y a hacer cumplir la Ley, pronto les rodearon para “protegerles” y, al parecer, les “invitaron” a que abandonaran la concentración para “evitar” males mayores.

Yo no soy partidario de nada ni de nadie que se acerque a un estilo o demostración ultra, me da grima; pero ¿A esto se le llama libertad de expresión? Otra vez, digo que no; porque, por el contrario, sí se permitieron manifestaciones, voceríos, pancartas y banderas ultras de signo contrario que no están aprobadas ni admitidas por la Constitución y ninguna fuerza del orden, ni los mossos, hicieron nada por hacerles el mismo tipo de indicación o invitación.

Me parce muy bien que se trate de demostrar que todo islamista no es un terrorista, pero de ello a darle lugares de preferencia e incluso voz y micrófonos a sus representantes o familiares directos de los mismos terroristas, hay un trecho muy importante. Todos deberíamos saber que el islam, como todas las religiones, trae consigo una serie de valores, principios, exigencias, prevenciones e incluso castigos –cada una a su modo- contra el que no las practica debidamente, el apóstata o el que las persigue. Que el yihadismo salafista es una vertiente o deriva muy peligrosa del islam y que no todos los islamistas son o pertenecen a dicha rama. Pero, también sabemos que, según los últimos resultados e investigaciones recientes, los autores de actos de terrorismo yihadista están comenzando a florecer entre islamistas considerados como “normales” y que incluso eran, hasta hace bien poco, escasamente cumplidores de los mínimos preceptos de la religión islámica. Personas, que en pocos meses, inducidos o convencidos por ciertos “malvados” se transforman en tales villanos sin que sus familiares, entorno y amistades hagan nada para detectar cambios tan radicales y mucho menos, en denunciarlos al percibirlos, aunque sea mínimamente, tal y como algunos han declarado recientemente.

Tras los atentados, bastan unas lágrimas y ciertas declaraciones públicas de sus familiares para pasar por alto la obligación que tenían al respecto, para ser abrazados incluso por los familiares de las víctimas y darles voz en los actos públicos de repulsa. A cada uno lo suyo, porque en España siempre nos ocurre lo mismo, o no llegamos, o nos pasamos. Demostraciones de tanto amor, me conmueven, pero no me convencen del todo; al menos, por alguna de las partes.  Además, bien es cierto, que solo ocurre en el caso de estos criminales.

También hemos sabido, que a pesar de que la mayoría sabe, que es precisamente dentro de las mezquitas o en su entorno social o religioso donde se cuecen estos temas, no existe un censo de estos imanes, que dirigen sus oraciones y alcanzan dichos puestos con escasa o nula preparación por parte de las autoridades religiosas. Ya es hora de solucionar este grave problema.

Por último, quisiera dedicar unas líneas a tratar de advertir sobre un error de bulto, que nos envuelve y arrastra a todos; es el referente a la tantas veces usada y manida -y más estos días- palabra “Islamofobia”. Aunque todos sabemos que el sufijo fobia [9] viene del griego φοβία -phobía 'temor'; muchos, creo que, sin saberlo, la emplean en el sentido de la primera acepción del diccionario de la RAE como “Aversión [10] exagerada a alguien o a algo”. Pero debo decir que, en el espectro psiquiátrico y mucho más empleado y generalizado de la palabra, las fobias se conocen como “El temor angustioso e incontrolable ante ciertos actos, ideas, objetos o situaciones, que se sabe absurdo y se aproxima a la obsesión”. Por tanto, salvo que queramos usarla de forma casi exclusiva para este concepto y tratemos de ser mucho más concurrentes con los sentimientos que realmente queremos expresar, deberíamos emplear la palabra “Antiislamista” [11].

En cualquier caso, no soy nada partidario de atacar públicamente ninguna religión, aunque si de hacerlo contra los que, en nombre de cualquiera de ellas, se extralimitan en los preceptos y mandatos de estas y, máxime si se convierten en terroristas. Igualmente, debo decir, que nadie debería defender a ultranza una causa religiosa sin tener un pleno conocimiento de los principios, preceptos, valores y obligaciones que esta encierra. Fiarnos de las apariencias, palabras o carteles biensonantes o declaraciones interesadas no es el mejor camino para conocer de verdad un tema tan profundo.

