Antonio Sánchez-Gijón/CapitalMadrid.com

Pie de foto: Trump, Xi y Lavrov a Pyonyang, Abe a Florida, y Corea del Norte y del Sur a darse la mano

De la noche a la mañana el gam­be­rrete nu­clear del nor­deste de Asia se ha con­ver­tido en un po­sible buen par­tido para tres grandes po­ten­cias, Estados Unidos, China y Japón. Una cuarta, Rusia, queda ex­pec­tante por si en un arreglo que no le re­co­noce como pre­ten­diente, puede al menos re­ser­vár­sele silla de tes­tigo.

A la visita a Pyonyang, la semana pasada, del próximo secretario de Estado Mike Pompeo sucede la del primer ministro japonés, Shinzo Abe, para entrevistarse con el presidente Trump en su casa de Florida este 18 de abril. Japón siente que el anunciado encuentro del presidente norteamericano con el norcoreano, Kim Jon Il, afectará de alguna forma a la dependencia que en materia de seguridad mantiene a Tokio unido estrechamente con Washington.

En cuanto a que haya una silla reservada para Rusia, quedó confirmada cuando el pasado día 9 el ministro norcoreano de Exteriores, de visita en Moscú, invitó a su colega ruso, Sergei Lavrov, a visitar Pyonyang próximamente, con el fin de expandir los planes de cooperación bilateral, para que Putin se dé por enterado de lo que se planea en el entorno del Extremo Oriente ruso y para que siga apoyando al mismo régimen que la antigua Unión Soviética defendió al costo de una guerra en la península coreana en los años 50s del pasado siglo. Lavrov aceptó la invitación.

China se muestra expectante, y sólo ha querido dejar constancia de que sus tensas relaciones del pasado con el régimen norcoreano por su programa nuclear están hoy totalmente distendidas. Esta tendencia se concretará probablemente en una próxima visita del líder chino Xi Jinping a Pyonyang, tal como acaba de anunciar la cadena CNN. Aunque la portavoz del ministerio chino de Exteriores no la ha confirmado, sí enfatizó que “China y Corea del Norte tienen una tradición de visitas mutuas de alto nivel” y espera profundizar las relaciones estratégicas mutuas.

A China le va mucho en la vecina península, puesto que Corea del Sur, un aliado natural de Washington, es un competidor industrial importante de China, y una posible Corea unificada acabaría siendo un competidor aún más fuerte si la vibrante economía capitalista del sur se contagiase a la mitad norte de la Península.

De ahí la expectación con que en Pekín se espera el encuentro entre los líderes de Seúl y Pyongyang (Moon Jae-In y Kim), el próximo día 27, con el fin de lograr que el armisticio bajo el que vive la península dé paso a un tratado de paz entre los dos estados. Para ello, las dos Coreas necesitan el respaldo diplomático de todos los vecinos, y el legal de la antigua misión de la ONU en Corea, comandada desde la guerra por los Estados Unidos, y por los otros signatarios, Corea del Norte y China.

Las tres más grandes potencias industriales y tecnológicas del mundo, Estados Unidos, China y Japón, tienen en juego la primacía del orden comercial mundial, que de momento está asegurada para Estados Unidos con el apoyo de Japón, pero una Corea unida, tan desarrollada como hoy lo es la del Sur, podría dar la vuelta a la tortilla al orden económico, dependiendo del lado que caiga.

Rusia es el pariente pobre de la boda que se prepara. Aunque salvó a Corea del Norte de las ‘garras’ de Washington, y fue el principal socio comercial de Pyonyang durante la Guerra Fría, sus intercambios eran pequeños, debido al subdesarrollo de Corea del Norte y su falta de economía financiera. Moscú apoyó al régimen norteño con importantes créditos y suministro de materias primas, así como en la reconstrucción de sus fuerzas armadas. Hoy Rusia es considerada el país más amigo de Corea del Norte, y sin duda ello tiene que ver con la condonación hace unos años de una deuda equivalente a $11.000 millones contraída por corea del Norte durante el régimen soviético.

Rusia, sin embargo, tiene un interés económico especial con Corea del Norte y la suerte que le deparen los arreglos que se prevén. Aunque la frontera común entre Corea del Norte y Rusia solo tiene 17 km de longitud, los puertos de aquélla son un punto de acceso importante para el desarrollo de las regiones orientales de Rusia. Moscú está muy interesado en incrementar sus exportaciones de carbón, hidrocarburos y minerales a Corea del Norte, y en recibir trabajadores norcoreanos que le ayuden a desarrollar su extremo oriente, una inmensa región casi desierta, que Putin quiere poblar con rusos pero no lo consigue debido a la dureza de la vida en aquellas regiones.

Resumiendo, lo que durante casi setenta años ha sido una gigantesca contienda de naturaleza estratégica, podría convertirse, si todos los signos acaban apuntando en la misma dirección, en una inmensa lid de naturaleza económica, comercial y tecnológica que transformaría el mundo.