Los que pensaron, planearon y adornaron este acto como una ofensa al resto de España y un ensayo de la próxima Diada a modo de prolegómeno al intento de referéndum a principios de octubre, han pinchado en hueso. Los catalanes dieron el sábado una prueba de su capacidad de entendimiento de las cosas y demostraron que no se dejan manejar por “valientes” trileros de la política nacional y regional que, constantemente tratan de embarrar el estado de las cosas y la mente de las personas; que solo trabajan para alcanzar sus sucios y perversos objetivos, salvar sus propias cabezas y llenar sus bolsillos. Me alegra haber comprobado que, tras tanto esfuerzo propagandístico, solo unos tres mil acérrimos seguidores separatistas y antisistema –aunque estratégica y certeramente desplegados-  hayan secundado las soflamas y los métodos de los incendiarios en un día y momento tan importante para todos, incluidos ellos mismos y que, ante tal perspectiva, la mayoría de los catalanes hayan preferido ver el tema en la televisión y no mezclarse con personas que no les representan.

Aunque en realidad, debo decir que es una verdadera pena que esto último suceda entre nosotros. Que por vernos oprimidos, acosados, no representados o vilipendiados tengamos que desistir de nuestros derechos y voluntades, dejarles hacer, callar ante sus marramachadas y no asistir a donde nos plazca o nos dicte la razón.

Así empezaron en otros lugares no tan lejanos ni hace tanto tiempo en los que movimientos e ideologías como el nazismo, el comunismo o el fascismo -que como todos los “ismos” forman sustantivos que suelen significar 'doctrina', 'sistema', 'escuela' o 'movimiento'[12] - llevaron a la muerte a millones de inocentes e indefensos y sembraron el odio y el terror en toda Europa. Tanto fue así, que incluso algunos, todavía no lo han superado; pero muchos, demasiados quizá, ya lo han olvidado y, por tanto, desconocen o no temen caer de nuevo en los errores mencionados.    

Tengo la sensación que en el exterior, al darse cuenta de los prolegómenos y las derivas provocadas por ciertas declaraciones incendiarias en medios de tirada mundial y los diversos calentamientos de última hora, también entendieron que su presencia en un acto tan relevante no era de lo más adecuado. Esto, explica en parte, que ningún alto dirigente de nuestro entorno físico ni político estuviera presente y solo algún Embajador, hiciera las preces y veces en su nombre. El saber que el acto iba a ser empleado como propaganda política propia, contraria al Gobierno y totalmente separatista es el principal antídoto para evitar ser identificado, aunque su presencia y apoyo tuviera otra intención totalmente diferente.

[1] Resulta cuanto menos sospechoso que el Ayuntamiento de Barcelona encargara a la ANC la organización y desarrollo del evento. La ANC es el órgano más separatista que pulula por Cataluña. Orquestó la famosa primera fila con la intención de introducir en ella a separatistas de fama reconocida por su apoyo a los terroristas de ETA portando carteles contra España, el Rey y el Gobierno; de tal modo y manera, que estos quedaron envueltos en una maraña de carteles y banderas separatistas, a pesar de que se recomendó que la gente no asistiera con ningún tipo de banderas.

[2] Parece ser que los catalanes separatistas y los de Podemos y compañía olvidan, que el propio Barcelona CF -que es más que un Club, representa unos grandes valores y es idolatrado por mucho separatistas- ha mantenido durante mucho tiempo un pingue mecenazgo de un país tan oscuro en este tema como Qatar. Que la mayoría de las grandes empresas catalanas y los organismos oficiales catalanes mantienen estrechas relaciones con todos ellos y hasta tienen abiertas oficinas y delegaciones en los mismos y que los mencionados partidos políticos mamaron en las ubres de Venezuela o siguen estando patrocinados en diversos aspectos por Irán, “otro país de santos y nada amante de la guerra sucia y el terrorismo de Estado”. Para colmo, hoy se ha publicado una amigable foto de Pablo Iglesias posando junto al embajador de Qatar, en un momento del acto.

[3]http://www.mineco.gob.es/stfls/mineco/prensa/ficheros/noticias/2017/1705...

[4] http://www.elmundo.es/espana/2017/07/12/596530af46163f94258b4609.html

[5] https://www.idescat.cat/pub/?id=aec&n=899&lang=es

[6] La Guardia Civil mantiene unos efectivos algo superiores a los 77.000 para toda España incluidos Cataluña, el País Vasco y Navarra (46 millones de habitantes).

[7] En el último atentado en Bélgica, posterior a los de Barcelona, los soldados que abatieron a su atacante directo, tuvieron que justificar haberlo hecho en defensa propia.

[8] Expresión empleada tanto por la propia Generalidad, el Ayuntamiento de Barcelona como los partidos políticos separatistas, republicanos y anti sistema, antes y después de la manifestación.

[9] http://dle.rae.es/srv/fetch?id=I8eNBy2

[10] Rechazo o repugnancia frente a alguien o algo. http://dle.rae.es/srv/fetch?id=4YtTXec

[11] http://www.fundeu.es/recomendacion/islamico-e-islamista-135/

[12] http://dle.rae.es/srv/search?m=30&w=-ismo